¡BIENVENIDOS AL BLOG DEL TALLER LITERARIO DESPERTARES!

Bienvenidos al blog del TALLER LITERARIO DESPERTARES de la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, Córdoba, República Argentina.

Este blog se inicia el 14 de junio de 2011 para publicar los trabajos de los participantes del taller, que funciona en la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso".

Ilustración de la cabecera: "El desván de la memoria" de José Manzanares, creador de sueños, artista plástico de Linares, Jaén, España.

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jueves, 22 de septiembre de 2022

485. ANÁLISIS DE "EL OTRO" DE JORGE LUIS BORGES

 



sábado, 30 de abril de 2011

Análisis de “El otro”,

de Jorge Luis Borges


http://josepriu-urv.blogspot.com/2011/04/analisis-de-el-otro-de-jorge-luis.html

Asignatura: Literatura Hispanoamericana Contemporánea

Segundo curso del Grado de Lengua y Literatura Hispánicas

Profesor: Manuel Fuentes Vázquez

Abril de 2011

Introducción    

“El otro” es el primero de los cuentos que constituyen El libro de arena[1], que Jorge Luis Borges publicó en 1975. En él narra un acontecimiento que, según afirma, le tiene angustiado: estando él en Cambridge, en febrero de 1969, encontró sentado en un banco a un joven a quien reconoció como a él mismo, que aseguraba encontrarse en Ginebra, en 1918.

Sobre estos dos personajes, el narrador —el Borges mayor— y “el otro” —el Borges joven—, construye la narración. Ambos se encuentran a orillas de un rio —que los une y los separa—: el Borges mayor está al lado del rio Charles, mientras que el joven está al lado del Ródano. El Borges mayor intenta convencer al joven de que ambos son la misma persona, aunque estén separados por medio siglo de vida. Para demostrárselo, le cuenta intimidades que sólo uno mismo puede saber y a continuación le explica lo que le acontecerá en su vida y en el mundo en los años venideros. El joven, por su parte, pretende convencerse de que este encuentro no es más que un sueño; expone sus ideas sobre la literatura y la sociedad, que corresponden a las que Borges tuvo en la juventud y de las que tanto se alejó.

Como el propio autor expone en el epílogo[2] del libro, el relato “retoma el viejo tema del doble, que movió tantas veces la siempre afortunada pluma de Stevenson[3]”, pero lo retoma, en este caso, para reflexionar sobre el paso del tiempo y sus consecuencias sobre las personas. Por esto el marco de la narración es un banco situado en frente de un río heraclitiano[4].

Estas referencias culturales se complementan con otras que van apareciendo a lo largo del texto y que conforman el panorama del pensamiento de Borges. Empiezan con una descripción de la librería del joven Borges:

En el armario de tu cuarto hay dos filas de libros. Los tres de volúmenes de Las mil y una noches de Lane, con grabados en acero y notas en cuerpo menor entre capítulo, el diccionario latino de Quicherat, la Germania de Tácito en latín y en la versión de Gordon, un Don Quijote de la casa Garnier, las Tablas de Sangre de Rivera Indarte, con la dedicatoria del autor, el Sartor Resartus de Carlyle, una biografía de Amiel y, escondido detrás de los demás, un libro en rústica sobre las costumbres sexuales de los pueblos balkánicos[5].

Luego los dos Borges intercambian opiniones sobre Fyodor Dostoievski —entre cuyos libros cita El doble, una de las principales referencias del cuento— y Walt Whitman. Aparecen además alusiones a Joseph Conrad, Rubén Darío, Verlaine y Coleridge, así como dos citas de los evangelios.

Existen múltiples maneras de abordar el análisis de este cuento de Borges: recorrer estas referencias culturales e intertextualidades; analizar la técnica narrativa y compararla con la de otras obras que tratan el problema de la alteridad o del reencuentro con uno mismo; describir la ideología política que el autor deja traslucir en el texto, su concepto de la historia, del los movimientos sociales, del arte, etc.

El presente trabajo se centra sólo en dos de los posibles aspectos que se pueden considerar.

En la primera parte se examina el porqué del juego narrativo que establece el escritor: una introspección a través de un cuento fantástico.

La segunda parte se aproxima al personaje que encarna “el otro”: el tipo de intelectual que fue Borges en su juventud y que sería rechazado luego por el Borges maduro, que nunca permitió que se reeditaran las obras que escribió durante su período juvenil.

El análisis de estos dos aspectos deja fuera muchos elementos importantes del cuento, pero comprende lo esencial de la forma y el contenido de la pieza.





Un juego literario entre el sueño y la vigilia


Una de las características que primero llama la atención al lector es la insistencia del narrador en afirmar la veracidad de su relato fantástico.

La creación de una ficción para explicar experiencias autobiográficas es una técnica habitual, especialmente en Borges, que puede incluso servir para dar mayor verosimilitud a lo contado, como explica Daniel Nahson:

En la narración autobiográfica, un discurso documental puede no ser convincente y distanciar al lector del autor, mientras que el ficcional puede ser inspirador de confianza en el lector e investir al texto con ese carácter de verdad autobiográfica que el lector busca a veces recibir y que puede ser deber del autor proporcionar[6].

Sin embargo, el juego de Borges en “El otro” consiste en crear repetidamente en el lector la expectativa de que podrá dar una explicación lógica de lo sobrenatural: entender que el encuentro ha sido simplemente un sueño o una ficción que ha permitido al escritor reencontrarse consigo mismo. Pero una y otra vez el narrador se lo impide.

El primero que en la narración intenta reconducir el encuentro hacia lo onírico es el personaje del Borges joven. Cuando el viejo le da pruebas de que son la misma persona, contándole cosas que no puede saber un desconocido, el joven le responde con aplomo: “Esas pruebas no prueban nada. Si yo lo estoy soñando, es natural que sepa lo que yo sé. Su catálogo es del todo vano”[7].

El propio Borges mayor parece aceptar la idea del sueño —aunque sea interpretando toda la vida como un sueño—, como la evocación de un recuerdo: “Mi sueño ha durado ya setenta años. Al fin y al cabo, al recordarse, no hay persona que no se encuentre consigo misma”[8].

Sin embargo, cuando el problema parece ya zanjado y los dos Borges han intercambiado puntos de vista y han constatado sus diferencias —motivo central del cuento— Borges decide sembrar de nuevo la confusión en el lector. Lo hace a través del juego de la fecha en el dólar, que llevará hasta el final de cuento. El Borges viejo decide que quiere demostrar al joven que no se trata de un sueño. Para ello, le da un billete de dólar. Cuando el joven lo examina queda horrorizado al ver que lleva la fecha de 1964, tras lo que aparece, entre paréntesis, la anotación del narrador: “meses después alguien me dijo que los billetes de banco no llevan fecha”[9]. Lo que pasa es que la afirmación es falsa: los billetes sí que llevan fecha.

Observamos pues que continuamente se mezclan de forma ambigua elementos lógicos con interpretaciones oníricas.

Al final el narrador da una explicación en este sentido: “El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme; yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormenta el recuerdo”[10]. Grínor Rojo lo interpreta de esta manera:

El encuentro ocurrió efectivamente, pero ocurrió porque la memoria creadora, que es un poder de la mente del escritor, que éste pone en marcha a través de un mecanismo de recalling y de la consiguiente reconversión lúcida que en y desde la vigilia él hace de los recuerdos que así recupera, lo permitió.[11]

Sin embargo, Borges pretende llevar la ambigüedad hasta el final, de manera que añade: “El otro me soñó, pero no me soñó rigurosamente. Soñó, ahora lo entiendo, la imposible fecha del dólar”[12]. De esta manera nos recuerda que no podemos confiar en plenamente en lo que nos cuenta el narrador.

Así pues, nos encontramos ante un relato que juega deliberadamente con el lector, para dejarlo completamente en la duda, como describe Flora Botton:

Las dimensiones de tiempo y espacio se entrecruzan de una manera no sólo imposible en la realidad real, sino inusitada en la literatura fantástica. Pero lo que importa es que se efectúa un triple juego, una triple transgresión: transgresión de las leyes del tiempo, de las leyes del espacio y de las de la personalidad.[13]

En efecto, observamos que repetidamente se entrecruzan elementos de la realidad (como las referencias autobiográficas y los cambios ideológicos del protagonista) en un contexto absolutamente fantástico que tiene como objetivo crear perplejidad en el lector.




Entre la identidad y el cambio


El núcleo central de “El otro” es el reencuentro del narrador con su alter ego, medio siglo más joven, y la conversación que ambos entablan. El Borges viejo hace su biografía sumaria (“el porvenir que te espera”[14]) y deja traslucir su idea de la evolución de la historia y de la política. Pero cuando le pregunta al joven qué está escribiendo es cuando comenzamos a adentrarnos en el inmenso abismo ideológico que existe entre los dos:

Le pregunté qué estaba escribiendo y me dijo que preparaba un libro de versos que se titularía Los himnos rojos. También había pensado en Los ritmos rojos.

—¿Por qué no? —le dije—. Podés alegar buenos antecedentes. El verso azul de Rubén Darío y la canción gris de Verlaine.

Sin hacerme caso, me aclaró que su libro cantaría la fraternidad de todos los hombres. El poeta de nuestro tiempo no puede dar la espalda a su época.[15]

De esta manera Borges evoca el título de un libro “rojo” que él pensó publicar en su juventud, aunque no llegó a hacerlo. El narrador finge no apreciar la significación ideológica del color y bromea con otros versos policromados, ante lo cual el joven se apresta a declarar su simpatía hacia el movimiento revolucionario que acababa de triunfar en Rusia y su compromiso como poeta con él.

En efecto, Borges en 1918 se encontraba en los albores de lo que Jean Pièrre Bernés denominaría su “período rojo”, que sitúa entre 1919 y 1921:

“Este rojo es la marca de la etapa europea de la iniciación poética de Borges. Es, desde luego el color del entusiasmo combativo y a la vez un poco abstracto. Pero, ya en 1921, de vuelta al país, “après un long voyage”, Borges cuestiona esta desmesurada estética, renuncia a ella, y hasta la condena”.[16]

Así pues, podemos ver como Borges pinta en “El otro” a ese muchacho idealista y arrogante que fue en su etapa formativa que empezó en Ginebra y que eclosiona a continuación en España, donde se integra en el movimiento ultraísta y publica sus poemas en diversas revistas. De esta manera describe el momento Caros Meneses:

Es éste el ambiente [el del la publicación del primer manifiesto ultraísta] en el que se introduce el joven argentino llegado de Ginebra. Ambiente que, por supuesto, lo deslumbra. No ha llegado a España sin equipaje, trae buenos conocimientos expresionistas, por lo que sus primeros trabajos se basan en comentarios y traducción de estos poetas. No esquiva preocupaciones emocionadas por la situación rusa, y su poesía es el resultado de todas esas influencias. Los poemas los publica en las muchas revistas que aparecen tanto en Madrid como en Andalucía. Y sus amistades las elige entre  esa juventud jubilosa y apasionada que ha conocido. Por supuesto, como muchos de sus amigos, aspira a reunir sus poemas en libro, y cuenta con dos títulos para escoger: Himnos rojos y Ritmos rojos. Pero finalmente optó por destruir esa producción y pensar en otro libro; con nuevos poemas. El propio autor confiesa buena parte de todo esto en su cuento “El otro”.[17]

Borges no sólo no llegó a publicar el libro sino que destruyó los poemas que había escrito e intentó a lo largo de toda su vida que no se volvieran a publicar los que habían visto la luz en su momento. Sin embargo, este empecinamiento del escritor siempre fue intensamente contrarrestado por la crítica que se esforzó en recuperar a Borges en su integridad.

En este sentido, Sara Luisa del Carril, editora de los Textos recobrados 1919-1929 de Borges, afirma en el libro que “confiamos en que la recopilación de estas páginas de juventud, que el insigne escritor prefirió olvidar, resulte un aporte valioso para apreciar su evolución estética e intelectual y para conocer mejor el desarrollo de su obra”[18].

Pero no sólo se han recuperado los textos, sino que también se ha intentado recrear el formato imaginado por Borges. Según da cuenta Adolfo Castañón, en 1993 se publicó un librito de 34 páginas con el título de Los himnos rojos[19]. Este tipo de “exhumaciones” de su obra literaria provocaban la cólera de Borges en su vejez.

El escritor se había alejado definitivamente de la persona que había sido en sus tiempos ultraístas —“siento sólo una remota relación con la obra de aquellos años”[20], afirmaba el propio escritor en su autobiografía— y en su madurez rechazaba la ideología que había inspirado sus poemas juveniles. El espíritu revolucionario había sido sustituido por un individualismo escéptico que queda expresado así en la réplica del narrador en “El otro”:

—Tu masa de oprimidos y de parias —le contesté— no es más que una abstracción. Sólo los individuos existen, si es que existe alguien. El hombre ayer el hombre de hoy sentenció algún griego. Nosotros dos, en este banco de Ginebra o de Cambridge, somos tal vez la prueba.[21]

La frase que pone en boca de “algún griego” es una máxima de Heráclito que Borges utilizó como fuente de inspiración en diversas partes de su obra. En una entrevista en la televisión italiana RAI 3, que cita Rosalba Campra, el escritor afirmaba: “ya lo dijo Heráclito: el hombre de ayer no es el hombre de hoy o nadie baja dos veces por el mismo río, no sólo porque el río ha fluido, sino porque el hombre también es un río que fluye”[22].

En el caso de “El otro” la cita se ve reforzada por la presencia de ese rio que enmarca el encuentro entre los dos Borges y la dimensión del cambio ideológico experimentado por el protagonista se convierte en ejemplo del devenir heraclitiano.

Sin embargo, este devenir tiene otra cara de la moneda: lo que permanece. Para Heráclito, “que la realidad sea dinámica no significa que esté en perpetuo devenir. Es exactamente lo contrario: la harmonía de tensiones opuestas garantiza la identidad de la cosa”[23].

Borges no desconoce este doble aspecto de Heráclito, así que el narrador constata que, detrás de esa persona tan distinta que tiene enfrente, algo permanece: “éramos demasiado distintos y demasiado parecidos (…) aconsejar o discutir era inútil, porque su inevitable destino era ser el que soy”[24].

Este segundo aspecto del devenir heraclitano queda más oscuro en el cuento —donde el autor constata sobretodo sus diferencias—, pero queda, pues, insinuado. Al referirse a este aspecto, Elisa T. Calabrese considera que el Borges de la madurez no está tan lejano del Borges vanguardista de la juventud, ya que en él perviven “las operatorias fundamentales que, desde las vanguardias, modifican sustancialmente las estéticas modernas”[25]. Así, cuando afirma “éramos demasiado distintos y demasiado parecidos”, Borges se estaría refiriendo también a esta “supervivencia del vanguardista, independientemente de los cambios en los estilos, los procedimientos y las poéticas”[26].

Fuera Borges más o menos consciente de ello, es indudable que la identidad del escritor se va construyendo a partir de las experiencias y tanteos que realiza a lo largo de su vida. La permanente negativa de Borges a que se reeditaran sus escritos de juventud parece indicar que no aceptaba su etapa ultraísta como parte de su formación literaria. Prefería recordar a ese poeta como a alguien prácticamente ajeno a su persona, tal como lo representa en el cuento.






Conclusiones

Jorge Luis Borges elabora en “El otro” un ejercicio de introspección valiéndose de un artificio, el cuento fantástico, que le permite reencontrarse consigo mismo: con la persona que fue medio siglo más joven.

A través de este ejercicio reflexiona sobre sus ideas sobre la política, la literatura, la filosofía —las ideas que tenía antes y las que tuvo después— y sobre como el paso del tiempo modifica la manera de entender estos mundos.

El cuento se desarrolla mediante un juego narrativo en el que el autor apuesta repetidamente por crear una sensación de perplejidad en el lector, que se enfrenta a elementos de la biografía real del autor presentados en un contexto fantástico.

Todo ello nos aproxima a la comprensión de las grandes diferencias que existen entre los dos personajes, que son el mismo. Borges aborda el encuentro con una etapa de su vida en la que generó una obra que luego sería repudiada por el propio escritor: la obra de un joven fascinado por los cantos de la revolución comunista y unanimista.

Tanto se había alejado Borges de aquel joven que fue, que sólo podía enfrentarse a él considerándolo un personaje ajeno a su persona, como lo hace en “El otro”.




Bibliografía citada

Bernes, Jean-Pierre: “El período rojo de Borges”, en Oro en la piedra. Homenaje a Borges, Murcia, Editora Regional de Murcia, 1987.

Borges, Jorge Luis: El libro de arena, Madrid, Alianza Editorial, 1986.

Borges, Jorge Luis: Textos recobrados 1919-1929, Buenos Aires, Emecé, 1997.

Botton Burlá, Flora: Los juegos fantásticos. México, Facultad de Filosofia y Letras, UNAM, 1994.

Calabrese, Elisa T.: “El fluir interminable. Operaciones escrituarias de Borges”, en Fuentes, Manuel y Tovar, Paco, La aurora y el poniente. Borges (1899-1999), Tarragona, Departament de Filologies Romàniques de la URV, 2000.

Campra, Rosalba: América Latina: la identidad y la máscara, México, Siglo XXI editores, 1998.

Castañón, Adolfo: “Cuarta de Borges”, en Arreguín, Zagal (ed.): Ocho ensayos sobre Borges, México, Publicaciones Cruz O., 1999.

Cordero, Néstor Luis, La invención de la filosofía. Una introducción a la filosofía antigua, Buenos Aires, Biblos, 2008.

Huici, Adián, El mito clásico en la obra de Jorge Luis Borges. El laberinto, Sevilla, Ediciones Alfar, 1998.  

Meneses, Carlos: “Borges, él mismo”, en Jorge Luis Borges: la biblioteca, símbolo y figura del universo, Rubí (Barcelona), Anthropos, 2004.

Nahson, Daniel: “Borges por Borges: su literatura como palimpsesto de un sueño autobiográfico”, en Mejías López, William (ed.): Morada de la palabra. Volumen I. Homenahe a Luce y Mercedes López-Baralt, San Juan, Universidad de Puerto Rico, 2002.

Rojo, Grínor: Borgeana, Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2009.




[1] En las referencias de este trabajo se cita la edición: Borges, Jorge Luis: El libro de arena, Madrid, Alianza Editorial, 1986.

[2] Borges, Jorge Luis, op. cit, p. 101.

[3] Robert Louis Stevenson, escritor escocés del s. XIX, tuvo gran influencia sobre Borges. En su obra más conocida, Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde, aborda el fenómeno de la personalidad escindida.

[4] Heráclito de Éfeso, filósofo griego presocrático, ejemplificó con un río su doctrina del continuo devenir, según la cual, cada vez que nos bañamos en un río somos y no nomos los mismos, como el río que tampoco es y no es el mismo. El motivo del río de Heráclito aparece a menudo en la obra de Borges, como compendia Adián Huici en El mito clásico en la obra de Jorge Luis Borges. El laberinto, Sevilla, Ediciones Alfar, 1998, pp. 67-74.   

[5] Borges, Jorge Luis, op. cit., p. 10.

[6] Nahson, Daniel: “Borges por Borges: su literatura como palimpsesto de un sueño autobiográfico”, en Mejías López, William (ed.): Morada de la palabra. Volumen I. Homenaje a Luce y Mercedes López-Baralt, San Juan, Universidad de Puerto Rico, 2002, p. 1195.

[7] Borges, Jorge Luis, op. cit., p. 9.

[8] Idem.

[9] Borges, Jorge Luis, op. cit., p. 14.

[10] Idem.

[11] Rojo, Grínor: Borgeana, Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2009, p. 100.

[12] Borges, op. cit., p. 14.

[13] Botton Burlá, Flora: Los juegos fantásticos. México, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 1994, p. 87.

[14] Borges, op. cit., p. 9.

[15] Borges, Jorge Luis, op. cit., p. 11.

[16] Bernes, Jean-Pierre: “El período rojo de Borges”, en Oro en la piedra. Homenaje a Borges, Murcia, Editora Regional de Murcia, 1987, p.31.

[17] Meneses, Carlos: “Borges, él mismo”, en Jorge Luis Borges: la biblioteca, símbolo y figura del universo, Rubí (Barcelona), Anthropos, 2004, p. 108.

[18] Borges, Jorge Luis: Textos recobrados 1919-1929, Buenos Aires, Emecé, 1997, p. 7.

[19] Castañón, Adolfo: “Cuarta de Borges”, en Arreguín, Zagal (ed.): Ocho ensayos sobre Borges, México, Publicaciones Cruz O., 1999, p. 55. En este libro consta una “Nota del editor” que hace referencia al fragmento de “El otro” en el que el joven Borges expone sus planes de publicar un libro con este título y explica:

El destino quiso evitarle al joven Borges la desventura de publicar dicho libro, en donde quizás figurarían los diecinueve poemas que conforman el presente volumen y que pertenecen, como bien podrá advertir el lector, a su época de militancia en el ultraísmo. (…) Estos áridos poemas de la equivocada secta ultraísta, como va a definirlos su autor, aparecieron entre los años 1919 y 1922 en distintas revistas literarias (Grecia, Ultra, Tablero, Baleares y Cosmópolis). Fueron recopilados por Guillermo de Torre, Gloria Videla, Marcos Ricardo Barnatán y Carlos Meneses, entre otros. Borges tuvo la suficiente sensatez como para desaparecer dichos textos de su más acabada antología. Sin embargo no pudo eludir la fama, ese don que convierten traviesos arqueólogos a ciertos críticos, a ciertos estudiosos y también a ciertas editoriales.

[20] Borges, Jorge Luis: Autobiografía, Monegal, 1970, p. 183, citado en Borges, Jorge Luis: Textos recobrados 1919-1929, Buenos Aires, Emecé, 1997.

[21] Borges, Jorge Luis: El libro de arena, Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 11.

[22] Campra, Rosalba: América Latina: la identidad y la máscara, México, Siglo XXI editores, 1998, p. 126.

[23] Cordero, Néstor Luis, La invención de la filosofía. Una introducción a la filosofía antigua, Buenos Aires, Biblos, 2008, p. 73.

[24] Borges, Jorge Luis, op. cit., p.13.

[25] Calabrese, Elisa T.: “El fluir interminable. Operaciones escrituarias de Borges”, en Fuentes, Manuel y Tovar, Paco, La aurora y el poniente. Borges (1899-1999), Tarragona, Departament de Filologies Romàniques de la URV, 2000, p.127.

[26] Ib., p. 128.

Enviat per Josep 

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miércoles, 14 de septiembre de 2022

484. LA ESTRUCTURA DE UN LIBRO: SUS PARTES


Es importante, para el que quiera publicar un libro, conocer la nomenclatura que se usa en el sector editorial para referirse a las distintas partes que componen un libro.

Antes de proceder a su descripción, mencionar que respecto a la encuadernación de un libro no hay normas fijas establecidas, y que si bien existe un patrón o encuadernado modelo, lo cierto es que las diferentes partes que constituyen un libro pueden cambiar de una obra a otra.


Estructura externa del libro

Por lo que hace a su estructura externa, un libro se compone de las cubiertas o tapas, que están hechas generalmente de un material más duro y grueso que el de los pliegos, como cartón o plástico, y que están formadas por los siguientes elementos:


Primera de cubierta o de forros. Se trata de la parte frontal del libro, que comúnmente se confunde con la portada y donde se indican el nombre del autor, el título de la obra y, si cabe, el nombre de la editorial. Además, si la obra pertenece a otra obra o colección, se indica el nombre de la obra completa de la que forma parte y el número de volumen que representa dentro de ella.

Segunda de cubierta o de forros.  Se trata del reverso de la primera de cubierta, y aunque algunas veces las editoriales aprovechan esta parte para publicitar, por ejemplo, otros títulos del autor, en general suele ir en blanco. En las ediciones de pasta dura, pueden ir pegadas las "guardas".

Tercera de cubierta o de forros. Se trata del reverso de la cuarta de cubierta y, lo mismo que la segunda de cubierta, suele aparecer en blanco. En las ediciones de pasta dura, pueden ir pegadas las "guardas".

Cuarta de cubierta o de forros. Se trata de  la parte de atrás del libro, que comúnmente se confunde con la contraportada y donde suele escribirse una breve reseña de la obra y de su contenido y también, a veces, información relativa a su autor.

Forro, camisa o sobrecubierta. De uso opcional, la camisa o sobrecubierta es una cubierta suelta de papel con la que se protege el libro y en la que se imprime su título, muy utilizada en ediciones especiales.

Solapas, solapillas o aletas. De uso opcional, las solapas, solapillas o aletas son una prolongación lateral de las cubiertas del libro o de la camisa cuando la hay y aparecen dobladas hacia adentro. En la solapa delantera suelen colocarse datos adicionales como información relativa a la obra, a la biografía del autor o al resto de sus obras, y en la solapa trasera puede colocarse, por ejemplo, una lista de títulos (sean títulos de la colección a la que pertenece la obra, sean títulos de las otras obras del autor publicadas por la misma editorial).

Lomo. Se trata una pequeña zona que hace de puente entre las dos cubiertas y que está justo en la parte opuesta al corte de las hojas. En ella se imprimen el nombre del autor, el título de la obra, el sello editorial y, cuando procede, el número de volumen o tomo. Dado el limitado espacio, estos datos se imprimen verticalmente, y de abajo a arriba en España.

Canto. Corte del libro opuesto al lomo.

Guardas. Son las páginas que aparecen al abrir la tapa de un libro (tapa dura) y en las que generalmente se imprime un motivo con función decorativa.

El ancho del lomo va a depender del número total de páginas de la obra y del grosor del papel sobre las que hayan sido impresas, aunque normalmente se sitúa entre 0,5 y 2 centímetros.





Estructura interna del libro

Por lo que hace a su estructura interna, y si bien algunas de ellas pueden omitirse, un libro se divide en las partes que detallo a continuación:


Páginas primeras falsas, de cortesía o de respeto. Se trata de las primeras dos páginas, una hoja de papel en blanco por delante y por detrás que aparece inmediatamente después de la segunda de cubierta. En ediciones de lujo pueden colocarse varias hojas de este tipo.

Portadilla, anteportada o falsa portada. Se trata de la tercera página del libro y la primera impresa, pero todavía sin numerar. En ella suele anotarse solamente el título de la obra, a veces abreviado. En el caso de que la obra pertenezca a una colección, se anota también el nombre de la colección y de la persona que la dirige.

Frente-portadilla o contraportada. Se trata de la cuarta página del libro, del reverso, por tanto, de la portadilla, y, como esta, tampoco se numera. Generalmente aparece en blanco, aunque, cuando los haya,  pueden aparecer en ella el nombre del traductor y el del ilustrador y también, si la obra pertenece a alguna colección, el nombre de esta.

Portada. Se trata de la quinta página del libro, y figuran en ella, generalmente, el nombre del autor, el título de la obra —si lo hay, también el subtítulo—, el nombre de la colección si pertenece a alguna, el nombre del prologuista, el nombre de la editorial y su sello y el número de edición.

Frontispicio o frontis, que se coloca a menudo entre la frente-portadilla y la portada y que no es más que una página con algún dibujo o ilustración.

Página legal. Se trata de la sexta página del libro, del reverso, por tanto, de la portada. En ella figuran los créditos de la obra e  información de tipo legal: el nombre del portadista, del ilustrador o de cualquier otro colaborador, el titular del copyright o el propietario de los derechos de autor, el número ISBN (International Standard Book Number) del libro —y, si la obra es solamente un volumen de un conjunto mayor, el número ISBN de la obra completa—, el Depósito legal, el nombre y el domicilio de la editorial y el lugar y el año de impresión. A veces, también, el número de ejemplares lanzados.

Después de la página legal y antes del cuerpo principal de la obra existen distintos elementos preliminares que pueden aparecer y que normalmente, aunque no de forma obligada, responden al siguiente orden:


Advertencia. Se trata de una página dedicada a advertir algo que debería tenerse en cuenta antes de iniciar la lectura de la obra en cuestión. En el caso de reimpresiones, suele tratarse de una aclaración, hecha por el autor o por el editor, sobre si la obra ha sufrido o no modificaciones y de qué tipo.

Agradecimientos. Se trata de una página en la que el autor se dedica a agradecer la colaboración de aquellas personas que participaron en la elaboración del libro y su publicación.

Dedicatoria o epígrafe. Se trata de una página en la que el autor dedica su obra a alguna persona en especial, ya sea dirigiéndose a ella directamente, ya sea refiriéndose a ella en tercera persona. Esta página también puede consistir en un epígrafe, es decir, en una cita sugeridora del contenido del libro e inspirada por tanto en él. Cuando el contenido de esta página es breve, la página siguiente se deja en blanco para seguir con el texto en una nueva página impar.

Índice general. Se trata de una lista ordenada de las partes, capítulos y otras subdivisiones que pudiera tener la obra, con indicación del lugar y número de página en que aparece cada una de ellas. Con el índice, por tanto, se ofrece al lector una visión panorámica de los contenidos que se tratarán.

Prólogo, prefacio, preámbulo o introducción. Se trata de la parte que precede al cuerpo principal de la obra y puede ocupar una o más páginas. Sirve de presentación o introducción a la temática del libro y puede estar escrita tanto por el autor como por el editor o cualquier otra persona entendida en la materia tratada.

Cuerpo de la obra. Se trata de la parte medular del libro y suele estar dividida en distintas partes o capítulos, dejando al final el capítulo dedicado a las conclusiones.

Epílogo o ultílogo. Se trata de una parte que se añade al final de la obra y en la que se hace alguna consideración general acerca de ella o se refieren sucesos que son consecuencia de la acción principal descrita en ella.

Apéndices o anexos. Se trata de páginas que funcionan como complemento del cuerpo general de la obra y que por tanto ofrecen al lector información adicional de interés (documentos, esquemas, estadísticas...).

Glosario. Se trata de una o más páginas en las que se definen los términos específicos que han sido usados en el transcurso de la obra.

Abreviaturas empleadas. Se trata de una o más páginas que ofrecen un listado de los símbolos y/o abreviaturas que han sido usadas en el transcurso de la obra, con su respectiva voz completa.

Bibliografía.  Se trata de la parte en que aparece la relación de libros consultados por el autor para la realización y elaboración de la obra.

Colofón. Se trata de una página, generalmente la última impar impresa de la obra, en la que se anotan el nombre de la imprenta y su logotipo, el lugar y la fecha de impresión, el número de copias impresas y, en ocasiones, incluso el tipo de letra que se ha usado y la clase de papel.  

Páginas últimas falsas, de cortesía o de respeto. Se trata de las últimas dos páginas, una hoja de papel en blanco por delante y por detrás que aparece inmediatamente antes de la tercera de cubierta. En ediciones de lujo pueden colocarse varias hojas de este tipo.

http://rigortextual.com/blog/estructura-de-un-libro?fbclid=IwAR3BG1hGcmKa0JN_in6NuzUhzRUlnzxLPkP5A4hmJWPvRSl4YZXrGK-D8L8


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483. LEOPOLDO MARECHAL (escritor argentino, 1900-1970)

 La preocupación por la Patria, ese "dolor que aún no tiene bautismo", recorre toda la obra del poeta, novelista y dramaturgo.




Nació el 11 de junio de 1900, en la Ciudad de Buenos Aires.

Sus padres fueron Lorenza Beloqui, argentina de ascendencia vasca y Alberto Marechal, uruguayo, de ascendencia francesa.

Comenzó a escribir a los 12 años.

A los 13 ingresó a una fábrica de obreros, donde rápidamente dio muestras de sus ideales políticos, al impulsar a sus compañeros a que exigieran mejores salarios y condiciones adecuadas para el trabajo.

Los jefes de la fábrica lo despidieron por ser el responsable de la revuelta laboral.

En su infancia solía veranear en Maipú y sus amigos lo apodaron “Buenosaires”, por ser el único porteño entre ellos.

En 1916 ingresó en la Escuela Normal de Maestros N° 2 Mariano Acosta. Egresó a fines de 1919 con el título de Maestro.

Además de maestro, fue bibliotecario y profesor de enseñanza secundaria; como escritor, fue poeta, dramaturgo, novelista y ensayista.

En 1929, se estableció en Montparnasse, París, donde inició su novela fundacional: Adán Buenosayres, publicada el 30 de agosto de 1948, tras muchos años de elaboración. Es considerada como la novela fundamental de la literatura argentina.


Una vez publicada, una de las pocas personas que elogiaron la obra, fue nada menos que el joven Julio Cortázar.

Adán Buenosayres es también una novela en clave. Detrás de los personajes principales se reconocen escritores y personajes de la vanguardia porteña que el autor conoció en su juventud. En el astrólogo Schultze se advierten rasgos de la personalidad del Xul Solar; el filósofo Samuel Tesler nos recuerda a Jacobo Fijman, poeta judío converso al catolicismo; a Jorge Luís Borges lo representa el poeta cegato y aficionado al criollismo, Luis Pereda; Raúl Scalabrini Ortiz está retratado en el petiso Bernini y Victoria Ocampo aparece caricaturizada en el Infierno de la Lujuria, en la figura de Titania.

El poeta se casó con María Zoraida Barreiro (falleció el 8 de junio de 1947), el 8 de enero de 1934, con quien tuvo dos hijas: María de los Ángeles y María Magdalena.

Un año después, conoció a Juana Elbia Rosbaco de Paoloni, profesora de Letras, a quien llamaba Elbia, Elbiamor o Elbiamante.

En 1930, a los 29 años, ganó el Primer Premio Municipal de Poesía por el libro "Odas para el hombre y la mujer" (1929)

En 1941 obtuvo la más alta distinción de la poesía argentina: el Primer Premio Nacional de Poesía, por sus libros "Sonetos a Sophia" y "El centauro" (ambos de 1940).

En 1951 se estrenó la obra teatral Antígona Vélez (basada en la Antígona de Sófocles). Por esata obra recibió el Primer Premio Nacional de Teatro.

Murió el 26 de junio de 1970, en su hogar, a causa de un síncope.




Novelas

1948: Adán Buenosayres

1965: El banquete de Severo Arcángel

1970: Megafón, o la guerra

Cuentos

1926: El rey Vinagre

1939: El niño dios

1966: Narración con espía obligado

1968: El hipogrifo

1968: El beatle final

1971: Autobiografía de Sátiro

Poesía

1922: Los aguiluchos

1926: Días como flechas

1929: Odas para el hombre y la mujer

1936: Laberinto de amor

1937: Cinco poemas australes

1940: El centauro

1940: Sonetos a Sophia

1950: Canto de San Martín o Cantata sanmartiniana

1966: Heptamerón

1966: El poema de robot

Teatro

1951: Antígona Vélezn. 1​

1952: Las tres caras de Venus

1967: La batalla de José Luna

1978: Don Juan

2012: Alijerandro

2016: Polifemo

Ensayos

1937: Historia de la calle Corrientes

1939: Descenso y ascenso del alma por la belleza

1943: Vida de Santa Rosa de Lima

1966: Cuaderno de navegación


http://lavozcasilda.com.ar/efemerides-26-de-junio-de-1970-muere-leopoldo-marechal/

 (Buenos Aires, 1900 – 1970) Narrador, poeta, dramaturgo y ensayista argentino vinculado inicialmente al vanguardismo, aunque luego se orientó hacia posturas filosóficas neoplatónicas y de carácter nacionalista. Autor de Adán Buenosayres (1948), una de las novelas rupturistas que en la década de 1940 apuntaban hacia la superación del realismo dominante, Leopoldo Marechal pertenece al nutrido grupo de escritores que preludiaron el «Boom» de la literatura hispanoamericana de los años 60 y que serían reconocidos gracias a ese fenómeno editorial; en este sentido debe situársele junto a autores de la talla de Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Juan Rulfo, José María Arguedas o Agustín Yáñez.

Aunque esencialmente porteño, Leopoldo Marechal mantuvo estrecho contacto con la vida rural de Maipú, ciudad provinciana a la que iba a visitar a su tío, acompañándolo en sus viajes por el interior. Allí le llamaban «Buenos Aires», nombre que adoptaría para el protagonista de su famosa novela. A los dieciocho años quedó huérfano de padre y su condición de primogénito lo obligó a hacerse cargo de la familia: trabajó como maestro, bibliotecario y profesor de segunda enseñanza hasta 1955. Ocupó cargos públicos durante los gobiernos de Juan Domingo Perón, circunstancia que lo llevó al enfrentamiento con sus antiguos compañeros de generación literaria y relegó al olvido su obra, descubierta luego por las nuevas generaciones.

Fue poeta precoz: a los doce años escribió los primeros versos y publicó Los aguiluchos con poco más de veinte. Se vinculó a los grupos Proa y Martín Fierro. En 1926, en España, se relacionó con los redactores de La Gaceta Literaria y Revista de Occidente, mientras que en Francia se reunía con los pintores y escultores del llamado grupo de París: Antonio Berni, José Fioravanti y Lino Eneas Spilimbergo, entre otros.

Durante su segundo viaje a Europa, en 1929 (año en que publicó Odas para el hombre y la mujer), Leopoldo Marechal escribió los capítulos iniciales de Adán Buenosayres. Vivió hasta 1931 en París y a su regreso ingresó como redactor fundador al diario El Mundo y se reconcilió con la Iglesia católica. Publicó, entre otros, los poemarios Laberinto de amor (1936), dedicado a su primera esposa, Cinco poemas australes (1938), El centauro y Sonetos a Sophia (1940). En Descenso y ascenso del alma por la belleza (1939) dio cuenta de su poética, mientras que su postura estética y filosófica se encuentra en Cuaderno de navegación (1966). Enviudó en 1947 y en 1950 se unió a Elbia Rosbaco, inspiradora y destinataria de sus nuevos poemas.

Adán Buenosayres es a la vez alegoría, autobiografía y novela en clave que tiene como personajes a los exponentes de la vanguardia porteña, entre ellos Jorge Luis Borges. No fue bien recibida por la crítica, que la vio injusta y parcialmente como «una mala copia» del Ulises de James Joyce, y silenció lo esencial: su carácter insólito dentro de la tradición novelística en castellano, y la libertad igualmente inédita en el uso del lenguaje narrativo, aspectos que sólo destacó Julio Cortázar, por entonces un desconocido columnista que la saludó con lucidez y alborozo.

Obra en clave, de gran vigor alegórico y satírico, escrita a partir de una perspectiva cristiana y platónica que encuentra su adecuado modelo estructural en la Divina Comedia de Dante, Adán Buenosayres se divide en tres partes: en la primera el protagonista, Adán, despierta y realiza una expedición con un astrólogo y un grupo de «martínfierristas» por las calles y las afueras de Buenos Aires; en la segunda figura la biografía espiritual de Adán («El cuaderno de tapas azules»), y en la tercera cuenta el descenso al infierno de la oscura ciudad de Cacodelphia.

El banquete de Severo Arcángelo (1966) carece del andamiaje realista y en cierta medida costumbrista de la anterior, pero es asimismo una alegoría de cuño platónico. Megafón o la guerra (1970), su tercera novela, no alcanzó la riqueza de las anteriores, pero es una síntesis, en cierto sentido testamentaria, de las inquietudes políticas y metafísicas del autor, ligadas a la experiencia peronista.

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