¡BIENVENIDOS AL BLOG DEL TALLER LITERARIO DESPERTARES!

Bienvenidos al blog del TALLER LITERARIO DESPERTARES de la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, Córdoba, República Argentina.

Este blog se inicia el 14 de junio de 2011 para publicar los trabajos de los participantes del taller, que funciona en la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso".

Ilustración de la cabecera: "El desván de la memoria" de José Manzanares, creador de sueños, artista plástico de Linares, Jaén, España.

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jueves, 17 de octubre de 2019

384. ALEJANDRÍA. Su Biblioteca - II parte


                                                         
                                                       

                                                              Ruinas de Alejandría

En 323 a. C. Alejandro Magno moría repentinamente dejando en el Oriente Medio un imperio extenso, pero sin consolidar. Los Generales que conformaban la hegemonía, se repartieron el territorio.
En 200 a. C. en Occidente, una disputa en el seno del reino Autocrático Romano, convertía a Italia en la nación de mayor poderío del Imperio. Su ejército invadía la provincia de Macedonia, que entonces pertenecía al reino Asiático de Oriente, usurpando el territorio, en abierto desafío a potencias que en Oriente había conquistado Alejandro Magno.
En 170 a. C. el ejército asirio del emperador Antíoco IV, intentando detener el avance romano, invadía y conquistaba Egipto, pero no conseguía doblegar a la culta ciudad helénica de Alejandría, que permanecía autónoma y enfrentaba a los árabes.
En Egipto, Antíoco IV, enfrentaría conflictos religiosos entre pueblos sojuzgados, que no cedían sus creencias. Hacía perseguir al judaísmo, pero para no ofender en demasía al mundo greco-romano, sellaba un acuerdo con el destituido faraón de Egipto, manteniéndolo en el trono, pero  sojuzgado a su gobierno. Sin embargo el faraón, al retirarse el invasor sirio a su reino, acordó nuevamente con Alejandría. Antíoco IV decidió entonces  volver a invadir el enclave y al  perderlo frente a Roma, se retiró abandonando el intento.
En 146 a. C. el ejército del Imperio Romano  conquistaba Anatolia y todo el Asia Menor. Los países del Oriente Próximo pasaron a ser provincias bajo el protectorado romano, con gobiernos soberanos.
A la Administración del gobierno de Alejandría, económicamente activa, le permitieron mantenerse autónoma del gobierno de Egipto, pero el comercio, en la ciudad, iba cayendo paulatinamente bajo la tutela de Roma y se deterioraba su economía.
Sin embargo, en el largo interregno del acontecer helénico que heredaría el Imperio de Occidente, obtendría de Grecia mucho más que un tesoro, su cultura, que al extenderse en sus dominios, en el tiempo cambiaría el pensamiento y la ciencia, de la sociedad europea y del mundo.
En 80 a. C. un motín en Roma contra el Imperio Único, erigiría Dictador Vitalicio a Julio Cesar, militar y político.  Con su ejército y en ejercicio de su autoridad, entraba en Egipto y privaba a las provincias de su autonomía de gobierno, al ponerlas bajo la soberanía de Roma.
En 51 a. C. los habitantes de la ciudad de Alejandría se resistían a la invasión  romana. Sin embargo, Roma, al contar con el apoyo de la comunidad judía,  lograba controlar la rebelión y ocupaba la ciudad.
En 45 a. C. la reina Cleopatra, litigaba el trono de Oriente con su medio hermano Ptolomeo XIII. Con el propósito de solicitar la intervención del Imperio para zanjar la situación, se dirigió a Roma y el entonces Rey Julio César, con quién mantuvo un romance del que nació un hijo, le otorgaba el reino de Egipto.
En 35 a. C. el trono de Roma se hallaba nuevamente en disputa cuando era asesinado el Rey Julio César. Octavio I se convertiría en el Primer Emperador de un nuevo reino, el Romano Unificado.
En 30 a. C. el trono romano aún no estaba consolidado. Marco Antonio, amante de Cleopatra, desde Egipto desafiaba al Emperador Octavio I. En la contienda, el ejército del Rey lo vencía. Marco Antonio se suicidaba y Cleopatra moría haciéndose picar por un áspid.
Las fuerzas del Imperio romano  iniciaban así un camino de conquistas. Entraba y sojuzgaba a la autónoma ciudad de Alejandría que continuaba siendo la sede del emporio de mayor influencia en la economía asiática, gracias a los ingresos que le dejaba el puerto. 
Roma la convertiría en un enclave más de una provincia romana, quitándole la preeminencia de ciudad más importante del país, al trasladar la capital al interior de Egipto.
Octavio I, para desalentar en Alejandría rebeliones internas y aislarla de Roma, y con ella aislar a todo el Oriente conquistado, dispuso que todo comerciante que llegaba de ultramar al puerto por negocios, a que en un local de Alejandría, cambiaran la moneda romana que traían por la moneda común que circulaba en Egipto. Estableció el lugar, como el único permitido para la transacción del dinero del país, en desmedro de las ciudades del interior. Todos los pueblos  perdían con las tasas de cambio. Situación que la expondría a la envidia de los sometidos.
Con un régimen jurídico y político propio, Alejandría independiente, seguía su camino, rivalizando culturalmente con Atenas.
El primer Banco de conversión de la moneda de la historia conocida, había nacido en Egipto.
OO Año bisagra en el mundo de Occidente.
En 25 d. C en Jerusalén, era crucificado el líder Jesús por proclamarse Rey de los judíos. De su martirio surgiría un culto, germen de enfrentamientos ecuménicos que agitarían los intereses de Roma, y rompería el acuerdo establecido con los judíos de Alejandría. 
En 37 d. C. las civilizaciones de la antigüedad,  rendían culto a dioses diferentes, según las creencias que en cada región se afianzaba, razón por la que, en Roma y en el Asia Menor, al introducirse el nuevo culto al judío Jesús, desencadenó una persecución religiosa que afectaría a sus adeptos. Tiberio, emperador que reverenciaba a los dioses antiguos, hacía expulsar a los judíos de Roma y perseguir en la ciudad a los conversos al cristianismo, que debieron buscar refugio en catacumbas para huir de la cacería.
En 61 d. C. en la antisemita Alejandría, llegaba Marcos, el primer apóstol que venía a predicar la fe cristiana.
En 68 d. C. en Roma, el emperador Nerón, auto-investido divino, mandaba martirizar a Marcos y lo hacía asesinar. Los cristianos eran perseguidos hasta la muerte. Preocupaba a Roma, la nueva creencia que se propagaba en el pueblo.
En 100 d. C. en Alejandría y en las costas del Nilo, no sucedía lo que en Occidente. Había cierta tolerancia hacia el nuevo culto a Jesús. Pero disensos graves dividían a judíos y árabes del norte de África y del Oriente Medio, a consecuencias del entredicho suscitado entre quienes creían que Jesús en su naturaleza era uno solo, divino y no humano, y los que consideraban al Hijo, de la misma sustancia pero inferior al Padre. Estos desencuentros recelaban al Imperio Romano y a la propia Alejandría, que rivalizaba con Roma.
En 115 d. C. los judíos de la ciudad de Alejandría,  en defensa de su culto, enfrentaban a la comunidad griega. La contienda provocó destrozos de importancia en gran parte de la ciudad. El ejército romano intervino restableciendo el orden y ordenando expropiar las posesiones de los judíos para reparar pérdidas, debiendo exiliarse el jefe de la rebelión.
Comenzaba, por la intolerancia religiosa, la destrucción del enclave alejandrino.
En 215 d. C. cien años después, era la comunidad griega de Alejandría la que intentaría rebelarse del poder de Roma. El ejército del Emperador Caracalla, luego de abortar la revuelta,  instigó a su tropa a la matanza de griegos y judíos, al tiempo que ordenaba un brutal saqueo a la ciudad, ejercido sin consideraciones.
En 275 d. C. poco tiempo después, Alejandría intentaría nuevamente liberarse de Roma. Las fuerzas del Emperador Aureliano al reprimir el motín, ordenaba destruir completamente el Museo y la Biblioteca, debiendo los sabios  griegos   refugiarse en el Templo del Dios Serapis. Según escritos que registra la historia, fue la contienda bélica que mayor destrucción provocó en el enclave madre de la cultura helénica: su Biblioteca.         
En 297 d. C. sin embargo Alejandría no aprendería de las lecciones perdidas al apoyar al invasor asirio Aquileo, autoproclamado Emperador, que enfrentando a Roma había ocupado Egipto. El ejército del romano Diocleciano lo vencería, y sólo después de ocho meses de asedio, lograba por fin entrar en Alejandría, que  se resistía a los romanos. La ciudad fue nuevamente  saqueada y destruidos millares de libros relacionados con la alquimia y las ciencias herméticas, ante el temor de que esos escritos, incentivaran el deseo de recuperar contenidos que modificarían la conducta de los ciudadanos.    
 En 312 D. C. la efervescencia religiosa en occidente, se iba extendiendo en las ciudades de los países aliados de Roma.
Con el fin de serenar disputas internas, el Emperador Teodosio I,  autorizaba y protegía el culto del cristianismo ortodoxo como una religión más, que se reverenciaba en el reino.
Las fronteras del extenso Imperio se hacían imposibles de proteger, y estaban amenazadas por fundos enemigos que intentaban recuperar sus posesiones.
El Imperio se volvía ingobernable y para su control Teodosio I lo dividió en dos. Entregó a su hijo Arcadio, la custodia del reino Romano de Occidente y a Honorio, su otro hijo, el Romano de Oriente. Este último enclave era el más amenazado, porque ejércitos bárbaros y avanzadas de Persia, con milenios transcurridos de presencia en el lugar, intentaban reconquistar los territorios perdidos.
En 325 d. C. un devastador terremoto sumergía en las aguas parte de la ciudad de Alejandría, incluyendo el Bruchión, enclave del Templo de Serapis, el Dios protector de la ciudad y de su Biblioteca menor.
Cataclismo que en las costas de Alejandría, hizo que una ola gigantesca, un tsunami, devastara grandes franjas costeras, al punto que embarcaciones fueron depositadas sobre los tejados de las casas, muy distantes de la orilla.
Los eruditos consideran que fue el evento que borró de la tierra las ruinas de la histórica Biblioteca de Alejandría.
En 380 d. C. el Emperador de Roma, Teodosio el Grande, declaraba al Cristianismo Ortodoxo que llegaba de Oriente, como la única religión legítima en todo el Imperio y ordenaba combatir al resto de los cultos.
Enviaba a Alejandría al Patriarca Ortodoxo Teófilo, con la orden de destruir los templos de los Ptolomeos, al considerarlos propulsores de culturas  paganas, y que se los demoliera hasta los cimientos.
Envió prefectos a Siria, Egipto y  Asia menor, con la orden de disolver todo apoyo a cultos paganos, al tiempo que prohibía en todo el reino, el sacrificio de sangre.
El profeta Teófilo mandaba destruir a la ya decadente ciudad de Delfos, al considerar a su Oráculo, propulsor del paganismo al tiempo que prohibía los juegos Olímpicos, en la convicción de que se realizaban como tributo a dioses paganos. 
El Emperador Teodosio el Grande, retiraba así el apoyo de Roma a los cultos tradicionales, venerados desde lo arcano de la historia.
Los Emperadores del imperio romano eran proclamados Dioses, en la cultura del Cristianismo Ortodoxo.
Pero en Oriente, el cismo por la  tercera persona del  divino Jesús, continuaba dividiendo religiones.
En 553 d. C. desde Roma, el emperador Constantino I, ante disidencias con Oriente por el poder religioso, establecía un nuevo culto oficial para Occidente, una nueva religión: la Católica Apostólica Romana.
En la discusión por la supremacía de ideas que sostenía con los sabios de Alejandría, por la naturaleza del mártir Jesús, declaraba herética a la religión ortodoxa de Oriente, y mandaba  combatir a quienes ya habían comenzado a erigir sus propias iglesias, separados del resto de los cristianos.
En 642 d. C. los musulmanes, después de conquistar Jerusalén, habían invadido Egipto en abierto desafío al poder de Roma, ganando la contienda y luego de catorce meses de asedio, lograba por fin entrar y doblegar a la ciudad de Alejandría, que seguía siendo una de las mayores metrópolis mediterráneas en el momento de la conquista musulmana.
Los árabes, para evitar que  sueños de reconquista permanecieran latentes en la mente de griegos ortodoxos, destruyeron por completo la ciudad y mandaron levantarla en otro sitio. Ordenaron la quema de millares de libros de la biblioteca primitiva que aún existían, perdiéndose así todo rastro de ella y terminando con casi mil años de pertenencia de Alejandría, al mundo greco-latino.
Después de más de novecientos años de lucha, los árabes habían recuperado el enclave oriental, perdido en manos de Alejandro Magno.
Para entonces, la famosa Biblioteca de Alejandría, ya había dejado de existir tal como había sido conocida, víctima de civilizaciones en pugna, de intransigencias religiosas y desastres naturales.
Alejandría ciudad, perdería su importancia, oscurecida por Constantinopla, hoy Estambul.



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