¡BIENVENIDOS AL BLOG DEL TALLER LITERARIO DESPERTARES!

Bienvenidos al blog del TALLER LITERARIO DESPERTARES de la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, Córdoba, República Argentina.

Este blog se inicia el 14 de junio de 2011 para publicar los trabajos de los participantes del taller, que funciona en la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso".

Ilustración de la cabecera: "El desván de la memoria" de José Manzanares, creador de sueños, artista plástico de Linares, Jaén, España.

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sábado, 12 de noviembre de 2022

494. AUTOR, NARRADOR Y LECTOR

🖋😀🖊Yo soy el autor implícito de mi relato. También estoy hecho de palabras. Puedo narrar yo o cualquiera de mis narradores y puedo usar más de un narrador en mis cuentos para comunicarme con mi lector implícito.


😄Soy el narrador, el autor me creó con el fin de que vea la historia y la relate desde donde me encuentre.

                                              

😈👻👺HISTORIA O DIÉGESIS👽💀😇


😎📖Yo soy el lector implícito de esta obra, soy el receptor de la historia que el autor implícito escribió para mí. Soy el lector ideal para quien se hizo la obra. Al leer, me convierto en co-creador de esta historia.




Antes que nada, es pertinente hacer notar la diferencia entre el/la escritor/a (ser humano de carne y hueso)[1] y el narrador de una historia.  Óscar Tacca, en su libro Las voces de la novela, dice que “La categoría de ‘autor’ es la del escritor que pone todo su oficio, todo su pasado de información literaria y artística, todo su conocimiento e ideas (no sólo las que en la vida sustenta) al servicio del sentido unitario de la obra que elabora.” [2]    Aclara que la imagen de ‘autor’ es una convención ideal.   Pero aún este autor ideal, no es en definitiva el narrador de una historia, sino el encargado de crear a dicho narrador. Según Alberto Paredes:


La persona que cuenta la novela o el cuento no es propiamente el autor, sino aquel ser que dentro del texto personifica una proyección singular del autor como emisor del discurso literario.”[3]


Para diferenciar al ser humano de la figura que escribe un texto. W. Booth crea la categoría de autor implícito, misma que representa al autor específico de una obra cuyo trabajo se centra exclusivamente en lo que está escribiendo. Como se trata de una categoría difícil de comprender, cito lo que propone  Paredes para explicar al autor implícito:


 «…entidad [que] no tiene correspondencia forzosa con el narrador.  Son dos [narrador y autor implícito] figuras del autor en distinto nivel.  Aun cuando en muchas obras se da esta correlación, porque el narrador representa con apego la conducta y la identidad del autor,[…]teóricamente no debe cumplirse fidelidad alguna…”[4].

Y la entrada del Glosario de narratología complementa la información:


AUTOR IMPLÍCITO. La voz que desde dentro del DISCURSO novelístico, de cuya estructura participa como sujeto inmanente de la enunciación, transmite mensajes para la recta interpretación de la HISTORIA, adelanta metanarrativamente peculiaridades del DISCURSO, hace comentarios sobre los personajes, da informaciones complementarias generalmente de tipo erudito, e incluso transmite contenidos de evidente sesgo ideológico.  Por todo ello tiende a confundirse con el AUTOR EMPIRICO, del que sin embargo, debe ser distinguido radicalmente.”[5]


El autor empírico es una persona histórica total, de carne y hueso que tiene familia y que en la calle no anda contando historias, sino que maneja su automóvil, va a un restaurant y es capaz de escribir no una obra, sino muchas en las que tendrá que convertirse en diversos autores implícitos, según la obra que emprenda. El autor implícito se comunica directamente con un  lector implícito que es su lector ideal, en quien está pensando como perfecto leyente de su obra, quizá es un desdoblamiento de sí mismo como lector.  Según Luz Aurora Pimentel:  “el autor, al construir su texto, tiene en mente un tipo de lector al cual va dirigido su discurso, y que, simétricamente, ha sido llamado <<lector implícito>> o <<virtual>>.”[6]

Obviamente, el autor empírico es un ser humano igual que el lector empírico.  La doctora Pimentel aporta una interesantísima aclaración al término:


«Todo lector real está, por así decirlo, invitado a jugar un papel dentro del texto, a ocupar un lugar definido por el lector implícito, aunque es evidente que no estará obligado a ocuparlo de manera pasiva» [7]

Es decir que para que se cierre el círculo del acto literario, debe existir un receptor que lo deconstruya y lo reconstruya a través de su propia carga de subjetividad, de ahí la importancia de la función del lector que es la de co-crear la obra.

[1]  Beristáin, Diccionario de retórica y poética, México, Porrúa, 2001, 

[2] Óscar Tacca, Las voces de la novela, Madrid, Gredos, 1978, pp.17-18.

[3] Alberto Paredes, Las voces del relato, México, Universidad Veracruzana, 1987. p.29.

[4] Alberto Paredes, Op.Cit. p.30.

[5] Darío Villanueva, Glosario de narratología .

[6] Luz Aurora Pimentel, El relato en perspectiva, estudio de teoría narrativa, México, SXXI/UNAM, 2008, p.174


https://uacmenunciacionyvoces.wordpress.com/el-autor-el-narrador-y-el-lector/

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miércoles, 24 de noviembre de 2021

467. El narrador en segunda persona gramatical

 La segunda persona

+El narrador en segunda persona gramatical



El narrador en 2º persona es un narrador controvertido, porque desde la teoría se le niega la existencia.  Genette afirma que en realidad solo existe una primera persona que emite el discurso; otros como Luz Aurora Pimentel y Helena Beristáin consideran que la segunda es apenas un deslizamiento de la primera persona.  A partir de los estudios de Butor, Alberto Paredes menciona las dos categorías de esta segunda persona, sin embargo advierte que se trata de un tema poco estudiado.  Ya que este trabajo está destinado a quienes se proponen escribir, me atrevo a proponer algunos matices en segunda persona que enriquezcan su práctica a la hora de elegir un narrador.


Aparentemente no es nada nuevo que un narrador se dirija a su narratario, esa era una práctica común en las novelas del siglo XIX: “Como verá el querido lector”, sin embargo, durante el siglo XX, esta fórmula se desarrolló de manera por demás interesante, baste mencionar a cuatro grandes escritores que hicieron de esta segunda persona un mediador muy eficaz, como es el caso de Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Ítalo Calvino y Rosa Montero.


+Características generales del narrador en la segunda persona gramatical

Con la segunda persona gramatical podemos encontrar matices del narrador muy interesantes porque a través de un yo presente o ausente se dirigen a un tú que es al mismo tiempo el protagonista y el lector.  Hay momentos en que pueden dirigirse al protagonista y ser una especie de dios que le dicta qué debe hacer; o convertirse en su conciencia y espejo, una especie de alter ego interior.  También puede ser una entidad que le cuenta la historia a los personajes, siempre hablándoles directamente de tú, como si estuviera presente.  Otra opción es cuando se dirige al lector como si lo estuviera viendo y lo arrastra a la trama, incluso puede crear complicidades con el lector al deslizarse sutilmente de primera a segunda.


Según Alberto Paredes la segunda persona aparece cuando:

El narrador usa la extraña persona tú para dirigirse a su personaje o personajes.  Estos son designados por la segunda persona.  El narrador se ubica en una primera persona, un yo se oculta detrás de sus propias palabras y las únicas personas consistentes y efectivas son los personajes, nombrados ya sea como un tú (o usted) o él.  Así pues, irrefutablemente se tiene una narración en segunda persona.[1]


Michel Butor ha estudiado con particular interés este proceso narrativo.  Él dice que hay que obligar al personaje a contar su historia, porque miente, oculta o se oculta a sí mismo cosas.  “Así, siempre que se quiera describir un auténtico proceso de la conciencia, el nacimiento mismo del lenguaje o de un lenguaje, la segunda persona será la más eficaz”[2]


 



+Las categorías del narrador en segunda persona.

 Alberto Paredes menciona dos categorías básicas en esta segunda persona: aquella en donde aparece un yo explícito que se comunica a un tú, es la segunda aparente; y otra donde ese yo queda implícito es la segunda plena.

La segunda aparente, donde se trasluce un yo que le habla a un tú, y que evidentemente hace alusiones en primera persona.

Según Paredes, encontramos una segunda persona aparente cuando: “El narrador no simula al lector que eso que lee son acontecimientos en sí, «vidas»; no crea esa ilusión; lo interpela directamente y dice que le va a contar una historia.”[1]


La segunda plena siempre narra en tú, sin que se trasluzca el yo detrás.  “Cuando ya no se evidencia  su realidad de primera persona y crea el circuito de segunda persona con el personaje.  Entonces, las posibilidades apuntadas de la segunda persona tienen mejor campo de desarrollo.”[2]



+Narradores en segunda aparente:

 El epistolar

En una carta, solemos hablar desde la primera persona con el receptor  que se convierte en un tú; este narrador habla al lector y al personaje al mismo tiempo desde un yo de letra, por eso prefiero llamar a éste el narrador epistolar.


El narrador cómplice

 Dentro de la segunda aparente cabría el caso de alguien que contara en primera y se fuera deslizando hacia la segunda para involucrar y crear una complicidad inconsciente con el lector,  por esa razón, llamo a este caso el narrador cómplice. Un excelente ejemplo es el de Rosa Montero en La hija del caníbal:


"A pesar de mi sobrenombre [Fortuna], no estoy muy convencido de que la buena suerte exista.  Pero sí sé que existe la desgracia.  La desgracia es como un mundo sin sol y sin estrellas, un mundo paralelo al que vivimos.  Un día, tal vez por descuido, por azar, por torpeza, te deslizas sin querer al mundo de las sombras. Al principio apenas si adviertes la diferencia, al principio ignoras que te has equivocado de realidad.  Algo se tuerce, algo sale mal, sobreviene el dolor.  Pero todos creemos que lo superaremos, que saldremos de ésta.  Que ya hemos dejado lo peor atrás, porque no puede haber nada peor que lo ya vivido".[1]



+Narradores con segunda persona plena

 El narrador  titiritero

En este caso, el narrador se encuentra fuera de la historia, es una especie de omnisciente que le dicta la historia al protagonista y al lector al mismo tiempo.   Es un dios implacable éste es el caso de lo que llamo el narrador titiritero como el que utiliza Carlos Fuentes  en Aura.


"LEES ESE ANUNCIO: UNA OFERTA DE ESA NATURALEZA no se hace todos los días. Lees y relees el aviso.  Parece dirigido a ti, a nadie más.  Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la taza de té que has estado bebiendo en este cafetín sucio y barato.  Tú reelás.  Se solicita historiador joven.  […]  Vivirás ese día, idéntico a los demás, y no volverás a recordarlo sino al día siguiente, cuando te sientes de nuevo en la mesa del cafetín, pidas el desayuno y abras el periódico.  Al llegar a la página de anuncios, allí estarás, otra vez, esas letras destacadas historiador joven.  Nadie acudió ayer.  Leerás el anuncio.  Te detendrás en el último renglón: cuatro mil pesos".[1]


Respecto a este narrador en particular dice la doctora Beristáin:

"como si el autor, desde una primera persona implícita, se dirigiera a un personaje, o al lector, o a sí mismo, no solo en presente o en pretérito, sino inclusive en futuro […] en este caso la narración  parece adquirir una carga significativa de mandato o augurio".”[2]


El espejo-conciencia

 Otra opción de la segunda plena es la que llamo del espejo-conciencia. Aquí estamos hablando de un desdoblamiento del yo de la protagonista que se dirige a ella desde su propia conciencia, aquí el juego interesante es que al usar el tú, este narrador parece hablarle al lector, pero en realidad le habla a la faceta humana que comparte la protagonista con el lector. Por lo tanto es por fuerza el alter ego del personaje quien narra y está profundamente inmerso en la historia, aunque tiene oportunidad de reflexionar y tomar distancia.


Al respecto dice Helena Beristáin quien a su vez cita a Butor:

"O puede también interpretarse como la manifestación de un personaje desdoblado, o como alguien “a quien se le cuenta su propia historia, algo de sí mismo que él no conoce, o que ha olvidado o que nunca supo”, o que finge ignorar, lo que no puede decir de él mismo, por lo que  “el narrador le presta su voz”.[1]


+Deslizamiento entre la segunda plena y la segunda aparente

También existe la posibilidad de combinar ambas posibilidades a partir de deslizamientos entre un narrador en segunda plena y uno en segunda aparente.


El narrador que involucra al lector

Otra opción mixta es la que llamo de el narratario involucrado, en este caso nos encontramos con un narrador interno y externo a la historia, a la vez.  Se trata de una especie de un "avec" (del francés=con) del lector o narratario, y omnisciente en  la historia, es decir, parece estar fuera del texto y saber qué está haciendo el lector y cómo reacciona con respecto al desarrollo de la historia; por lo tanto le indica  al narratario qué debe hacer, pensar y sentir.  Habla con quien lo está leyendo, a veces cuenta la historia de manera directa y más adelante utiliza el discurso indirecto. Se trata de una especie de puente que hace que el lector o narratario cruce hacia la historia y forme parte de ella o que la historia salga y forme parte del ámbito cotidiano del lector.  El narrador le habla directamente al narratario y lo involucra en la trama, como si estuviera presente, a ratos utiliza una segunda aparente con un yo detrás y en otros momentos la segunda plena, como lo hace Ítalo Calvino en Si una noche de invierno un viajero[1]:

"Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Ítalo Calvino, Si una noche de invierno un viajero.  Relájate.  Concéntrate.  Aleja de ti cualquier otra idea.  Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!».  Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!».  Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Ítalo Calvino!».  O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz".   […]

"Las luces de la estación y las frases que estás leyendo parecen tener la tarea de disolver más que indicar las cosas que afloran de un velo de oscuridad y niebla.  Yo he bajado en esta estación esta noche por primera vez en mi vida y ya me parece haber pasado en ella toda una vida, […] Yo soy el hombre que va y viene entre el bar y la cabina telefónica.  O sea: ese hombre se llama «yo» y no sabes más de él, al igual que esta estación se llama solamente «estación» y al margen de ella no existe sino la señal sin respuesta de un teléfono que suena en una habitación oscura de una ciudad lejana".[2]


Ítalo Calvino (1923-1985)

https://www.lifeder.com/segunda-persona/

 https://uacmenunciacionyvoces.wordpress.com/las-personas-gramaticales/la-segunda-persona/

https://uacmenunciacionyvoces.files.wordpress.com/2011/08/segunda-persona-grc3a1ficos-pdf.pdf


[1] Véase H. Beristáin, Análisis estructural del relato literario, Op. Cit., p.117

[1] Véase Alberto Paredes, Op. Cit. p. 72.

[2] Véase Michel Butor, Sobre literatura II, (trad. C. Pujol), Barcelona, Seix Barral, 1967, p.80.

[1] Véase Paredes, Op. Cit., p. 74.

[2] Ibidem, p. 78.

[1] Véase Rosa Montero, La hija del caníbal, Madrid, Espasa, 1998. pp.200-201

[1] Véase Carlos Fuentes,Aura, México, ERA, 1995, pp. 11-12.

[2] Véase Helena Beristáin, Análisis estructural del relato literario, Op. Cit. p.117.

.[1] Véase Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, Madrid, Ediciones Siruela, 1989.

[2] Véase Ítalo Calvino, Si una noche de invierno un viajero… (Trad. Esther Benítez), Madrid, Siruela, 1989, pp.11 y 20.


domingo, 23 de septiembre de 2018

342. CUENTOS DE REGLAMENTO SIMPLE por Gustavo Nielsen del 26-06-2017





"El cuento es un ejercicio de manipulación. El texto debe tener la suficiente cantidad de anzuelitos para mantenerte mirando". ¿Cómo escribir así? Aquí, algunos consejos del escritor Gustavo Nielsen, autor de libros como Playa quemada, El amor enfermo y La otra playa, Premio Clarín Alfaguara 2010.

1.-Me gustan los juegos simples, esos en los que el reglamento puede contarse en una línea. “Con tu bola tenés que pegarle a las otras dos, cada vez que lo lográs hacés carambola y así podés seguir jugando”. Billar. “En el saque la pelotita debe entrar en tu cancha y en la otra sin tocar la red; de ahí en más solamente en la del contrario”. Pimpón. Me gusta que alguien pueda responder en una línea cuando otro le pregunte “¿cómo se juega a esto?”.
En ambos casos se requieren poquísimos elementos: mesas, paletas, tacos, bolas.
El cuento es así.
Los recursos son muy básicos, unas hojas y un lápiz. Con eso tenés que escribir una historia que tenga un comienzo gancho, un desarrollo entretenido y un final imprevisto. Con eso tenés que enamorarme entre cinco minutos y una hora. Parece fácil, sin embargo es la cosa más difícil de hacer de la literatura, que todo el mundo intenta y vuelve a intentar; por el que decenas de personas van a talleres y pierden cantidades astronómicas de tiempo.
Por qué digo recursos básicos: si fuera cine necesitaríamos cámaras, carros, lámparas, rieles.
Necesitaríamos fletes para llevar todos esos objetos al lugar de filmación, y precisaríamos acordar ese lugar: no es lo mismo filmar en un lago que en una montaña. Se pueden hacer escenografías, pero normalmente son más caras que mandarse a los propios escenarios.
El lugar da lo mismo si lo que vamos a hacer es ponernos a escribir. Podemos escribir acerca de un lago o una montaña cómodamente sentados en la cocina de nuestras casas. Y también podemos escribir sobre fantasmas, aunque no existan, sin recurrir a carísimos efectos especiales.

2.-El oficio de escritor, según Don Julio Cortázar, consiste “en lograr ese clima propio (…) que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse ese secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema, le den su forma visual y auditiva más penetrante y original, lo vuelvan único, inolvidable, lo fijen para siempre en su tiempo y en su ambiente y en su sentido más primordial”.

Cortázar habla de secuestro momentáneo; yo me atrevería a agregar que es un secuestro sano, si los hay. Y muchísimo menos fascista que el secuestro del cine. En una sala de cine nos apagan la luz, nos agrandan las imágenes y sonidos de manera atronadora, nos fijan a una butaca que solamente puede mirar hacia delante y nos fuerzan a quedarnos sentados a riesgo de perdernos alguna parte de la trama. Hasta en esto es diferente: si tenemos ganas de hacer pis perdemos la continuidad. No conozco a nadie que esté atado a la silla a la hora de leer un cuento.

3.-El cuento es un ejercicio de manipulación. El texto debe tener la suficiente cantidad de anzuelitos para mantenerte mirando. Debe tener un buen hall de entrada: con iluminación y un techo donde buscar las llaves al resguardo en el caso de que llueva. El autor te tiene que recibir aunque esté muerto, y te tiene que dar una palmada en la espalda cada vez que la subida se pone ardua. Porque es una subida, ya lo dijo una vez Guillermo Martínez: leer es como trepar una montaña. Cuesta, pero el premio es extraordinario. Le escuché la frase para criticar los planes de lectura que hacen los gobiernos, en los que dicen que leer es fácil. No. Leer es bien difícil, aunque tiene su recompensa al llegar a la cumbre con esfuerzo. El orgullo que sentís por haberlo hecho, el paisaje que se ve, el cansancio bien ganado, el temple de espíritu.
Fácil es mirar la TV.
Me gustan los cuentos en los que el autor es un experto manipulador. Puede exigirnos, nos lleva, nos trae, nos excita. Y nosotros, lectores, tan sin darnos cuenta…

4.-Para lograr eso el escritor tiene que manejarse con economía. Si tuviéramos que pagar por cada adjetivo que ponemos en un texto, nos fijaríamos más. A esto le llamo economía de las palabras. Al fin y al cabo se trata de lo que Quiroga nos aconsejó en su decálogo, sacarle el “ripio” al paisaje. Demostrarle al lector que sabés conducir, sin hacerle perder tiempo. La cuestión del tiempo perdido es importante en el tema de los cuentos.
La búsqueda del tiempo perdido en el de la novela.

5.-Lápiz, papel.
Una idea, un tono, un lenguaje, una visión y años de oficio.
La intrepidez puede suplantar al oficio.
Con esos ingredientes convocar una historia que provoque el asombro de los demás. Que haga llorar, reír o dé miedo. Que haga pensar, te rechace o te ponga incómodo.
Queremos leer historias extraordinarias. Para cosas comunes tenemos nuestras propias vidas.
Queremos leer sobre robos a bancos, engaños fatales, asesinatos perfectos, viajes imposibles; queremos leer sobre amores insaciables, grandes fracasos; catástrofes, incesto. Los mejores cuentos tienen olor a prohibición, y estiran la tensión en las relaciones como si nunca se pudieran romper. En los mejores cuentos nunca nada de lo humano funciona demasiado bien.
Si tenés un temperamento más duro vas a preferir a Hemingway y a Flannery O´Connor.
Si la sutileza domina tu vida, a Cheever o a Alice Munro.

6.-La idea de ser amable con el lector no es fácil para el escritor, es un adicional que debe tomar. Ya no solo tiene que esforzarse para que lo que dice se parezca a lo que el otro leerá, sino que debe jugarse para que el otro no abandone prematuramente la lectura. Debe tenerlo ahí atrapado hasta que el cuento se termine. Es el mismo esfuerzo que tiene que hacer cualquier persona para conocer a otra: se llama seducción.
El lector se da cuenta de que algo está mal escrito cuando saltea párrafos, y también agradece cuando al cuento no le sobra ni una palabra, lo que pasa muy pocas veces. Acá, casi únicamente con Borges y Saer. En Uruguay, con el gran Onetti.
Finalmente la obra puede ser un enigma, pero ese enigma tiene que estar acompañado de las palmaditas en la espalda. Como te estás morfando esto, te voy a ayudar. El escritor que me gusta es como El Amigo Americano de Higsmith, que te mete en problemas pero también te va a ir a salvar, para garantizarte que vas a salir de los quilombos en los que te metió.
Nunca te dejará solo.

7.-Algo sobre los personajes, ah. Esa familia inventada que nos sigue a todas partes. Jamás los juzguen. Que ellos actúen. El escritor les da entidad, después los tiene que dejar que vayan, digan, hagan. El escritor tiene que ser lo suficientemente piadoso para comprender que todos sus personajes tienen defectos y virtudes. Más que tratar de dirigirlos, hay que orientarlos y cuidarlos para que sean ellos mismos. No hay que preferir uno a otro, no hay que tomar partido. Todos ellos tienen que salir bien parados al final, todos tienen que provocar una mínima ternurita, por más hijos de puta que sean. Por más mentirosos, por más irresponsables. Si el escritor no logra instalar un efecto de quiebre en algún momento, ese personaje no servirá, porque no va a provocar empatía con ningún lector.
Un personaje sin empatías es descartable.

8.-Hay que hacerle creer al lector lo que viste en otros planetas, unas formas de vida que él no se imagina. Me encantan los escritores que tienen un plan que va más allá de la historia que cuentan, que se propusieron manipularte más de la norma. Onetti en “Esjbert en la costa”, o Casciari en 8.-“Basdala”. Estos escritores deciden duplicar la apuesta, hacerte llorar y reír al mismo tiempo, en el mismo relato. Los dos son igual de amables con el que los lee. Leer literatura auto explicada está bien, aunque leer algo sumamente cruzado y entenderlo es el triunfo supremo.
La primera vez que leí el Ulyses tenía dieciséis años, en esa edad uno entiende todo, por lo tanto no tuve problemas. Lo leí y chau. Al lector joven le pasa lo mismo que al octogenario: lee con una impertinencia serial.
La segunda vez fue a los cuarenta y ocho, y el morto qui parla pide explicaciones a cada renglón. Por suerte hay un libro de Gamerro que es más largo que el de Joyce y te va resolviendo enigma tras enigma del Ulyses; yo lo leí a la par, y terminé llorando por la maravilla de novela que había terminado. Literalmente, un viaje. Gracias James, pero también gracias Carlitos. La satisfacción es lo que más aprendí a agradecerle a la vida.

9.-Además de ser un libro difícil, al Ulyses lo apretó el tiempo, que pasa siempre, y en el que los escritores no podemos saber qué se va a entender en el futuro, o qué quedará.

10.-Empecé a escribir porque leí a Quiroga. Me había hipnotizado al punto de legarme sus ganas de asustar. Y lo que comprendí en su momento era que ese tipo me estaba hablando desde la tumba, a mis cortos seis años, y me asustaba desde sus huesos vueltos polvo hacía rato. Eso que dejó en sus cuentos seguía dando resultado. Su miedo resultó porque las palabras estaban correctamente alineadas para dar miedo. Yo estaba entrando en una trampa tendida desde el pasado. Poe tendiéndomela hace unos doscientos años; Kipling hace cien, Borges hace cincuenta. Esa es la maravilla.
Si sos escritor de los buenos, te morís menos.



https://www.eternacadencia.com.ar/blog/taller-literario/item/cuentos-de-reglamento-simple.html

https://milanesaconpapas.blogspot.com/2017/06/cuentos-de-reglamento-simple.html

martes, 21 de junio de 2011

03. EL GÉNERO NARRATIVO (Continuación)


Temas: Lenguaje ~ Diálogo I ~ Estructura ~ Diálogo II  ~ Tiempo ~ Velocidad ~ Espacio ~ Personajes  

EL LENGUAJE
En este punto se trata de organizar la trama. Todos los hechos tiene que ser significativos para que el cuento llegue a ser funcional y ágil. Hay que planificar y saber cómo vas a organizar ese material narrativo con el que cuentas.
No se trata sólo de contar una realidad tal cual sino de dar un tratamiento artístico a esa realidad. A primera vista puede parecer que se roba espontaneidad al hecho que tú quieres narrar. Pero esto no es cierto porque un buen relato debe "impresionar" la sensibilidad, provocar un placer que el argumento por sí solo es incapaz de hacer.
EL LENGUAJE: Para darle tratamiento artístico nos valemos del lenguaje que se concreta en dos categorías.
Narración: Donde siempre hay un narrador que nos cuenta la historia
Diálogo: Donde cada personaje expresa sus opiniones.
En la narración el elemento que predomina es la acción, interesa más lo que hacen los personajes que lo que son. Lo que prima en este tipo de escritos es el suceso, quiénes lo realizan y cómo se desarrolla.

Para conseguir una buena narración hay que tener en cuenta las normas siguientes:
1 - Establecer un orden lógico de los acontecimientos, de modo que se logre una estructura adecuada
2 - El argumento tiene que girar en torno a una acción central, aunque puedan existir otros hechos secundarios.
3 - El desarrollo de la acción en escenas requiere la trabazón entre ellas, para lograr coherencia.
4 - Cada hecho se tiene que nombrar con precisión y propiedad, por lo cual abundarán los verbos.
5 - La forma verbal que da más actualidad al relato es el presente y la que más de repite es el pretérito indefinido. También se utiliza el pretérito imperfecto con sentido durativo.
6 - Según el tipo de narración, se emplean: o bien frases breves, para expresar rapidez en el transcurso de la acción, o bien frases largas, cuando los hechos se desarrollan de modo pausado y lento.
7 - El valor de la narración se basa en la creación de personajes sicológicamente coherentes y en acciones interesantes.
8 - Para comenzar es aconsejable que la extensión de la narración sea moderada.


Por lo que se refiere al DIÁLOGO, el intercambio oral sostenido entre dos o más interlocutores es la forma de exposición que predomina en el teatro, aunque también aparece en relatos y algunas veces en los ensayos. El carácter de los personajes se da a conocer a través de lo que ellos mismos dicen, y el autor no tiene que manifestarse, por tanto, de un modo omnisciente.

TIPOS DE DIÁLOGO:
-Estilo directo:
Se expresa literalmente lo que los interlocutores dicen:
Juan me pregunto: "¿Dónde estás en este momento?"
-Estilo indirecto:
Alguien cuenta lo que otros dicen. La expresión experimenta una serie de cambios, aparece un nexo en lugar de los dos puntos y la forma verbal cambia. Este estilo resulta menos vivo y auténtico:
Juan me preguntó que dónde estaba yo en ese momento.
-Estilo directo libre:
Lo que alguien piensa o dice se reproduce como una frase independiente. No existe el nexo, ni el verbo que introduce la frase:
El muchacho soñaba despierto, iré de viaje de fin de curso.
-Estilo indirecto libre:
Exactamente igual que el anterior, pero, en este caso, la persona en que está el verbo de esa frase independiente es la tercera:
El muchacho soñaba despierto, iría al viaje de fin de curso.
El estilo indirecto libre es una de las grandes aportaciones de Flaubert a la técnica literaria. Por medio de ella intenta que la narración sea más objetiva para apartarse de la manipulación del narrador omnisciente propio de la época. El gran novelista francés escribía: "El artista debe estar en su obra como Dios en la Creación, invisible y todopoderoso, de tal manera que se sienta en todo, pero que no se le vea."
Sus características son:
- Aligera la narración al eliminar algunos elementos gramaticales (El verbo introductor y la conjunción "que")
- Permite una penetración del punto de vista del autor en lo que el personaje dice o piensa. Es como si lo conociera íntimamente, como si el personaje y el narrador se fundieran en una sola persona.
- Es más verosímil. El lector percibe aquello con mayor "verdad"
El estilo indirecto libre significó el primer paso de la novela para narrar directamente el proceso mental, para describir la intimidad, no por sus manifestaciones exteriores (actos o palabras) a través de la interpretación de un narrador o un monólogo oral, sino presentándola mediante una escritura que parecía domiciliar al lector en el centro de la subjetividad del personaje. - Vargas Llosa.


Recursos estilísticos del diálogo:
Utilización de frases cortas, abundancia de interrogaciones y exclamaciones, repetición de palabras... Especialmente si se tarta de un diálogo en forma coloquial.
Puede haber novelas enteramente dialogadas, algunos las llaman dramáticas. Podemos hallar también novelas sin diálogo, son novelas de tipo impresionista que se acercan extraordinariamente a la poesía. Dejando a un lado los casos extremos, lo más común es que la novela consista en una combinación equilibrada entre narración y diálogo.
Hay que tener en cuenta, por un lado, que el lenguaje del narrador debe adecuarse a su personalidad. Igual que el lenguaje del diálogo deberá ser consecuente con el personaje.
Por otro lado, tanto el diálogo como la narración tienen que ajustarse al ritmo de la acción. No tiene que usarse porque sí, tiene que tener su razón de ser. En el transcurso de la acción pueden aparecer muchas acciones seguidas (narración), esto, es exceso, puede restar espontaneidad y, todo lo contrario, si se establece un diálogo no necesario entre varios personajes en el que la información es abundante, también puede ser un peso muerto. Por eso a la hora de utilizar un diálogo hay que saber muy bien cuándo y en qué momento, para que esa escena viva e inmediata ofrezca al lector sensación de realidad.

El diálogo se puede utilizar:
- Para retomar acontecimientos que están desparramados a lo largo de la trama y hacer una apretada síntesis de ellos.
- Para dar a conocer un hecho pasado del que no se ha dicho nada y que interesa para aclarar algo o para continuar la trama
- Cuando queremos captar la atención del lector sobre algún personaje o algún tema a través de pistas, advertencias, promesas...
- Para meter al lector, de lleno, en la historia, utilizando voces características con lo que se consigue ampliar la ambientación sin necesidad de describir nada.
- Con un diálogo, quizás se consigue mejor que el lector se emocione.

ESTRUCTURA ABIERTA – ESTRUCTURA CERRADA:
De entrada, para empezar a concebir un relato, tenemos dos posibilidades. Puedes preverlo desde ahora mismo, haciendo un esquema de lo que vas a escribir y el orden en que vas a escribirlo, algo así como los “planos” de una casa. para ello, puedes pensar: Cómo empiezo, cómo voy desenvolviendo esa situación inicial y por último, cómo cabo, de qué manera cierro definitivamente ese proceso. Estas narraciones con esquema previo, que desarrollan historias que comienzan, se extienden y concluyen, entran dentro de lo que los especialistas llaman: estructura cerrada.
Pero tienes otra opción, la estructura abierta. Aquí no hay exposición, desarrollo y desenlace como tales, los hechos no se cierran con un final que les dé sentido.
EL MONTAJE:
Una historia puede estar dividida en capítulos, o puede ser toda ella un gran capítulo. Los capítulos son unidades de lectura, unidades de intención, así como, unidades rítmicas. Si desmontamos el capítulo en unidades más pequeñas, nos encontramos con lo que vamos a llamar “secuencias”. En una secuencia coinciden los tres componentes básicos narrativos: personajes, espacio y tiempo. Cuando uno de estos tres componentes varía, se da el cambio de secuencia.
El cambio de capítulo se visualiza en una narración con el salto de página, la más de las veces numerándolos en orden de su desarrollo. El cambio de secuencia se visualiza separando los párrafos con una mayor distancia o colocando entre ellos varios asteriscos * * *
EL ORDEN:
La estructura puede seguir el desarrollo de la anécdota o no. Puedes empezar a contar la historia a partir de un momento cumbre y luego, adelantar o atrasar acontecimientos. Pero no tienes por qué seguir la cronología de los hechos. A veces, por efectismo, por aclarar unas cosas, para iluminar otras..., conviene avanzar acciones posteriores o adelantar datos al final.
El hecho de comenzar una historia desde la mitad de la acción recibe el nombre de “in media res”
Si la historia sigue el desarrollo de los hechos de forma cronológica estamos ante una estructura “lineal” de la acción.
Si, por el contrario, se adelantan y se retrasan acontecimientos dentro de una misma historia, la estructura será “no lineal” o “discontinua”. Esto es frecuente en la novela policíaca. Empezar por el crimen y luego ir reconstruyendo toda la acción, hasta ese momento. O bien a partir de ese momento cumbre, y seguir la narración en un doble sentido: Uno de reconstrucción hacia atrás con el análisis de las causas, la personalidad de los asesinos... Y otra narración hacia delante con la huida, reacciones, acción de la justicia.

LA IMPORTANCIA DEL DIÁLOGO
Veíamos anteriormente la importancia que tiene el: MOSTRAR EN LUGAR DE NARRAR:
"los buenos escritores pueden decir casi todo lo que tiene lugar en la ficción que escribe, salvo los sentimientos de los personajes" Esta cita de Gardner nos parece fundamental porque los sentimientos NO hay de decirlos, sino que deben ser mostrados mediante acciones.
EL SENTIMIENTO DEBE DESPERTARSE NO DEFINIRLO
Un buen relato debe "impresionar" la sensibilidad, provocar un placer que el argumento por sí solo es incapaz de hacer.
El carácter de los personajes se da a conocer a través de lo que ellos mismos dicen, y el autor no tiene que manifestarse, por tanto, de un modo omnisciente.
"El artista debe estar en su obra como Dios en la Creación, invisible y todopoderoso, de tal manera que se sienta en todo, pero que no se le vea." Flaubert
EL DIÁLOGO SE PUEDE UTILIZAR:
Para retomar acontecimientos que están desparramados a lo largo de la trama y hacer una apretada síntesis de ellos.
Para dar a conocer un hecho pasado del que no se ha dicho nada y que interesa para aclarar algo o para continuar la trama
Para captar la atención del lector sobre algún personaje o algún tema a través de pistas, advertencias, promesas...
Para meter al lector, de lleno, en la historia, utilizando voces características con lo que se consigue ampliar la ambientación sin necesidad de describir nada.
Para que el lector se emocione.
Tanto el diálogo como la narración tienen que ajustarse al ritmo de la acción. No tiene que usarse porque sí, tiene que tener su razón de ser. En el transcurso de la acción pueden aparecer muchas acciones seguidas (narración), esto, es exceso, puede restar espontaneidad.
El lenguaje del narrador debe adecuarse a su personalidad. Igual que el lenguaje del diálogo deberá ser consecuente con el personaje.
Lo más común es que la novela consista en una combinación equilibrada entre narración y diálogo.

EL TIEMPO
Este es un punto revelante dentro del relato, A la hora de escribir uno, es necesario concretar el tiempo en el que sucede la acción. Para esto tenemos que ver en cuántos años sucede la anécdota, en qué periodo de la historia ocurre y cómo se indica el paso del tiempo. Además, analizaremos el tiempo verbal que se puede emplear al narrar, así como la visión objetiva o subjetiva que se da del tiempo.
Un relato lo puedes plantear como una seria de hechos que ocurren a lo largo de la vida de dos o tres generaciones de personas, o bien como sucesos ocurridos en unos días o en unas horas. Suponiendo que en ambos casos la extensión sea aproximadamente la misma, habrá gran desproporción entre e tiempo que pasa y las páginas que dedicas a narrarlo.
En el primer caso, el modo de indicar al lector los grandes saltos temporales, en periodos tan largos, puede ser a través de fechas, de personajes que crecen o envejecen, de ciudades o casas modificadas por el tiempo, etc. Para narrar periodos largos no serán necesarias descripciones extensas ni explicaciones concisas, se dará importancia sobre todo al paso del tiempo.
TIEMPO OBJETIVO Y TIEMPO SUBJETIVO
Tiempo objetivo es el que marcan el reloj y los calendarios. El tiempo subjetivo, por el contrario, se define como al sensación que de ese tiempo tienen los personajes (horas que se hacen eternas, o días que pasan como un soplo) Por lo tanto, existe un tiempo lógico pero el escritor, de acuerdo con las necesidades del relato, lo fragmenta, lo tergiversa, lo transforma. Así, en una narración, un lunes no necesariamente sigue a un domingo, ni 1992 a 1991. De hecho, hay novelas que comienzan en un periodo actual y terminan en un pasado remoto; respuestas que llegan antes que la carta o novelas como Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, donde el lector conoce el final desde el principio. En un relato se pueden suceder años, siglos, en pocas páginas, y un minuto puede durar muchas horas de lectura.
Sabemos, pues, que existe el tiempo objetivo, el del reloj y los calendarios, pero escribimos según el tiempo subjetivo, el que exige el relato.
Entonces, la conexión entre tiempo objetivo y el subjetivo puede operarse mediante:
INVERSIONES: Acontecimientos relatados antes que otros que son anteriores; por ejemplo, el clásico cadáver con el que empiezan las novelas policiales, y luego el crimen.
HISTORIAS ENGARZADAS: Se interrumpe el orden de una historia para narrar otra. Ej. Las mil y una noche.
ESCAMOTEO: Cuando se omiten años anteros en la vida de un personaje.
RESUMEN: Cuando en una página se resume un largo período de una vida.
ANÁLISIS: La escritura es más vasta en el tiempo que en la historia narrada.
REPETICIÓN: Coincide con la visión plural del narrador, es cuando una historia es contada varias veces.
En la narración del XIX, para expresar este tiempo subjetivo, se utilizaban fórmulas como: "El minuto de espera se me hizo un siglo". En la narración actual se amontonan en un periodo muy corto una serie de vivencias, recuerdos, deseos,... que realmente parece que pasa un siglo respecto a lo que va a ocurrir a continuación.
Con la técnica del monólogo interior se consigue esto, a través de la superposición de planos temporales: el autor habla, sin casi distinguirlos, de recuerdos del pasado, proyectos para el porvenir, de sucesos presentes que se entienden gracias a hechos pasados,...
A la hora de escoger uno u otro tiempo, no se puede dejar la elección al azar, sino que depende del punto de vista y de la estructura escogidos. Por ejemplo: No tiene sentido una visión objetiva del tiempo en un monólogo interior. Ni es compatible una estructura totalmente lineal con la visión subjetiva. Es decir, si tu narrador es omnisciente y la estructura es lineal, el tiempo será más objetivo.
Pero esto no quiere decir que en algún momento y en boca de algún personaje no aparezca el tiempo subjetivo.

VELOCIDAD NARRATIVA
Existen diferentes técnicas para detener el tiempo y para hacer que pase más rápido.
Para detener el tiempo la literatura adopta las técnicas propias del cine:
· A través de sueños, recuerdos..., de los personajes (en el cine esto se concreta en una imagen borrosa)
· La cámara capta paisajes que a veces no tienen nada que ver con la narración sino con los estados de ánimo de los personajes.
Estos dos sistemas son practicables en la literatura. En el primer caso se utiliza el monólogo interior, aunque no es el único modo de hacerlo; el recuerdo de un personaje detiene la acción (gramaticalmente esto se concreta en frase larga y subordinada). En el segundo caso se conseguirá detener el tiempo a través de la descripción de paisajes relacionados con el estado de ánimo del personaje.
Hay que tener cuidado a la hora de utilizar estos paros temporales. El exceso puede dar una sensación, no pretendida, de lentitud.
Para conseguir rapidez en el paso del tiempo de la narración las descripciones serán mínimas y sólo interesará narrar acciones una detrás de otra sin muchos detalles (gramaticalmente se construye con frases breves y coordinadas)
RECAPITULACIÓN:
· Respetar el orden lógico en el desarrollo del relato; (mañana-tarde-noche; primavera-verano-otoño-invierno; infancia-adolescencia-adultez-ancianidad: lunes-martes...) e imitar el orden cotidiano suele producir relatos mediocres: ya sabemos que lo conocido por todos pasa desapercibido para el lector.
· La utilización de los diferentes tiempos verbales hace que el narrador se coloque en una u otra posición temporal y desde ahí narre. Puede narrar en pasado los sucesos pasados; puede predecir valiéndose indistintamente del presente (Por ejemplo, la narración de un sueño), del futuro (Por ejemplo, una profecía) o del pasado (el desenlace de la narración de cuenta al principio);o puede, la narración, ser contemporánea a lo que ocurre.
· Evitar las discordancias internas entre los datos temporales, hacer creíble la historia y potenciar la narración es lo que conseguiremos sin controlamos bien los aspectos referidos al tiempo.
· Emplear la prospección (Adelantar acontecimiento) para crear suspense; la retrospección (Volver atrás) a través de la narración directa o mediante cartas, confesiones, diálogo, etc., para aclarar un incidente o una reacción de un personaje; la aceleración, es decir dedicar un fragmento breve del texto a un periodo extenso en la vida del personaje o de la historia narrada, para economizar lenguaje; y la desaceleración, esto es, dedicar un fragmento largo del texto a un periodo breve, para explorar un punto clave.

EL ESPACIO
El espacio es uno de los componentes esenciales de cualquier relato. Debe ser creíble, coherente con el resto de los elementos, necesario, significativo y no tópico. Por ello, a la hora de describir el espacio narrativo, hay que tener en cuenta dónde se desarrolla la acción, en qué época se sitúa y qué personajes forman parte de ella.
"Ciertos lugares hablan con su propia voz, ciertos jardines sombríos piden, a gritos, un asesinato; ciertas mansiones ruinosas piden, fantasmas; ciertas costas, naufragios." Rberte L. Stevenson.
Describir con eficacia un espacio es hacerlo de un modo equilibrado. Se describe todo aquello que el lector necesita para comprender la historia: ni elementos de menos, ni elementos de más. Es decir, si se habla de un mundo especial en el que todo es diferente, y no se describe lo especial ni lo diferente, el relato carecerá de fuerza. Pero si se describe indiscriminada y minuciosamente aquello que no modifica los hechos, lo prescindible, se desvía la atención del centro principal, en lugar de potenciarlo. Por ejemplo, si lo importante de un ambiente que rodea al personaje es una frutera de porcelana ajada, ¿Por qué describir también la mesa, las sillas y las frutas que completan el ambiente, pero no "cuentan"?
La descripción del lugar debe ser precisa, tanto si se lo define como si se lo insinúa. Debemos evitar que el lector no entienda en qué lugar ocurren los hechos o quién es el personaje citado.
"La vista de un trigal soplado por el viento nos crea expectativas muy diferentes de las que nos crea la vista de un callejón tenebroso en un suburbio. Por asociar cosas con emociones ese trigal, ese callejón nos afectan como símbolos. Nos sugieren acciones posibles nos preparan para oír cuentos alegres o lúgubres. Bien, la función más efectiva del marco espacio-temporal de un cuento es la de convencernos de que su acción es probable. Un personaje que anda por sitios determinados y reacciona ante conflictos característicos de un periodo histórico es inmediatamente reconocible. Lo paradójico es que si el sitio y el periodo, por auténticos que sean, están en el cuento como mero fondo, pueden trastocarse por otros sitios y periodos sin que disminuya la intensidad vital del personaje o la singularidad de una aventura." Enrique Anderson Imbert.
Los espacio pueden ser de muchas clases, interiores, exteriores, imaginarios, mágicos... El elegir uno u otro dependerá del tema y del tipo de relato que se vaya a escribir.
En general, estos lugares donde se desarrolla la acción pueden ser tratados de forma objetiva o de forma subjetiva. Con esto conseguiremos siempre que el lector "sienta" y "vea" ese espacio como real. Pero un espacio no real (imaginario) si lo hacemos desde un punto de vista objetivo.
Por otro lado, describir subjetivamente un espacio es presentarlo tal y como lo ve el personaje, en función de su situación afectiva y personal.
Quizá el aspecto más íntimamente relacionado con el espacio sea el tiempo. Tiempo y espacio son complementarios. La fijación del tiempo de la novela condiciona de una forma directa e inmediata el tipo y la descripción del espacio que has de realizar. El tratamiento objetivo del tiempo implica algo similar en el espacio. Y sobre todo esta implicación se hace inseparable en las concepciones básicas de tiempo y espacio. La concepción mítica del tiempo leva de inmediato a los espacios sagrados y rituales; el tiempo cíclico requiere espacios cerrados donde desarrollarse, etc.
Otro elemento a tener en cuenta al elegir el tipo básico de espacio es el personaje. Si el protagonista es un enfermizo, propenso a dejarse influir por toda clase de elementos, observador, intimista..., parece que el espacio subjetivo se adecuaría a su forma de ser; o lo contrario con un tipo de carácter opuesto.
Es decir, no puedes pensar cada elemento de tu relato por separado. Tu obra será una unidad y al escoger un elemento tienes que tener en cuenta todos los anteriores ya elegidos, y saber que te está condicionando los siguientes que aún quedan por ver.
En novelas de tipo irracional o filosófico, encontramos espacios no de la realidad, sino de la mente y el inconsciente: el espacio circular expresando al idea de confinamiento, de encierro; la isla, con valores similares; el sótano, en el que el hombre puede evocar los pozos más profundos de sí mismo... O tal vez la búsqueda de espacios abiertos como reflejo psíquico de una acuciante claustrofobia...
Si, como hemos dicho, un espacio tiene que resultar verosímil es imprescindible que su descripción sea tan eficaz que "haga ver" al lector un objeto, un paisaje... Y que le "haga sentir" una experiencia, una emoción, un sentimiento de quien describe.
El tono, más objetivo o más subjetivo, de nuestro escritos descriptivos (o de los trozos descriptivos que deben aparecer en nuestros escritos) no puede ser predicho: depende del tema, de la ocasión, del objeto descriptible...
Como en todo escrito, los extremos viciosos son la sequedad y el énfasis desproporcionado con lo que se quiere describir.
Sin caer en la sequedad, conviene que un principiante reprima o, por lo menos, controle bien sus impulsos subjetivos. Primero hay que aprender a dibujar; después, quien sea pintor, podrá pintar.
La descripción hace más lenta la acción de los relatos literarios, lo cual disgusta a los lectores interesados por la acción narrada. Y, sin embargo, es al describir cuando el escritos se esfuerza más en el estilo.
En la novela moderna, las descripciones suelen ser breves y, en general, están al servicio de los sucesos que se relatan, para que podamos reconstruir estos en nuestra mente con mayor plasticidad.
RECAPITULACIÓN
· Comprueba si el espacio descrito es realmente imprescindible. No utilices lugares ni detalles que parezcan bonitos, pero que sobren en el relato. Por lo tanto no se debe convertir un texto en un folleto turístico.
· En ocasiones, a través de la descripción del espacio, intentaremos sugerir estados de ánimo del personaje.
· La descripción debe generar dinamismo a la narración.
· Conviene indicar el paso del tiempo al abarcar en la narración diferentes espacios.
· No es recomendable desarrollar descripciones demasiado extensas y detalladas que creen un clima monótono.
· No se debe interrumpir el avance de la acción con la descripción de un lugar innecesario para el desarrollo de los hechos: no detener la narración con la descripción minuciosa que puede hacer perder el hilo al lector.
· En cuanto a la vinculación entre personaje y la situación, no debemos "olvidar" la presencia del sujeto. No es efectivo desarrollar la situación dejando al margen a dicho sujeto. No podemos perdernos en la contemplación de lo que rodea al sujeto, sino que debemos captar las resonancias que provoca o no provoca en él.

LOS PERSONAJES
Los personajes dan sentido a todos los demás aspectos que conforman la novela. Para llegar a crear un ser ficticio, pero que resulte verosímil, tendremos en cuenta los siguientes aspectos:
-INTERVENCIÓN DEL PERSONAJE:
En este apartado vamos a descubrir de dónde surgen los personajes que pueblan el espacio narrativo. Diferenciaremos tres tipos:
1º - Personaje simbólico: Es la expresión de una realidad abstracta como paz, fraternidad,... Interesa por el valor que encarna, no por su propia personalidad.
2º - Personaje copia de autor: Puede ser una reproducción fidedigna de su autor en los aspectos sicológicos e ideológicos. También puede ser reproductor sólo de algunos rasgos del autor, lo que implica mayor elaboración por parte del novelista. Además puede ser lo que no es el autor y más o menos secretamente ambiciona.
3º - Personaje de la realidad externa: Puede ser la reproducción fotográfica de un ser real. O puede ser creado a partir de sólo unos rasgos que se toman del modelo.
-DESCRIPCIÓN DEL PERSONAJE:
La descripción de tu personaje puede ser interior o exterior:
1º - Físicamente, su exterior: estatura, complexión, forma de la cabeza y de la cara, nariz, ojos,... Recibe el nombre de prosopografía.
2º - Interiormente: Qué piensa, cómo reaccionan, cuáles son sus sentimientos,... Este tipo de descripción se denomina etopeya.
3º - Ambas, física y moral a la vez, lo conocemos como retrato.
El atuendo o vestuario puede ser en sí mismo caracterizador del personaje, indicio de un grupo social, incluso de una manera o modo de pensar. La descripción de la vestimenta puede desvelar la sicología de los personajes.
La descripción totalmente objetiva de una persona queda reducida a una medidas y poco más (datos cuantitativos) y aún estos datos suponen la elección de unos elementos y aspectos que los intereses o la intención deciden con el rechazo consiguiente de otros muchos. Describir a una persona es limitarla. Además, casi siempre se da una impresión más o menos subjetiva de los rasgos característicos; la perspectiva del autor, la intención y finalidad colorean la realidad observada dando sugerencias, matices, valoraciones, de forma que los tres tipos anteriores de descripción de personas se amplían considerablemente. Por ejemplo, la descripción física puede hacerse desde una posición objetiva o subjetiva, con intencionalidad admirativa, despreciativa, irónica,...
Una regla que vale para todas las descripciones es ésta: hay que describir con exactitud y vivacidad los detalles. Pero no todos los detalles poseen igual valor; importan sólo aquellos que son característicos del individuo retratado. Esto significa que la simple acumulación de detalles no constituye un buen retrato; por el contrario, puede hacerlo enojoso y prolijo. Hay que seleccionar, pues los rasgos definidores. La minuciosidad, al querer decirlo todo suele producir malos resultados. Y esta norma es aplicable a cualquier clase de escritor: sepamos suprimir radicalmente todo aquello que carece de significado especial para nuestro objetivo y que no enriquece el desarrollo del tema, aunque nos duela y nos halla costado esfuerzo "inventarlo".
EL NOMBRE DEL PERSONAJE
Es muy importante a la hora de crear uno. Delimita a la persona que lo lleva, la identifica ya demás, su frecuencia y su fonética nos lo hace asociar a diferentes cosas. Con su elección le estás comunicando al lector no sólo si tu personaje es hombre o mujer, sino de qué país viene, en qué época vive, a qué clase social pertenece, o qué corriente de antipatía o simpatía se pretende establecer con él.
Dentro de una posible clasificación de nombres podemos destacar éstos:
1º - Convencionales: Nombres propios de un determinado género.
2º - Simbólicos: Estos nombres señalan una determinada característica sicológica, moral o social del personaje.
Pero también cabe la posibilidad de dejar a tu personaje innominado, bien porque queremos desconocer su nombre, bien porque lo nombraremos con uno común (apodo) que sustituye al posible nombre propio, bien porque, sabiendo cómo se llama, decidamos ocultárselo a los lectores.
-PERSONAJES PLANOS O REDONDOS:
Los personajes de un relato pueden seguir uno de estos modelos:
1º - Un personaje difícil de decidir, contradictorio a veces, que vamos conociéndolo con lentitud,... se denomina personaje REDONDO
2º - Un personaje repite invariablemente un esquema de comportamiento, actúa siempre igual y por eso, es imposible que nos sorprenda. Así se define un personaje PLANO
-PRESENTACIÓN DEL PERSONAJE:
Aunque parezca una nimiedad es relevante la forma en que un personaje aparece en escena por primera vez. El momento en que un escritor decide comunicar el lector el nombre del personaje constituye un recurso literario por sí mismo. Por lo tanto, hay que tener en cuenta cuándo nombrar al personaje, quién lo nombra y cómo se presenta.
Se puede nombrar antes de iniciarse la narración, en le título mismo, indicando que es precisamente el meollo de la historia. Si no se puede nombrar al principio de ésta. En ocasiones, nos servimos de la ocultación temporal del nombre como elemento de suspense y con la intención de sorprender al lector. Esa ocultación puede venir dada por el narrador o un personaje que lo nombra antes de aparecer, creando aún más expectación en torno a él.
La forma de presentar al personaje no sólo puede ser nombrándolo sino que se le puede presentar actuando: son sus actos y comportamientos los que van definiéndolo. Esto produce una mayor sensación de realidad, de no manipulación el personaje.
Otra posibilidad es que el narrador haga un retrato físico, psíquico, global del personaje. Esto nos condiciona en nuestra relación con él, aunque el nivel de condicionamiento variará en función del tipo de narrador.
-RELACIÓN PERSONAJE-NARRADOR:
El punto de vista condiciona la visión que el lector obtiene del personaje. Efectivamente, un narrador omnisciente redondeará más a los personajes que un observador y un narrador protagonista tendrá más claves sobre los personajes que las que pueda tener un narrador testigo.
Esto no quiere decir que haya puntos de vista mejores para crear personajes, sino que un enfoque narrativo determinará distintas aproximaciones.

http://www.jrvarela.net/tallercreacionliteraria.htm

miércoles, 15 de junio de 2011

02. EL GÉNERO NARRATIVO



Contenido basado en los cursos de ANE MAYOZ Y ANA MERINO de San Sebastián, filólogas hispánicas y profesoras de "Creación Literaria".

Temas: Introducción ~ Cuento ~ Narrador  ~ Monólogo 

Hay tres grandes géneros literarios: Lírico, dramático y narrativo.
El GÉNERO NARRATIVO se caracteriza por la presencia de un relator de historias. El narrador hace de intermediario entre el escritor y el lector. La historia que cuenta SIEMPRE es ficción.
La diferencia entre el escritor y el narrador, es que el escritor delega la responsabilidad en el narrador, el escritor está fuera de la narración, mientras que el narrador se encuentra dentro del texto.

Dentro de la narrativa hay dos grandes géneros: RELATOS BREVES (Cuentos y fábulas) y RELATOS EXTENSOS (Novela y epopeya) Hoy veremos la diferencia entre CUENTO Y NOVELA.

EL CUENTO tiene dos características esenciales: UNILINEALIDAD es decir, una espina dorsal única e indivisible y tiene, también, UNIDAD DE ASUNTO.
Estas dos primeras leyes estructurales lo aparatan o alejan de la novela.
LA NOVELA cuanto más extensa es admite cualquier tipo de estructura, cualquier objetivo que se le ocurra al novelista.
El cuento, por su pequeño espacio-temporal, exige precisión, armonía, exactitud. Lo principal es el suceso y adonde nos conduce. Suceso único y hermético. Junto con las dos características principales mencionadas anteriormente, hay que señalar una más: SU UNIDAD FUNCIONAL. Hay muchas novelas a las que se les puede desgajar fragmentos, diálogos, capítulos y hasta personajes y no pierden nada con ello. Esto es irrealizable en un cuento auténtico. El cuento auténtico es concluido simultáneamente por el lector y el autor. Requiere preparar el final previamente para que termine, a ser posible, con el lector revelándolo como si lo hubiera escrito él mismo. En resumen, si tenéis una historia que contar y un mundo que reflejar en un corto espacio, esta es vuestra ventaje y desventaja, El hecho de escribir pocas páginas obliga a seleccionar lo que se escribe, narrando sólo lo indispensable para el cuento.
El cuento es como un iceberg, del cual solo se ve una mínima parte, pero esconde mucho más que queda invisible.

En palabras de Edgar A. Poe: El cuento se caracteriza por la unidad de impresión que produce en el lector; puede ser leído de una sola sentada; cada palabra contribuye al efecto que el escritor previamente se ha propuesto. Este efecto debe ya prepararse desde la primera frase y graduarse hasta el final. Cuando llega a su punto culminante, el cuento debe terminar y sólo deben aparecer personajes que sean esenciales para provocar el efecto deseado.

¿CÓMO CREAR UN CUENTO?
Vamos a destacar los pasos más importantes al escribir un cuento:
+SELECCIÓN: Entre todos los datos que tenemos en la mente es necesario que hagamos una selección. "La regla de oro del arte literario es OMITIR" Stevenson.
+ÚNICA HISTORIA: El cuento implica unidad, intensidad y originalidad. Un único tema concentrado, tenemos poco espacio y cada palabra debe darnos un dato.
+TENSIÓN INTERNA: De los acontecimientos. Tenemos que conseguir que el lector se pregunte qué sucederá a continuación, dosificando la información.
Los hechos fortuitos si no estuvieran atados a los acontecimientos del cuento, sobran.
+VISIÓN DE CONJUNTO: Una visión de conjunto nos ayudará a seleccionar los acontecimientos que van a conducirnos al desenlace final. Debemos disponerlos en el sentido que más convenga a la trama.

- ¿Qué punto de vista conviene al desarrollo? Debe ser el narrado protagonista y hablar en primera persona, o testigo y narrarlo en tercera. Si es omnisciente o es un narrador observador.
- ¿Qué tiempo necesita la trama? El presente en que la historia está sucediendo mientras se narra, o que el narrador lo cuente desde el pasado, conozca la historia y haya sido testigo de los acontecimientos.
- ¿Desde dónde se debe comenzar el relato? Desde el principio de la historia, in media res, o que camine una parte en presente y otra en pasado.

PREFIGURACIÓN: Nos prepara sin saberlo para el final. Nos insinúa lo que va a suceder pero escatimando el desenlace. Son pequeños hilos que el escritor tira por delante.
REITERACIÓN: Fomenta la unidad porque nos lleva de una lado a otro del cuento. Una idea repetida, recordada, sirve de unión entre párrafos. Dos procedimientos son la ANÁFORA y la CATÁFORA.
VEROSIMILITUD: es necesario detallar con precisión cada escena, para crear en el cuento un marco espacio-temporal reconocible. Debemos convencer que la trama es verosímil.
Debemos emplear los sustantivos más precisos, y el adjetivo que verdaderamente califique, que nos dé una idea concreta y original. Cuando los sustantivos y adjetivos no nos sirven para definir con exactitud, existe la metáfora, y las comparaciones. (Escribimos muchas veces "flor" en lugar de hortensia o crisantemo)
MOSTRAR en vez de decir. "los buenos escritores pueden decir casi todo lo que tiene lugar en la ficción que escriben, salvo los sentimientos de los personajes" (Gardner) Los sentimientos no hay que escribirlos, sino que deben ser mostrados mediante acciones. El sentimiento debe despertarse, no definirlo.

PUNTOS DE VISTA:
-NARRADO OMNISCIENTE: Este es el tipo de narrador Dios en el microcosmos de la acción que se cuenta. Lo sabe todo: el principio y el final, lo que sienten los personajes, piensan o hacen, lo que deberían haber hecho y no hicieron, lo que soñaron y no recuerda.
-NARRADOR OBSERVADOR O CÁMARA CINEMATOGRÁFICA: Se limita a narrar lo que HACEN los personajes y cuenta sólo lo que de ellos percibe con los sentidos; como si una cámara desinteresada captara la acción.
A diferencia del narrador omnisciente éste es objetivo. Podrá tener conocimiento de los actos de los personajes, pero nunca podrá penetrar en su mente. No entra en interioridades de los personajes.
Obviamente es mucho más difícil y más profesional este segundo narrador, pues no puede manipular los acontecimientos ni los personajes, dejando al propio lector que juzgue a partir de los datos que le proporciona.

NARRADOR OBJETIVO:
Ya hemos visto y asimilado a los dos tipos de narrador objetivo (Omnisciente y Observador) narradores que desde fuera de la trama, el escritor los utiliza para mostrarnos el ambiente, los personajes o cualquier otro detalle que sea de interés para el lector.
Son OBJETIVOS porque no participan directamente en la trama de la narración, son ajenos y todo lo ven desde fuera.
Nos ofrecen su PUNTO DE VISTA desde fuera y por eso utilizan siempre la tercera persona.


NARRADOR SUBJETIVO:
El narrador subjetivo es aquel que nos narra parte de los acontecimientos tal y como ellos lo ven, pero son parte de la historia.
Pueden ser NARRADOR PROTAGONISTA o NARRADOR TESTIGO.
Este tipo de narración la hacemos todos los días cuando hablamos de nosotros o de otros, es el punto de visto del acontecer diario.
Cuando contamos a nuestro cónyuge algo que ha hecho nuestro hijo estamos narrando como testigos, pero con la subjetividad que nos aporta el cariño que tenemos por nuestro hijo.
Cuando contamos a nuestra amiga la discusión que hemos tenido con nuestro marido, estamos actuando como narrador protagonista, pero con la subjetividad de mezclar los hechos con la rabia que nos ha producido la discusión.
La diferenciación clara entre NARRADOR OBJETIVO Y SUBJETIVO es que el primero es una especie de fedatario público, sólo nos da el punto de vista sin involucrase en los hechos, mientras que el subjetivo es parte de esos hechos, bien como protagonista o bien como testigo.

Vamos a aprovechar ésta y la próxima lección para a la vez que hablamos del narrador subjetivo, ir acercándonos a los ESTILOS. Será un juego literario, tomando como base algunos ejemplos del libro de Raymon Queneau "EJERCICIOS DE ESTILO" Editorial Cátedra.
EJEMPLOS:
Punto de vista Subjetivo 1º:
No estaba descontento con mi vestimenta, precisamente hoy. Estrenaba un sombrero nuevo, bastante chulo, y un abrigo que me parecía pero que muy bien. Me encuentro a X delante de la estación de Saint-lazare, el cual intenta aguarme la fiesta tratando de demostrarme que el abrigo es muy escotado y que debería añadirle un botón más aunque, menos mal que no se ha atrevido a meterse con mi gorro.
Poco antes, había reñido de lo lindo a una especie de patán que me empujaba adrede como un bruto, cada vez que el personal pasaba, al bajar o al subir. Esto ocurría en uno de estos inmundo autobuses que se llenan de populacho precisamente a las horas en que debo dignarme a utilizarlos.

Punto de vista subjetivo 2º:
Había hoy en el autobús, a mi lado, en la plataforma, uno de esos mocosos de los que no abundan, afortunadamente, porque si no, acabaría por matar a uno. Aquél, un muchacho de unos veintiséis o treinta años, me irritaba especialmente, no tanto a causa de su largo cuello de pavo desplumado como por la clase de cinta de su sombrero, cinta reducida a una especie de cordón de color morado. ¡Jo! ¡El muy cabrón! ¡Cómo me cargaba! Como a esa hora había mucha gente en nuestro autobús, aprovechaba los empujones de costumbre a las subidas y bajadas para hincarle el codo en las costillas. Acabó por largarse cobardemente antes de que me decidiera a pisotearle un poco los pinreles para jorobarlo. También le hubiera dicho, para fastidiarlo, que a su abrigo demasiado escotado le faltaba un botón.


MONÓLOGOS
Dentro de este tipo de narrador hay una técnica denominada MONÓLOGO INTERIOR que consiste en que el personaje entrega el relato a vaivenes de la mente y desórdenes del pensamiento. Estos vaivenes aparecen sin presentación alguna por parte del narrador. De esta forma, la conciencia del protagonista aparece en pleno funcionamiento, desordenada, superponiendo unas ideas sobre otras. Esta variedad ha sido inventada por la novelística actual. Fue DUJARDIN su inventor, quien lo definió así en 1898:
"El monólogo interior, como cualquier monólogo, es un discurso del personaje puesto en escena, y tiene como fin introducirnos directamente en la vida interior de este personaje sin que el autor intervenga con explicaciones y comentarios y, como cualquier monólogo, es un discurso sin oyentes y un discurso no pronunciado; pero se diferencia del monólogo tradicional por lo siguiente: en cuanto a su materia, es una expresión del pensamiento más intimo, más próximo al inconsciente; en cuanto a su espíritu, es un discurso anterior a cualquier organización lógica, y reproduce ese pensamiento en su estado naciente o con aspecto de recién llegado; en cuanto a su forma, se realiza en frases directas reducido a un mínimo de sintaxis."
Tal y como Dujardin ha mencionado en su definición, existe también el MONÓLOGO TRADICIONAL que se diferencia del anterior en que expresa, de forma ordenada y lógica, sus pensamientos y sentimientos. Lo importante en los dos casos es que ambas técnicas se caracterizan por expresar lo que el personaje piensa y siente en un diálogo consigo mismo.


http://www.jrvarela.net/tallercreacionliteraria.htm
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