¡BIENVENIDOS AL BLOG DEL TALLER LITERARIO DESPERTARES!

Bienvenidos al blog del TALLER LITERARIO DESPERTARES de la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, Córdoba, República Argentina.

Este blog se inicia el 14 de junio de 2011 para publicar los trabajos de los participantes del taller, que funciona en la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso".

Ilustración de la cabecera: "El desván de la memoria" de José Manzanares, creador de sueños, artista plástico de Linares, Jaén, España.

Seguidores

viernes, 31 de marzo de 2023

489. EL HAIKU: EL UNIVERSO EN UNA GOTA DE ROCÍO por Ramón Iván Suárez Camaal (mexicano, 1950)

 

                                                                                      

                                                                                                                                   Ramón Iván Suárez Camaal
Basho en bambú
trazó una mariposa.
Vuela su tinta.

Para algunos escritores el universo cabe en una gota de rocío. También miran el infinito en los ojos de un gato cuando resplandecen en la noche. Así Jorge Luis Borges descubrió el Aleph, punto de confluencia de todos los sitios, y otro iluminado, José Lezama Lima, el Tokonoma.

De modo similar el haikú es una llave que nos permite acceder al ámbito donde el vacío ocupa la materia y el tiempo se detiene gracias al estado de iluminación poética que en tan breves límites se produce. Imaginemos los jardines Zen de Japón: unas pocas piedras, unos cuantos trazos, dos o tres árboles sugieren el vasto mundo. Frente a ellos podríamos decir:

Jardín Zen
Las rocas ocupan
el sitio que les corresponde,
la primacía de una cumbre
no tiene importancia
frente a la precisión de lo breve.
Dos o tres árboles
o ninguno,
tal vez la brisa que recuerda
a las hojas del otoño.
La luna tiembla en el estanque
y hay pausas donde se abisma el vacío.

Lo ideal sería
gozar ante la página en blanco
—en su jardín Zen—
que el lápiz rastrilla.
Y así, detrás de las palabras,
hallar la permanencia.

Llega el haikú del milenario Japón y enraíza su bonsai en la lengua española. Conserva su carácter de miniatura —3 versos, 17 sílabas—. En ellos, la visión se ciega y habla con los otros sentidos: los del cuerpo y el alma transfigurados por el misterio en esta alquimia verbal y metafórica.

Si la libélula
tropezara en mis manos:
sol, tierra y cárcel.

(Angel Ketz Chan. 16 años)


Hay aquí una riqueza sugestiva propia de los que sueñan despiertos: el sol es el brillo de las alas de la libélula; la cárcel, las manos que la atrapan; la tierra, el color de esas manos. Y la libélula pudiera ser la poesía que las manos persiguen vanamente. Asoman otras interpretaciones, tantas como lectores.


Fue Mastsuo Basho quien elevó este género poético a su mayor altura, aunque hubo otros cultivadores no menos notables: Sokan, Buson, Issa, Shiki. Matsuo Bonefusa adoptó el seudónimo de Basho porque sus discípulos lo llamaron con el nombre de un árbol muy apreciado en Japón. Y bajo sus ramas atendieron sus lecciones de amor a la naturaleza. Los puedo imaginar caminando por el bosque detrás de su maestro o sentados en torno a él. De improviso una libélula se posa en un gajo, el más despierto de sus alumnos exclama:


Exenta de alas
esa roja libélula
sería gajo.

A lo que el maestro responde: "¡No! ¡No!", y corrige:

Si un par de alas
brotaran a ese gajo
sería libélula.

Esto, porque la poesía torna ágil lo estático, vuelve hermoso lo cotidiano. El haikú crea, con una descripción concisa, cierto estado de ánimo. Evoca, a través de una imagen, todo un mundo de sugerencias, captura en el instante los atisbos de eternidad.


Octavio Paz, al comentar esta forma poética breve, asienta:

"Desde un punto de vista puramente retórico el haikú se divide en dos partes, separadas por una palabra cuchillo: kireji. Una da la condición general y la ubicación temporal y espacial del poema (otoño o primavera, mediodía o atardecer, un árbol o una roca, la luna, un ruiseñor); la otra, relampagueante, debe contener un elemento activo. Una es descriptiva y casi enunciativa; la otra, inesperada (...). El haikú se convierte en anotación rápida, verdadera recreación de un momento privilegiado: exclamación poética, caligrafía..."


Ejemplifico:

       Elemento descriptivo o enunciativo: la telaraña.

       Elemento activo e inesperado: es el hilo de plata / que teje el viento.

Es la atmósfera espiritual, sin embargo, la dádiva del haikú al Occidente. Detener nuestra vertiginosa vida diaria para contemplar una flor que aroma la orilla de un estanque, armarnos de saludable paciencia para recorrer con los ojos del alma los hilos de la telaraña que se irisa con el sol mañanero, degustar la gota de miel de sus tres renglones. Qué remanso para nuestro vertiginoso vivir este prodigio de orfebrería verbal que nos legó Japón y aclimató en México el poeta modernista José Juan Tablada.

Escribir haikú apacigua. Para crearlos hay que ejercitar una aguda observación, paciencia y amor por plantas, animales y paisaje. La simplicidad rinde los mejores frutos; la metáfora debe emplearse moderadamente. Basho definió el haikú de este modo:

           Es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento.

Y en el momento en que escribía estas consideraciones bajó una mosca a la página llena de tachaduras, flechas, enmiendas y asertos. La mosca es un haikú viviente, ubicua criatura de la muerte y de la vida. Recordé uno de la escritora mexicana Gabriela Rábago Palafox:

Caligrafía
camino de la mosca
sobre la tinta.

Y encontré uno más de Shiki:

¿Venís a picar
mis ojos aún con vida?
¡Moscas, callad!

Escribir haikús es abandonarse a la contemplación: ver sin ver, estar presto a capturar una sensación, gozo franciscano de cantar a las criaturas de la creación, llegar al mundo por la escalera del vacío. Shiki, poeta más cercano a nuestro tiempo, aportó una serie de considerandos para los que cultivan este arte. Transcribo algunos:👇

👉-Sé natural.

-Ten en cuenta la perspectiva. Las cosas grandes lo son, sin duda, pero también las pequeñas pueden ser grandes si se ven de cerca.
-Un haikú no es una proposición lógica y no debe mostrar el proceso reflexivo.
-Sé conciso, omite cuanto no es útil.
-Haz acopio directo de material; no lo tomes de otros haikús.
-Emplea imágenes tomadas de la fantasía y de la realidad pero prefiere estas últimas.

Para los diletantes de la poesía o para los que apenas llegan a sus jardines son valiosos estos pétalos de la intuición. Pócima del ensueño, la tomamos a cuentagotas y aún así, su efecto es profundo, placentero. El que los escribe lanza esferas de jabón a los caminos del viento; el que los lee, persigue estas mariposas, estos colibríes de la palabra con el ánimo de dejarlos escapar. Apenas son el roce de unos labios en el cuerpo de la magia o polvo de luna que impregna los dedos y el espíritu.

No resisto la tentación de leerles algunos que salieron de mis manos y que sembré en la página:

Para el murciélago / dormido boca abajo / el día es noche.
Sed de la llama, / sed de la llama un grito, / Ah, mariposa.
Traduce el agua / al oído del niño / versos de Issa.
Puesto en palabras / quizá una flor sería / la faz del alma.
Cáliz en flor, / también en un haikú / cabría Dios.


El haikú no se agota con la primera lectura. Sirvan estos comentarios como una invitación a leerlos. A continuación transcribo algunos haikús de los niños y jóvenes del Taller Literario Syan Caan de Bacalar, quienes ofrecen así su florilegio de voces frescas.

La telaraña
es el hilo de plata
que teje el viento.

Carlos Tun Ruiz


La mariposa
se ha guardado en mis ojos,
bebe mis lágrimas.

Meztli V. Suárez Mc-liberty


Despierta al día
un alegre silbido:
es la cigarra.

Zeidy López


Pequeñas hadas
volaban por el aire
las mariposas.

Luis D. Canul Suárez


Sobre la tapia
el canto de los grillos
inquieta al viento.

Alma Delia Sánchez


La mariposa
le sirve de antifaz
al arco iris.

Citlalli Suárez Mc-Liberty


Su cola mueve
—cometa japonés—
una libélula.

Suemi Cocom Abam


Pico de cobre,

móvil nieve en el sol

la fina garza.

Rosa Mazaba C


Del cascarón

brota un pollo amarillo:

el astro sol.


Matilde Cornelio Canul


Miro una piedra,

es un pobre pájaro

que ya no vuela.


Daniel Cabrera Padilla


Es aquel pájaro

el corazón de un libro,

memoria y viento.


Adriana Cupul Itzá


Pájaro y jaula,

notas envejecidas

que ya no vuelan.


José Ortega Canché


Tan sólo un pájaro

alegra mi corazón

en el otoño.


Sandra Méndez Parra


La selva huye,

en el brazo del miedo

se cuelga un mono.


Reynaldo Rivera García


Venado altivo,

¿retoñarán tus cuernos

de ramas secas?


Nery González Cabrera


La garza blanca

es la novia del sol

esta mañana.


Karina May May


Luna creciente,

la sonrisa de Dios

asoma al cielo.


Gabriel Aké Kan


Llueve y hay frío;

me tapo con la noche

y tengo miedo.


Guadalupe Fuentes Allen


Cubre mis sueños

manto de lentejuelas,

hermosa noche.


Diana Franco Padilla


El caracol

con su música azul

arrastra el mar.


Omar Suárez Mc-Liberty


Besa un instante

los labios de la flor

el colibrí.


José Luis Rullán Lara


Sin que lo sepa

está siempre de luto

el zopilote.


Mauro Estrada Ramírez


Laguna blanca

y un camino infinito:

luz de la luna.


Ma. Antonieta Navarrete Tun


Vi una montaña

de papel arrugado

bajo la luna.


Emma Rivero Ucán


La luna: libro

donde escribí mi canto

cuando era niño.


Amílcar Orellana Ramírez


Querida Muerte,

revela tu secreto:

¿quién es quien sigue?


Meiser O. Tox Granados


Lloraste, mar.

Con una hoja blanca

seco tus lágrimas.


Tania Sol Portillo Martínez.


Veo mi plato

en donde brilla hermosa

la luna llena.


Reynaldo Poot Tec


El árbol ama

la historia de sus hojas.

Más tarde, nada.


Bárbara Domínguez Cortés


Siempre tan solo,

el pobre espantapájaros

pide respeto.


Miguel Sánchez Vera

domingo, 12 de marzo de 2023

488. EL CUENTO

 

Núcleos conceptuales:

-Qué es el cuento

-Elementos indispensables del cuento (conflicto y anécdota)

--Estructura básica de tensión narrativa (planteamiento, clímax y desenlace)

-Finales de cuento (abiertos, cerrados y de epifanía)

-Evolución del género (a través del tiempo)

Metodología:

-Eje conceptual del campo

Lectura de algunas definiciones del género y sus características vistas desde la teoría

Lectura de diversos cuentos que se han escrito a través del tiempo

-Eje cognitivo

Realización de ejercicios diseñados específicamente para provocar la creación de cuentos

Revisión y comentario de los textos escritos en clase

Propósitos generales

Que el estudiante conozca las características del cuento, sus elementos indispensables  y su estructura básica a través de un acercamiento a diversos textos generados a lo largo de la historia; así como que vaya adquiriendo algunas herramientas para la invención con el fin de que las aplique en la creación de su propios cuentos, a la vez que comienza a reflexionar sobre su proceso creativo.

Unidad 1: Qué es el cuento y cuáles son sus elementos indispensables

Propósito:

Que los estudiantes comiencen a familiarizarse con el cuento a través de diversas definiciones y aquellos elementos que son indispensables para que un texto pueda clasificarse como cuento, a fin de que comience a reflexionar sobre el género.

1.1. Definiciones del cuento

1.1.1. Según los teóricos

1.1.2. Según los escritores

1.2. Elementos indispensables para que un texto sea cuento

1.2.1. La anécdota

1.2.2. El conflicto

1.2.3. La estructura básica

1.2.3.1. Planteamiento, desarrollo, clímax y desenlace.

Unidad 2: Los orígenes del cuento.

Propósito: Que el  estudiante identifique las características formales de los mitos y las leyendas y observe el manejo del tiempo en narraciones de este, los personajes que intervienen y aquello que representan para que reconozca cómo la humanidad comenzó a fabular  y pueda   incorporarlas a su acervo de conocimientos.

2.1. La tradición oral

2.2.- El mito y la leyenda.

2.3.- Los mitos de origen y sus características fundamentales.

2.4.- Las leyendas y sus características fundamentales.

Unidad 3: El cuento antiguo.

Propósito: Que el estudiante se acerque a la estructura tradicional del cuento y logre identificar cómo  van cambiando los detalles de la narración según el pueblo que lo cuente, sin abandonar su estructura original,  para que el estudiante pueda retomarlas en la creación de su obra propia.

3.1.- El cuento y la identidad de los pueblos.

3.2.-  Los cuentos folklóricos.

3.3.- Los cuentos medievales.

Unidad 4: El cuento fantástico del siglo XIX. 

Propósito: Que el estudiante reconozca las características de un cuento fantástico del siglo XIX e identifique aquellos aspectos de estructura que ya conoce y por medio de ejercicios sea capaz de inventar un cuento fantástico.  

4.1.- Lo fantástico visionario.

4.2.- Lo fantástico cotidiano.

4.3.- Autores emblemáticos.

Unidad 5: El cuento moderno.

Propósito: Que el estudiante identifique las estructuras y características del cuento moderno y que por medio de ejercicios se le induzca a crear un cuento de su propia invención.

5.1.- Características fundamentales.

5.2.- Autores emblemáticos y su metodología.

Unidad 6. El cuento contemporáneo

Propósito: Que el estudiante analice su propio proceso creativo a partir de el reconocimiento de la obra de algunos escritores contemporáneos,  su metodología y las diversas formas de terminar un cuento, para que lo aplique en la creación de varios cuentos de su invención.

6.1.- Autores emblemáticos y su metodología.

6.2.- El cuento con final cerrado.

6.3.- El cuento con final abierto.

6.4.- El cuento con final de epifanía.

Metodología del curso

El propósito mismo de la carrera, que se enfoca sustancialmente hacia la creación, hace necesario que la teoría se vincule estrechamente a la práctica.

Eje conceptual

Lectura de cuentos y de la descripción metodológica escrita por varios cuentistas, así como críticos y teóricos acerca de los mismos.

Comentario de cuentos leídos fuera del aula (trabajo por cuenta propia).

Eje cognitivo

Realización de ejercicios de escritura dirigidos para poner en práctica los recursos vistos.

Lectura y análisis grupal de la creación individual.

Evaluación diagnóstica

Se les hará la solicitud de un cuento escrito dentro del salón de clase a partir de un ejercicio, esto permitirá observar el nivel de conocimientos y habilidades tanto como la capacidad creativa de cada estudiante.

Evaluaciones formativas

La evaluación es continua a través de la revisión de ejercicios y se realiza un corte al  término de cada unidad .

Evaluación para la certificación

El estudiante deberá presentar algunos cuentos de su propia invención de manera que quede manifiesto que comprendió e integró la estructura básica del cuento. Además un texto de reflexión sobre su proceso creativo en la que analice sus textos e identifique qué tipo de cuentos escribió.

Bibliografía básica para el estudiante

DEY, Teresa, (Comp.) Antología de Cuento I

https://uacmcuentouno.wordpress.com/acerca-de/programa-del-curso/


Definiciones de cuento según teóricos

EN SU DICCIONARIO, LA DOCTORA BERISTÁIN DEFINE AL CUENTO COMO:
Variedad del relato (“discurso que integra una sucesión de eventos de interés humano en la unidad de una misma acción.”) (BREMOND).  El cuento se realiza mediante la intervención de un narrador y con preponderancia de la narración sobre las otras estrategias discursivas (descripción, monólogo y diálogo), las cuales, si se utilizan suelen aparecer subordinadas a la narración y ser introducidas por ella.  […] El cuento se caracteriza porque en él, mediante el desarrollo de una sucesión de acciones interrelacionadas lógica y temporalmente, la situación en que inicialmente aparecen los protagonistas es objeto de una transformación. (Beristáin, 2001)

Para Seymour Menton, estudioso del quehacer cuentístico que entrega en su antología intitulada El cuento hispanoamericano, define el género como:

“…una narración, fingida en todo o en parte, creada por un autor, que se puede leer en menos de una hora y cuyos elementos contribuyen a producir un solo efecto”. (Menton, 2003)

Queda claro que al redactar su propuesta, Menton partía de lo dicho por Edgar Allan Poe, quien también tuvo que definir aquello que para él era cuento.  Poe publicaba sus impresiones sobre los libros de reciente aparición en algunos periódicos y revistas de la época (S. XIX), eran reseñas críticas en las que se limitaba a decir aquello que a él le parecía, a partir de su experiencia como creador y de sus lecturas, sin pretensiones científicas. Decía que el cuento “es una narración corta en prosa” y definió el cuento corto como una pieza literaria que “requiere de media hora a hora y media o dos para leerla.”[1]

[1] Edgar Allan Poe, “Filosofía de la composición”, apud. G.Cabrera Infante, op. Cit.,  p.13.Idem.



487. Algunos aspectos del cuento según Cortázar

                                                                              

CORTAZAR, Julio, “Algunos aspectos del cuento”


Puesto que voy a ocuparme de algunos aspectos del cuento como género literario, y es posible que algunas de mis ideas sorprendan o choquen a quienes las lean, me parece de una elemental honradez definir el tipo de narración que me interesa, señalando mi especial manera de entender el mundo.

Casi todos los cuentos que he escrito pertenecen al género llamado fantástico por falta de mejor nombre, y se oponen a ese falso realismo que consiste en creer que todas las cosas pueden describirse y explicarse como lo daba por sentado el optimismo filosófico y científico del siglo XVIII, es decir, dentro de un mundo regido más o menos armoniosamente por un sistema de leyes, de principios, de relaciones de causa y efecto, de psicologías definidas, de geografía bien cartografiadas. En mi caso, la sospecha de otro orden más secreto y menos comunicable, y el fecundo descubrimiento de Alfred Jarry, para quien el verdadero estudio de la realidad no residía en las leyes sino en las excepciones a esas leyes, han sido algunos de los principios orientadores de mi búsqueda personal de una literatura al margen de todo realismo demasiado ingenuo. Por eso, si en las ideas que siguen encuentran ustedes una predilección por todo lo que en el cuento es excepcional, trátese de los temas o incluso de las formas expresivas, creo que esta presentación de mi propia manera de entender el mundo explicará mi toma de posesión y mi enfoque del problema. En último extremo podrá decirse que solo he hablado del cuento tal y como yo lo practico. Y sin embargo, no creo que sea así. Tengo la certidumbre de que existen ciertas constantes, ciertos valores que se aplican a todos los cuentos, fantásticos o realistas, dramáticos o humorísticos. Y pienso que tal vez sea posible mostrar aquí esos elementos invariables que dan a un buen cuento su atmósfera peculiar y su calidad de obra de arte.


La oportunidad de cambiar ideas acerca del cuento me interesa por diversas razones. Vivo en un país -Francia- donde este género tiene poca vigencia, aunque en los últimos años se nota entre escritores y lectores un interés creciente por esa forma de expresión. De todos modos, mientras los críticos siguen acumulando teorías y manteniendo enconadas polémicas acerca de la novela, casi nadie se interesa por la problemática del cuento. Vivir como cuentista en un país donde esta forma expresiva es un producto casi exótico, obliga forzosamente a buscar en otras literaturas el alimento que allí falta. Poco a poco, en sus textos originales o mediante traducciones, uno va acumulando casi rencorosamente una enorme cantidad de cuentos del pasado y del presente, y llega el día en que puede hacer un balance, intentar una aproximación valorativa a ese género de tan difícil definición, tan huidizo en sus múltiples y antagónicos aspectos, y en última instancia tan secreto y replegado en sí mismo, caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía en otra dimensión del tiempo literario.


Pero además de ese alto en el camino que todo escritor debe hacer en algún momento de su labor, hablar del cuento tiene un interés especial para nosotros, puesto que casi todos los países americanos de lengua española le están dando al cuento una importancia excepcional, que jamás había tenido en otros países latinos como Francia o España. Entre nosotros, como es natural en las literaturas jóvenes, la creación espontánea precede casi siempre al examen crítico, y está bien que así sea. Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes. En primer lugar, no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco incasillable; en segundo lugar los teóricos y los críticos no tienen por qué ser los cuentistas mismos, y es natural que aquellos sólo entren en escena cuando exista ya un acervo, un acopio de literatura que permita indagar y esclarecer su desarrollo y sus cualidades.


En América, tanto en Cuba como en México o Chile o Argentina, una gran cantidad de cuentistas trabaja desde comienzos de siglo, sin conocerse entre sí, descubriéndose a veces de manera casi póstuma. Frente a ese panorama sin coherencia suficiente, en el que pocos conocen a fondo la labor de los demás, creo que es útil hablar del cuento por encima de las particularidades nacionales e internacionales, porque es un género que entre nosotros tiene una importancia y una vitalidad que crecen de día en día. Alguna vez se harán las antologías definitivas -como las hacen los países anglosajones, por ejemplo- y se sabrá hasta dónde hemos sido capaces de llegar. Por el momento no me parece inútil hablar del cuento en abstracto, como género literario. Si nos hacemos una idea convincente de esa forma de expresión literaria, ella podrá contribuir a establecer una escala de valores para esa antología ideal que está por hacerse. Hay demasiada confusión, demasiados malentendidos en este terreno. Mientras los cuentistas siguen adelante su tarea, ya es tiempo de hablar de esa tarea en sí misma, al margen de las personas y de las nacionalidades. Es preciso llegar a tener una idea viva de lo que es el cuento, y eso es siempre difícil en la medida en que las ideas tienden a lo abstracto, a desvitalizar su contenido, mientras que a su vez la vida rechaza angustiada ese lazo que quiere echarle la conceptualización para fijarla y categorizarla. Pero si no tenemos una idea viva de lo que es el cuento habremos perdido el tiempo, porque un cuento, en última instancia, se mueve en ese plano del hombre donde la vida y la expresión escrita de esa vida libran una batalla fraternal, si se me permite el término; y el resultado de esa batalla es el cuento mismo, una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia. Sólo con imágenes se puede trasmitir esa alquimia secreta que explica la profunda resonancia que un gran cuento tiene entre nosotros, y que explica también por qué hay muchos cuentos verdaderamente grandes.


Para entender el carácter peculiar del cuento se le suele comparar con la novela, género mucho más popular y sobre el cual abundan las preceptivas. Se señala, por ejemplo, que la novela se desarrolla en el papel, y por lo tanto en el tiempo de la lectura, sin otro límite que el agotamiento de la materia novelada; por su parte, el cuento parte de la noción de límite, y en primer término de límite físico, al punto que en Francia, cuando un cuento excede las veinte páginas, toma ya el nombre de nouvelle, género a caballo entre el cuento y la novela propiamente dicha. En ese sentido, la novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que una película es en principio un «orden abierto», novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación. No sé si ustedes han oído hablar de su arte a un fotógrafo profesional; a mí siempre me ha sorprendido el que se exprese tal como podría hacerlo un cuentista en muchos aspectos. Fotógrafos de la calidad de un Cartier-Bresson o de un Brasai definen su arte como una aparente paradoja: la de recortar un fragmento de la realidad, fijándole determinados límites, pero de manera tal que ese recorte actúe como una explosión que abre de par en par una realidad mucho más amplia, como una visión dinámica que trasciende espiritualmente el campo abarcado por la cámara. Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que dé el «clímax» de la obra, en una fotografía o en un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos, que no solamente valgan por sí mismos, sino que sean capaces de actuar en el espectador o en el lector como una especie de apertura, de fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad hacia algo que va mucha más allá de la anécdota visual o literaria contenidas en la foto o en el cuento. Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out. Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que prefieran, y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos. El cuentista sabe que no puede proceder acumulativamente, que no tiene por aliado al tiempo; su único recurso es trabajar en profundidad, verticalmente, sea hacia arriba o hacia abajo del espacio literario. Y esto, que así expresado parece una metáfora, expresa sin embargo lo esencial del método. El tiempo del cuento y el espacio del cuento tienen que estar como condenados, sometidos a una alta presión espiritual y formal para provocar esa «apertura» a que me refería antes. Basta preguntarse por qué un determinado cuento es malo. No es malo por el tema, porque en literatura no hay temas buenos ni temas malos, solamente hay un buen o un mal tratamiento del tema. Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka. Un cuento es malo cuando se lo escribe sin esa tensión que debe manifestarse desde las primeras palabras o las primeras escenas. Y así podemos adelantar ya que las nociones de significación, de intensidad y de tensión han de permitirnos, como se verá, acercarnos mejor a la estructura misma del cuento.


Decíamos que el cuentista trabaja con un material que calificamos de significativo. El elemento significativo del cuento parecería residir principalmente en su tema, en el hecho de escoger un acaecimiento real o fingido que posea esa misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismo, al punto que un vulgar episodio doméstico, como ocurre en tantos admirables relatos de una Katherine Mansfield o un Sherwood Anderson, se convierta en el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico. Un cuento es significativo cuando quiebra sus propios límites con esa explosión de energía espiritual que ilumina bruscamente algo que va mucho más allá de la pequeña y a veces miserable anécdota que cuenta. Pienso, por ejemplo, en el tema de la mayoría de los admirables relatos de Antón Chejov. ¿Qué hay allí que no sea tristemente cotidiano, mediocre, muchas veces conformista o inútilmente rebelde? Lo que se cuenta en esos relatos es casi lo que de niños, en las aburridas tertulias que debíamos compartir con los mayores, escuchábamos contar a los abuelos o a las tías; la pequeña, insignificante crónica familiar de ambiciones frustradas, de modestos dramas locales, de angustias a la medida de una sala, de un piano, de un té con dulces. Y, sin embargo, los cuentos de Katherine Mansfield, de Chéjov, son significativos, algo estalla en ellos mientras los leemos y nos proponen una especie de ruptura de lo cotidiano que va mucho más allá de la anécdota reseñada.


Ustedes se han dado ya cuenta de que esa significación misteriosa no reside solamente en el tema del cuento, porque en verdad la mayoría de los malos cuentos que todos hemos leído contienen episodios similares a los que tratan los autores nombrados. La idea de significación no puede tener sentido si no la relacionamos con las de intensidad y de tensión, que ya no se refieren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la técnica empleada para desarrollar el tema. Y es aquí donde, bruscamente, se produce el deslinde entre el buen y el mal cuentista. Por eso habremos de detenernos con todo el cuidado posible en esta encrucijada, para tratar de entender un poco más esa extraña forma de vida que es un cuento logrado, y ver por qué está vivo mientras otros, que aparentemente se le parecen, no son más que tinta sobre papel, alimento para el olvido.


Miremos la cosa desde el ángulo del cuentista y en este caso, obligadamente, desde mi propia versión del asunto. Un cuentista es un hombre que de pronto, rodeado de la inmensa algarabía del mundo, comprometido en mayor o en menor grado con la realidad histórica que lo contiene, escoge un determinado tema y hace con él un cuento. Este escoger un tema no tan es sencillo. A veces el cuentista escoge, y otras veces siente como si el tema se le impusiera irresistiblemente, lo empujara a escribirlo. En mi caso, la gran mayoría de mis cuentos fueron escritos -cómo decirlo- al margen de mi voluntad, por encima o por debajo de mi consciencia razonante, como si yo no fuera más que un médium por el cual pasaba y se manifestaba una fuerza ajena. Pero eso, que puede depender del temperamento de cada uno, no altera el hecho esencial, y es que en un momento dado hay tema, ya sea inventado o escogido voluntariamente, o extrañamente impuesto desde un plano donde nada es definible. Hay tema, repito, y ese tema va a volverse cuento. Antes que ello ocurra, ¿qué podemos decir del tema en sí? ¿Por qué ese tema y no otro? ¿Qué razones mueven consciente o inconscientemente al cuentista a escoger un determinado tema?


A mí me parece que el tema del que saldrá un buen cuento es siempre excepcional, pero no quiero decir con esto que un tema deba de ser extraordinario, fuera de lo común, misterioso o insólito. Muy al contrario, puede tratarse de una anécdota perfectamente trivial y cotidiana. Lo excepcional reside en una cualidad parecida a la del imán; un buen tema atrae todo un sistema de relaciones conexas, coagula en el autor, y más tarde en el lector, una inmensa cantidad de nociones, entrevisiones, sentimientos y hasta ideas que flotan virtualmente en su memoria o su sensibilidad; un buen tema es como un sol, un astro en torno al cual gira un sistema planetario del que muchas veces no se tenía conciencia hasta que el cuentista, astrónomo de palabras, nos revela su existencia. O bien, para ser más modestos y más actuales a la vez, un buen tema tiene algo de sistema atómico, de núcleo en torno al cual giran los electrones; y todo eso, al fin y al cabo, ¿no es ya como una proposición de vida, una dinámica que nos insta a salir de nosotros mismos y a entrar en un sistema de relaciones más complejo y hermosos? Muchas veces me he preguntado cuál es la virtud de ciertos cuentos inolvidables. En el momento los leímos junto con muchos otros, que incluso podían ser de los mismos autores. Y he aquí que los años han pasado, y hemos vivido y olvidado tanto. Pero esos pequeños, insignificantes cuentos, esos granos de arena en el inmenso mar de la literatura, siguen ahí, latiendo en nosotros. ¿No es verdad que cada uno tiene su colección de cuentos? Yo tengo la mía, y podría dar algunos nombres. Tengo William Wilson de Edgar A. Poe; tengo Bola de sebo de Guy de Maupassant. Los pequeños planetas giran y giran: ahí está Un recuerdo de Navidad de Truman Capote; Tlön, Uqbar, Orbis Tertius de Jorge Luis Borges; Un sueño realizado de Juan Carlos Onetti; La muerte de Iván Ilich, de Tolstoi; Cincuenta de los grandes, de Hemingway; Los soñadores, de Izak Dinesen, y así podría seguir y seguir… Ya habrán advertido ustedes que no todos esos cuentos son obligatoriamente de antología. ¿Por qué perduran en la memoria? Piensen en los cuentos que no han podido olvidar y verán que todos ellos tienen la misma característica: son aglutinantes de una realidad infinitamente más vasta que la de su mera anécdota, y por eso han influido en nosotros con una fuerza que no haría sospechar la modestia de su contenido aparente, la brevedad de su texto. Y ese hombre que en un determinado momento elige un tema y hace con él un cuento será un gran cuentista si su elección contiene -a veces sin que él lo sepa conscientemente- esa fabulosa apertura de lo pequeño hacia lo grande, de lo individual y circunscrito a la esencia misma de la condición humana. Todo cuento perdurable es como la semilla donde está durmiendo el árbol gigantesco. Ese árbol crecerá en nosotros, dará su sombra en nuestra memoria.


Sin embargo, hay que aclarar mejor esta noción de temas significativos. Un mismo tema puede ser profundamente significativo para un escritor, y anodino para otro; un mismo tema despertará enormes resonancias en un lector, y dejará indiferente a otro. En suma, puede decirse que no hay temas absolutamente significativos o absolutamente insignificantes. Lo que hay es una alianza misteriosa y compleja entre cierto escritor y cierto tema en un momento dado, así como la misma alianza podrá darse luego entre ciertos cuentos y ciertos lectores. Por eso, cuando decimos que un tema es significativo, como en el caso de los cuentos de Chejov, esa significación se ve determinada en cierta medida por algo que está fuera del tema en sí, por algo que está antes y después del tema. Lo que está antes es el escritor, con su carga de valores humanos y literarios, con su voluntad de hacer una obra que tenga un sentido; lo que está después es el tratamiento literario del tema, la forma en que el cuentista, frente a su tema, lo ataca y sitúa verbal y estilísticamente, lo estructura en forma de cuento, y lo proyecta en último término hacia algo que excede el cuento mismo. Aquí me parece oportuno mencionar un hecho que me ocurre con frecuencia, y que otros cuentistas amigos conocen tan bien como yo. Es habitual que en el curso de una conversación, alguien cuente un episodio divertido o conmovedor o extraño, y que dirigiéndose luego al cuentista presente le diga: «Ahí tienes un tema formidable para un cuento; te lo regalo.» A mí me han reglado en esa forma montones de temas, y siempre he contestado amablemente: «Muchas gracias», y jamás he escrito un cuento con ninguno de ellos. Sin embargo, cierta vez una amiga me contó distraídamente las aventuras de una criada suya en París. Mientras escuchaba su relato, sentí que eso podía llegar a ser un cuento. Para ella esos episodios no eran más que anécdotas curiosas; para mí, bruscamente, se cargaban de un sentido que iba mucho más allá de su simple y hasta vulgar contenido. Por eso, toda vez que me he preguntado: ¿Cómo distinguir entre un tema insignificante, por más divertido o emocionante que pueda ser, y otro significativo?, he respondido que el escritor es el primero en sufrir ese efecto indefinible pero avasallador de ciertos temas, y que precisamente por eso es un escritor. Así como para Marcel Proust el sabor de una magdalena mojada en el té abría bruscamente un inmenso abanico de recuerdos aparentemente olvidados, de manera análoga el escritor reacciona ante ciertos temas en la misma forma en que su cuento, más tarde, hará reaccionar al lector. Todo cuento está así predeterminado por el aura, por la fascinación irresistible que el tema crea en su creador.


Llegamos así al fin de esta primera etapa del nacimiento de un cuento, y tocamos el umbral de su creación propiamente dicha. He aquí al cuentista, que ha escogido un tema valiéndose de esas sutiles antenas que le permiten reconocer los elementos que luego habrán de convertirse en obra de arte. El cuentista está frente a su tema, frente a ese embrión que ya es vida, pero que no ha adquirido todavía su forma definitiva. Para él ese tema tiene sentido, tiene significación. Pero si todo se redujera a eso, de poco serviría; ahora, como último término del proceso, como juez implacable, está esperando al lector, el eslabón final del proceso creador, el cumplimiento o fracaso del ciclo. Y es entonces que el cuento tiene que nacer puente, tiene que nacer pasaje, tiene que dar el salto que proyecte la significación inicial, descubierta por el autor, a ese extremo más pasivo y menos vigilante y muchas veces hasta indiferente que se llama lector. Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les basta escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su turno a los lectores. Incurren en la ingenuidad de aquel que encuentra bellísimo a su hijo, y da por supuesto que todos los demás lo ven igualmente bello. Con el tiempo, con los fracasos, el cuentista capaz de superar esa primera etapa ingenua, aprende que en la literatura no bastan las buenas intenciones. Descubre que para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con sus circunstancias de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse este secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema, le den su forma visual y auditiva más penetrante y original, lo vuelvan único, inolvidable, lo fijen para siempre en su tiempo y en su ambiente y en su sentido más primordial. Lo que llamo intensidad en un cuento consiste en la eliminación de todas las ideas o situaciones intermedias, de todos los rellenos o fases de transición que la novela permite e incluso exige. Ninguno de ustedes habrá olvidado El barril de amontillado, de Edgar A. Poe. Lo extraordinario de este cuento es la brusca prescindencia de toda descripción de ambiente. A la tercera o cuarta frase estamos en el corazón del drama, asistiendo al cumplimiento implacable de una venganza. Los asesinos, de Hemingway, es otro ejemplo de intensidad obtenida mediante la eliminación de todo lo que no converja esencialmente al drama. Pero pensemos ahora en los cuentos de Joseph Conrad, de D. H. Lawrence, de Kafka. En ellos, con modalidades típicas de cada uno, la intensidad es de otro orden, y yo prefiero darle el nombre de tensión. Es una intensidad que se ejerce en la manera con que el autor nos va acercando lentamente a lo contado. Todavía estamos muy lejos de saber lo que va a ocurrir en el cuento, y sin embargo no podemos sustraernos a su atmósfera. En el caso de El barril de amontillado y de Los asesinos, los hechos despojados de toda preparación saltan sobre nosotros y nos atrapan; en cambio, en un relato demorado y caudaloso de Henry James -La lección del maestro, por ejemplo- se siente de inmediato que los hechos en sí carecen de importancia, que todo está en las fuerzas que los desencadenaron, en la malla sutil que los precedió y los acompaña. Pero tanto la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto de lo que antes llamé el oficio de escritor, y es aquí donde nos vamos acercando al final de este paseo por el cuento.


En mi país, y ahora en Cuba, he podido leer cuentos de los autores más variados: maduros o jóvenes, de la ciudad o del campo, entregados a la literatura por razones estéticas o por imperativos sociales del momento, comprometidos o no comprometidos. Pues bien, y aunque suene a perogrullada, tanto en la Argentina como aquí los buenos cuentos los están escribiendo quienes dominen el oficio en el sentido ya indicado. Un ejemplo argentino aclarará mejor esto. En nuestras provincias centrales y norteñas existe una larga tradición de cuentos orales, que los gauchos se transmiten de noche en torno al fogón, que los padres siguen contando a sus hijos, y que de golpe pasan por la pluma de un escritor regionalista y, en una abrumadora mayoría de casos, se convierten en pésimos cuentos. ¿Qué ha sucedido? Los relatos en sí son sabrosos, traducen y resumen la experiencia, el sentido del humor y el fatalismo del hombre de campo; algunos incluso se elevan a la dimensión trágica o poética. Cuando uno los escucha de boca de un viejo criollo, entre mate y mate, siente como una anulación del tiempo, y piensa que también los aedos griegos contaban así las hazañas de Aquiles para maravilla de pastores y viajeros. Pero en ese momento, cuando debería surgir un Homero que hiciese una Iliada o una Odisea de esa suma de tradiciones orales, en mi país surge un señor para quien la cultura de las ciudades es un signo de decadencia, para quien los cuentistas que todos amamos son estetas que escribieron para el mero deleite de clases sociales liquidadas, y ese señor entiende en cambio que para escribir un cuento lo único que hace falta es poner por escrito un relato tradicional, conservando todo lo posible el tono hablado, los giros campesinos, las incorrecciones gramaticales, eso que llaman el color local. No sé si esa manera de escribir cuentos populares se cultiva en Cuba; ojalá que no…


http://www.litterarius.com.es/algunos_aspectos_del_cuento.htm

https://uacmcuentouno.wordpress.com/un-poco-de-teoria/algunos-aspectos-del-cuento-segun-cortazar/

 

sábado, 11 de marzo de 2023

486. La poesía: una forma poderosa de expresión - El antes y después del proceso de escribir un poema por Lisandro Gallardón


 # La poesía: una forma poderosa de expresión

La poesía es una forma de arte que nos permite expresar nuestras emociones y pensamientos más profundos de una manera única y poderosa. A través de la poesía, podemos transmitir nuestra visión del mundo y contar nuestra propia historia de una manera auténtica.

Escribir poesía puede parecer un desafío, pero no hay una única forma correcta de hacerlo. Lo importante es encontrar tu voz y estilo de escritura. Para ayudarte a empezar, aquí hay algunos consejos prácticos:

**Encuentra inspiración**

La poesía puede ser inspirada por cualquier cosa: la naturaleza, las emociones, la música, la gente, los lugares, etc. Busca inspiración en tu vida diaria y escribe sobre lo que te apasiona. Puedes tomar un paseo por el parque, observar los colores del atardecer o simplemente reflexionar sobre tus propias experiencias. Encuentra lo que te emociona y te inspira y utiliza esas emociones como combustible para tus poemas.

**Sé honesto**

La poesía es una forma de expresión personal, y lo más importante es ser auténtico en lo que escribes. No intentes imitar el estilo de otro poeta o escribir lo que crees que agradará a otros. Escribe desde tu propia perspectiva y experiencia. La honestidad emocional y la autenticidad son las claves para que tu poesía sea auténtica y conmovedora. No tengas miedo de mostrar tus verdaderos sentimientos y emociones.

**Experimenta con diferentes técnicas**

La poesía es una forma de arte, y como tal, hay muchas técnicas diferentes que puedes usar para crear efectos interesantes en tus poemas. Prueba diferentes técnicas, como la aliteración, la rima, el verso libre y la metáfora, para ver cuáles funcionan mejor para ti. Cada técnica puede ser utilizada de diferentes maneras para lograr una variedad de efectos y emociones. Experimenta con diferentes estructuras y estilos de rima para crear un poema que sea único y emocionante.

**Edita y revisa**

Una vez que hayas escrito un poema, tómate el tiempo para editarlo y revisarlo. A menudo, encontrarás maneras de mejorar tu poema y hacerlo más efectivo. La edición y revisión te ayudarán a pulir tu poema y aclarar tu mensaje. Revisa el poema varias veces, haciéndote preguntas como: ¿Estoy diciendo lo que realmente quiero decir? ¿Es el poema coherente y fluido? ¿Hay algo que pueda añadir o quitar para hacer el poema más efectivo?

**Comparte tu poesía**

La poesía es una forma de expresión artística que puede conmover a los demás. Comparte tus poemas con amigos, familiares o incluso en línea. Obtén comentarios y opiniones para mejorar tu habilidad y estilo de escritura. Escuchar las opiniones de los demás es una forma importante de crecer como escritor y de mejorar tu capacidad para conectarte emocionalmente con el lector.

Además de estos consejos, es importante recordar que la poesía es una forma de arte que no tiene límites. No te preocupes por seguir las reglas o las convenciones, simplemente deja que tus pensamientos y emociones fluyan libremente. No te desanimes si tu poema no sale perfecto en el primer intento. La poesía es un proceso y requiere práctica y paciencia para perfeccionarla.

En la poesía, la elección de las palabras es crucial. La selección de las palabras adecuadas puede ayudar a crear una imagen vívida en la mente del lector y evocar una emoción específica. Asegúrate de que tus palabras sean precisas y concisas, y evita el uso excesivo de palabras innecesarias.

Además, la poesía es una forma de arte que puede ser enriquecedora y terapéutica. A través de la poesía, puedes explorar tus propias emociones y pensamientos más profundos, y encontrar una salida creativa para tus sentimientos. La poesía puede ayudarte a procesar tus emociones, aclarar tus pensamientos y encontrar una perspectiva nueva y única de la vida.

En resumen, la poesía es una forma poderosa de expresión que puede ayudarte a conectarte con tus emociones y pensamientos más profundos. Utiliza estos consejos para comenzar y deja que la poesía te guíe en tu viaje de autodescubrimiento. 

¡Buena suerte escribiendo!

https://laboratoriodelpoeta.notion.site/Blog-c1d3e10c969147deaa8e12b50852b40f?p=5f199eb2cf3e444e90f0019523accfc6&pm=c




# El antes y después del proceso de escribir un poema

Por Lisandro Gallardón

Escribir un poema puede ser una experiencia emocionante y gratificante, pero también puede ser un desafío. Desde encontrar la inspiración hasta la edición final, escribir un poema implica varios pasos importantes. Aquí te presentamos el antes y después del proceso de escribir un poema:

**Antes de escribir un poema**

Antes de comenzar a escribir un poema, es importante encontrar la inspiración. Puedes encontrar inspiración en cualquier lugar, desde la naturaleza hasta las emociones. A veces, es difícil encontrar la inspiración adecuada para escribir un poema, especialmente si estás enfrentando un bloqueo creativo. Sin embargo, hay algunas cosas que puedes hacer para ayudarte a encontrar la inspiración adecuada. Por ejemplo, puedes leer poesía de otros autores, salir a caminar y observar el mundo que te rodea, o simplemente reflexionar sobre tus propias experiencias y emociones.

Después de encontrar la inspiración, el siguiente paso es elegir un estilo y una longitud para tu poema. ¿Quieres escribir un soneto o un poema libre? ¿Cuántas líneas tendrá tu poema? Elegir un estilo y una longitud adecuados puede ayudarte a enfocar tu poema y a evitar divagaciones innecesarias.

Una vez que hayas elegido un estilo y una longitud, es hora de comenzar a escribir tus ideas. Escribe todo lo que se te ocurra sobre tu tema, sin preocuparte por la estructura o la rima en este punto. Puedes hacer una lluvia de ideas, crear una lista de palabras clave o incluso escribir un boceto de tu poema. El objetivo es capturar todas las ideas que tengas y plasmarlas en papel.

Una vez que hayas escrito tus ideas, es hora de darle forma a tu poema. Decide cómo quieres que esté estructurado tu poema. ¿Quieres que tenga estrofas? ¿Cuántas líneas tendrá cada estrofa? ¿Quieres que tenga un patrón de rima? La estructura adecuada puede ayudar a que tu poema tenga una sensación cohesiva y atractiva.

Sin embargo, escribir un poema no siempre es fácil. A veces, puedes sentirte atrapado o perdido mientras intentas darle vida a tus ideas. En esos momentos, es importante recordar que la escritura es un proceso y que puede requerir tiempo y paciencia. No te desanimes si tu poema no sale bien en el primer intento. Tómate un descanso y vuelve a revisarlo más tarde. A veces, un poco de distancia puede ayudarte a ver tu poema con nuevos ojos.


**Después de escribir un poema**

Una vez que hayas completado tu primer borrador, es hora de comenzar a editarlo y revisarlo. La edición y revisión son esenciales para cualquier forma de escritura, incluyendo la poesía. Toma el tiempo para leer y editar tu poema varias veces antes de compartirlo. Asegúrate de que cada palabra sea exactamente la que quieres y que tu poema fluya bien. Presta atención a la gramática, la puntuación y la ortografía. Si es posible, pídele a alguien más que lea tu poema y te dé su opinión. Los comentarios de otra persona pueden ayudarte a identificar problemas que no notaste.

Agrega detalles y metáforas para hacer que tu poema sea más interesante y evocador. Las metáforas pueden agregar profundidad y significado a tu poema. Agrega detalles sobre el tema que has elegido para hacer que tu poema sea más vívido y memorable. Lee tu poema en voz alta varias veces para detectar cualquier problema con el ritmo o la rima. También te permitirá escuchar cómo suena tu poema y cómo fluye. Si algo no suena bien, ajusta el ritmo o la rima según sea necesario.

Finalmente, comparte tu poema con amigos, familiares o incluso en línea. Escucha sus comentarios y ajusta tu poema si es necesario. También puedes considerar publicar tu poema en una revista literaria o en un blog de poesía. Compartir tus poemas puede ayudarte a obtener comentarios y críticas constructivas que pueden ayudarte a mejorar.

En conclusión, escribir un poema puede ser un proceso emocionante y gratificante. Desde encontrar la inspiración hasta la edición final, escribir un poema implica varios pasos importantes. Si sigues estos pasos, podrás escribir poesía hermosa y evocadora que te permita expresarte de manera creativa. Recuerda, la escritura es un proceso y requiere tiempo y paciencia. ¡Así que toma un lápiz y un papel y comienza a escribir poesía hoy mismo!

https://laboratoriodelpoeta.notion.site/Blog-c1d3e10c969147deaa8e12b50852b40f?p=02fb12286bc4465ab88d49bc33f28598&pm=c

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...