¡BIENVENIDOS AL BLOG DEL TALLER LITERARIO DESPERTARES!

Bienvenidos al blog del TALLER LITERARIO DESPERTARES de la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, Córdoba, República Argentina.

Este blog se inicia el 14 de junio de 2011 para publicar los trabajos de los participantes del taller, que funciona en la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso".

Ilustración de la cabecera: "El desván de la memoria" de José Manzanares, creador de sueños, artista plástico de Linares, Jaén, España.

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viernes, 29 de enero de 2016

292. In medias res o cómo empezar a contar una historia con la trama ya avanzada




La técnica denominada in medias res (expresión latina que significa “en medio del asunto" o “en mitad de las cosas”) consiste en comenzar una narración por la mitad de la historia en lugar de por su inicio, esto es, comenzar el relato de los hechos mostrando a los personajes ya metidos en su conflicto. Usar esta técnica permite un inicio de narración más dramático: el relato comenzará con el protagonista ya enfrentado a su antagonismo, y con ello captaremos el interés del lector desde el primer momento.

Tenemos un ejemplo de uso de esta técnica en la Odisea, de Homero, narración que comienza con Ulises ya desaparecido y su palacio invadido por los pretendientes a la mano de su mujer. Otro ejemplo lo tenemos en el Cantar de mio Cid, que comienza con Rodrigo Díaz de Vivar ya camino del destierro.

Generalmente, cuando comenzamos una narración in medias res, se hace necesario más adelante hacer retroceder el relato de los hechos al pasado para explicar quiénes son los personajes y qué sucesos les han llevado a la situación ya mostrada. Esto lo podemos realizar a través de una (o varias) analepsis.

Así, en la Odisea, ya avanzada la narración, se nos pasa a explicar el inicio de la historia: la salida de Troya, la llegada a la isla de los lotófagos, luego a la de los cíclopes, etc. En el Cantar de mio Cid, el relato retrocede al pasado para explicar las razones del destierro de Rodrigo Díaz de Vivar.

http://www.tallerdeescritores.com/in-medias-res.php

291. La estructura narrativa clásica



Existen muchas maneras de estructurar una novela, un cuento, un guion de cine, un texto teatral o incluso un cómic, pero, sin lugar a dudas, la más usada es la denominada estructura narrativa clásica. Fue estudiada ya en la Antigua Grecia, hace más de 2000 años, y de ahí su nombre. De ella vamos a hablar aquí.




Estructurar una narración significa establecer una relación entre las distintas partes del relato de manera que resulte sólido de principio a fin: que cada eslabón esté en el lugar adecuado, ocupe la extensión que le corresponda y cumpla su función. Si no estructuramos nuestra narración o no la estructuramos bien, no se entenderá, se vendrá abajo, aburrirá o todo a la vez.

Por ejemplo, en el cuento Caperucita Roja, que seguro conoces, primero se nos cuenta cómo la madre de Caperucita envía a su hija a casa de la abuelita, luego cómo Caperucita se encuentra con el lobo, luego cómo el lobo llega el primero a casa de la abuelita... Todo sigue un cierto orden, y ello permite que el interés no decaiga.

Pero imagínate que antes de que el lobo mate a la abuelita, se nos contase cómo el leñador mata al lobo. ¿Qué pasaría? Pues que el relato perdería toda su consistencia. Igualmente, si el relato se entretuviese durante 20 páginas en explicar cómo el lobo, mientras espera a Caperucita, inspecciona la decoración de la casa, el relato perdería su unidad.

La estructura narrativa clásica es una forma sencilla de organizar y conjuntar una narración. Es aplicable a historias que cuentan con un único protagonista y una única línea de sucesos. Consta de tres partes, que son las siguientes: planteamiento, desarrollo y resolución.
La estructura narrativa clásica


Seguro que los nombres te suenan. Tambien podemos llamarlas Presentación, Nudo y Desenlace, o Primer acto, Segundo acto y Tercer acto. Veamos en qué consiste cada una:

Planteamiento
Ocupa la primera parte del relato, y en él contamos todo lo necesario para situar al lector: dónde transcurre la acción, cuándo transcurre, quién es el protagonista y en qué situación se encuentra. Además, explicamos qué acontecimientos provocan que la normalidad en la que vive el personaje quede alterada. El planteamiento suele ocupar, aproximadamente, una cuarta parte del total de la obra. 

En el ejemplo de Caperucita, en el planteamiento se nos cuenta que Caperucita es una niña que vive con su madre. Un día, la madre envía a Caperucita al otro lado del bosque con una cesta para su abuelita. La madre le pide a su hija que no se entretenga por el camino y que no hable con desconocidos. Caperucita, como niña que es, marcha despreocupada. Entonces aparece el lobo.

Desarrollo
El desarrollo ocupa el tramo central del relato, y en él contamos cómo se suceden los acontecimientos desde que la normalidad en la que vive el protagonista queda alterada hasta que el asunto está a punto de resolverse (ya sea a su favor o en su contra). El desarrollo suele ocupar, aproxidamente, dos cuartas partes del total de la obra.

En el ejemplo, el lobo engaña a Caperucita, llega él primero a casa de la abuelita, la mata y se disfraza de ella. Caperucita llega a la casa y nota algo raro en el aspecto de su abuelita, pero antes de que pueda reaccionar, el lobo se lanza sobre ella y se la zampa. ¿Es el fin de la niña?

Resolución
Finalmente, en la resolución, último tramo del relato, contamos cómo termina la peripecia del protagonista y mostramos la situación en la que quedan los personajes tras la experiencia sufrida. La resolución suele ocupar, aproximadamente, un cuarto de la obra.

En el ejemplo, un leñador oye los gritos de auxilio de Caperucita, acude a la casa, mata al lobo y rescata a la niña, que puede volver con su madre sana y salva. La pobre abuelita descansa en paz, y Caperucita aprende (y el lector también) que conviene tener cuidado con los desconocidos.


Una vez conocemos la estructura narrativa clásica, podemos modificarla según nos convenga. Por ejemplo, podemos recurrir a las técnicas in medias res e in extrema res. También podemos contar una historia dentro de otra, cada una con sus tres actos, de manera que la obra ya no tenga tres partes sino seis: dos planteamientos, dos desarrollos y dos resoluciones. Pero esto es ya material avanzado.

http://www.tallerdeescritores.com/la-estructura-narrativa-clasica.php

290. Técnicas de creatividad para escritores




¿Quieres escribir pero no encuentras inspiración? En esta entrada del blog vamos a darte a conocer cinco técnicas de creatividad que te permitirán obtener ideas para escribir tus textos.

La técnica de la variación
Una forma que tenemos de obtener una chispa creativa es pensar en una variación de algo que ya exista, como podría ser un texto, un suceso histórico o una noticia que oigamos en la radio. Por ejemplo: si Julio Cortázar escribió sus Instrucciones para subir las escaleras, yo puedo escribir Unas instrucciones para tumbarme en el sofá. Otro: si Agatha Christie escribió una historia en la que el protagonista era un matrimonio de detectives (Matrimonio de sabuesos), yo puedo pensar en escribir una en la que el protagonista sea una pareja formada por un abuelo y su nieta. Fácil, ¿no? Lo podemos llevar a cualquier terreno: si, por ejemplo, un poeta famoso escribe sus poemas en estrofas de 12 versos, yo puedo probar a escribir uno en estrofas de 13 y medio. O, un último ejemplo: si en el cuento clásico Caperucita Roja la protagonista es una niña, yo puedo contar la misma historia haciendo que Caperucita sea ya adolescente, o adulta, o incluso abuela y tenga una nieta a la que cuidar, o puedo hacer que en vez de transcurrir la acción en un bosque, transcurra en un pantano radiactivo.

La técnica de la combinación
La creatividad puede surgir también de la combinación de elementos. Hay guiones de cine muy buenos que son una combinación de géneros. Por ejemplo, la historia de Alien combina el terror con la ciencia ficción. También novelas: El nombre de la rosa es una combinación de historia de detectives y novela histórica. Fueron dos obras muy novedosas en su momento y han dado lugar a multitud de imitaciones. Se nos puede ocurrir escribir una novela en verso, y estaríamos así mezclando narrativa y poesía.

La técnica del opuesto
También podemos recurrir a la técnica del opuesto, que es, se puede decir, darle la vuelta a algo ya existente. Por ejemplo: si Cortázar escribió sus instrucciones para subir escaleras, nosotros podemos escribir unas para bajarlas. Si Agatha Christie puso de asesino al mayordomo en una de sus novelas, nosotros podemos ponerlo de detective y que sea él quien resuelva el crímen. Si tenemos escrito un relato o un poema y no nos acaba de gustar porque nos parece demasiado convencional, podemos plantearnos darle la vuelta al texto, literalmente: en el caso del relato, escribirlo al revés, empezando la narración por el final de la historia, y en el caso del poema, invirtiendo el orden de los versos o de las estrofas.

La técnica del "¿Y si...?"
Nos puede ser también útil Por ejemplo, yo podría pensar: ¿Y combinar la realidad con algo imaginado a través de la técnica del ¿Y si...? si me encontrase un cadáver en casa? O ¿y si un marciano llamase a mi puerta para pedirme comida? ¿Y si un tren repleto de viajeros desapareciese sin dejar rastro? De vez en cuando desaparecen aviones, pero ¿y un tren? ¿Y si, en lugar de un tren, lo que desapareciese fuese un convoy de metro?

La parodia
Un quinto recurso que tenemos es la parodia. Se trata de llevar algo al terreno del humor para imitarlo, homenajearlo o caricaturizarlo (o todo a la vez). El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes, es, de alguna manera, una parodia de las historias de héroes, princesas y hechiceros de los libros de caballerías. A menudo, en cine, se parodian otras películas.


La escritura libre
La técnica denominada escritura libre consiste en escribir ininterrumpidamente durante un periodo prefijado de tiempo (por ejemplo, cinco minutos) plasmando en papel o en la pantalla del ordenador lo primero que nos pase por la mente, sean los pensamientos del tipo que sean, sin prestar atención a la corrección, al interés o a la utilidad de lo escrito.

El que sigue es un ejemplo de texto generado mediante esta técnica:
"Vómito de conciencia. 3 palabras, las veo en la pantalla. Tengo que acabar de escribir la historia del tapacubos. Me falla el final, no acaba de cuadrar, es cuestión también de tiempo dar con la solución. Se me ha ocurrido un título, "Piezas". También si escribo un libro de relatos, me vale para el libro. En argentino significa "habitaciones", allí no pega. De momento tengo éste, y ya se me ocurrirá uno mejor. No vale la pena pensar en el título antes, porque acaba saliendo, de alguna frase. Woody Allen, sale por la tele, es una peli en blanco y negro, puede ser Manhattan, aunque no me suena la escena, y la otra es la Mia Farrow o la otra actriz, el nombre es parecido, siempre las confundo, fue su mujer, o las dos lo fueron. Tuvo un lío de no se qué con la hija. Como el otro, el Polanski, que no le dejan entrar en Estados Unidos. Bueno, sí le dejan, pero el tío no quiere ir. Luego esta el otro, el Bobby Ficher, o Fisher, tampoco le dejaban entrar, vivía en Islandia. El tío acabo mal, paranoico perdido. Tanto pensar jugando al ajedrez... Pensar no es bueno. Lo dice la Rodoreda en La meva Cristina: "no hi pensis". Qué bueno el relato. También es un monólogo, creo. Este no lo es, es un vómito de conciencia. 3 palabras. Queda mal un número al principio de una frase." 

La escritura libre puede usarse como revulsivo contra aquellos sentimientos que bloquean la creación literaria, como la desgana o el afán de perfección. De un texto obtenido mediante la escritura libre se pueden sacar frases o ideas (personajes, escenarios, situaciones) que nos motiven o inspiren para escribir textos más elaborados. 

Por ejemplo, del texto anterior podríamos aprovechar la idea de que alguien pueda perder la cordura de tanto jugar al ajedrez, pensar en un ordenador o un robot al que le suceda esto y desarrollar a partir de esta base un argumento para un relato, novela o guion cinematográfico.

http://www.tallerdeescritores.com/tecnicas-de-creatividad.php

http://www.tallerdeescritores.com/la-escritura-libre.php


289. ¿Qué título elegir para tu texto?



Ponle un buen título a tu obra
¿Has acabado un texto y no sabes qué título ponerle? En esta entrada vamos a darte algunas indicaciones para que puedas ponerles buenos títulos a tus obras. Iremos ejemplificando con títulos de novelas conocidas, pero todo lo que vamos a explicar vale también para bautizar relatos, guiones de cine o cómic, textos teatrales, etc.

Opción 1: Nombre o descripción del protagonista
Como título podemos poner el nombre del protagonista. Es lo que hizo Daniel Defoe en Robinson Crusoe y, más recientemente, Elvira Lindo en Manolito Gafotas. El nombre del protagonista puede ir acompañado de otras palabras, como lo pusieron Mark Twain en Las aventuras de Tom Sawyer y Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas. Igualmente, podemos hacer que el título no sea el nombre del protagonista sino una descripción, brevísima, del personaje, como hicieron H. G. Wells en El hombre invisible y Antoine de Saint-Exupéry en El principito.


Opción 2: Nombre o descripción de otro personaje
Alternativamente, podemos poner como título el nombre del antagonista: Drácula, de Bram Stoker, y Chacal, de Frederick Forsythe, son dos buenos ejemplos. También podemos poner el de un personaje que no sea ni el protagonista ni el antagonista: lo hizo John Fowles en La mujer del teniente francés.

Opción 3: Nombre o descripción del escenario
En lugar del nombre o descripción de un personaje, podemos poner como título el nombre o descripción del escenario en el que transcurra la acción (o uno de los escenarios en los que transcurra), que es lo que hizo Mercé Rodoreda en La plaza del Diamante. Donde decimos escenario, decimos también período de tiempo: justo lo que hizo George Orwell en 1984.

Opción 4: Referencia a la acción
En el título podemos hacer referencia a la acción (o a parte de la acción) que conforme el argumento de la obra, como sucede en La señora McGinty ha muerto, de Agatha Christie. Podemos combinar la referencia a la acción con referencias a cualesquiera otros elementos narrativos (personajes, escenarios...): La famosa invasión de Sicilia por los osos, de Dino Buzzati, es un ejemplo de ello.

Opción 5: Referencia al tema
Cómo no, podemos hacer referencia al tema de la novela, y en estos casos el título tomará, a menudo, formas metafóricas o simbólicas: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, son dos buenos ejemplos.

Otras posibilidades
Puede servirnos de título una expresión o frase que forme parte del texto de la obra, o el nombre o descripción de un objeto que aparezca en la historia. Serían ejemplos de ello Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza, que es una de las frases que el protagonista escribe en su diario, y La historia interminable, de Michael Ende, que es el título del libro que el protagonista roba de una tienda.

El cotítulo
Un título puede componerse de dos partes, es decir, llevar un cotítulo. El cotítulo suele usarse para dar información adicional sobre el contenido de la obra. Por ejemplo, la segunda de las aventuras de Alicia, A través del espejo, de Lewis Carroll, se titula en realidad A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, y aquí el cotítulo da información sobre quién es la protagonista de la historia.

Comentar, para acabar, que no estamos obligados a ponerle título a una obra, aunque sí será necesario si queremos publicarla o presentarla a un concurso.


http://www.tallerdeescritores.com/el-titulo.php

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