¡BIENVENIDOS AL BLOG DEL TALLER LITERARIO DESPERTARES!

Bienvenidos al blog del TALLER LITERARIO DESPERTARES de la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, Córdoba, República Argentina.

Este blog se inicia el 14 de junio de 2011 para publicar los trabajos de los participantes del taller, que funciona en la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso".

Ilustración de la cabecera: "El desván de la memoria" de José Manzanares, creador de sueños, artista plástico de Linares, Jaén, España.

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martes, 30 de junio de 2015

244. Llora Tranquilo



En las sombras de tus párpados
cantan querubines de gotas de mar.
Tus ojos están llenos de lluvia,
que escondes tras la máscara del orgullo,
pero trasluces brillantes chispas de dolor.
No te avergüences del dolor,
es sinónimo de humano.
Llora tranquilo, tus querubines son preciosos.
Tienes un sentimiento natural de un corazón vivo.


                                                                                     Silvia Herrera 

                               
 

243. JOYA









Joya que nunca se esconde,
se muestra, se exige, se siente.
Tu equilibrio es preciso y mental.
La presea más hermosa y viviente.
Bailas por los lugares de mi sien,
te precipitas,
te distingues señorial.
Tu ser es único,
 gema de luz y de sal.



 Silvia Herrera

miércoles, 26 de febrero de 2014

180. Regocijo






Vertiente de palabras escrita con el pecho

van marcando un sendero ilusionado de gozo.

Mientras yo, aquí, miro el algodonado horizonte,

tomo una nube de azúcar e imagino un camino.

Respiro la alegría de poesías y cuentos,

regocijos de mi alma, soñadora en silencio.





                        Silvia Herrera

miércoles, 27 de noviembre de 2013

175. Palabras



Las palabras como hojarasca, 
encendieron y brillaron en la luna,
fueron risas llenas de agua seca 
y sonrisas de pluma.

Los discursos, palabras sin condiciones,
llenas de hastío,
prodigiosas,
libres,
marcaron tu credo,
tu forma
y llegaron al cielo infinito.

Palabras de ruego rojo
de rodillas
afligidas,
palabras benditas,
robadas como un arrebato cómplice y nocturno.

Palabras, vaivenes
que se esconden en la mirada insulsa,
frágil del olvido.

Ahora la soledad golpea,
las palabras son mudas.

Ahora sobra
el silencioso eco del silencio.



Silvia Beatriz Herrera.

domingo, 4 de diciembre de 2011

60. Héroe - Il divo

59. Pequeños silencios


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Grilletes de dulzura en un espacio.
La grácil melancolía dormita de a ratos.
Viven silencios…

Silvia Herrera

lunes, 28 de noviembre de 2011

55. DÉJEME ABRAZAR UNA MÍNIMA ESPERANZA...



Déjeme abrigar una mínima esperanza,
hasta que la encuentre toda.
Hasta el final del camino le pediría
una mínima sonrisa de consuelo
y cuando llega al fin la noche,
darle las gracias porque está allí.
Déjeme abrazar una mínima esperanza.
Una mínima sonrisa de consuelo,
hasta que encuentre mi paz.
Una caricia mínima de amigo.
Déjeme abrazar una mínima esperanza
Ya sé que somos egoístas, pero,
abriguémonos de bien y lo estaremos.



Silvia Herrera

jueves, 3 de noviembre de 2011

43. El fantasma

El fantasma

Estuvo medio año en busca del lugar apropiado. Pedro quería una solitaria y verdadera aventura de terror. Él, era un aburrido estudiante de arquitectura, que tenía como trabajo extra, unas columnas gráficas muy bien pagas. Estando libre de refugiarse a placer, por medio año en el sitio que prefiriese. Desde allí empezaría a escribir algo nuevo e interesante. Algo que le llamaba la atención eran las mansiones, casonas y castillos con historias tétricas y cosas así.
El taxi, lo dejó cinco kilómetros debajo de donde sería la portada. La sombría montaña rodeada por una muralla de piedra caliza le dio la bienvenida, con mucha vegetación en la cima y a lo lejos se divisaba el gran castillo.
Llegó con el día, la única entrada era un gran pasadizo arqueado y macizo de cemento, como un túnel, que, se iba haciendo angosto a medida que seguía adelante, hasta llegar a un puente que lo dejaba entrar a un parque abandonado, siempre en dirección al castillo.
En el camino, lo acompañaban los sonidos naturales y las fragancias de las flores silvestres, siendo duro y empinado por momentos.
Un hilo de agua bajaba en zig zag jugando con las piedritas de distintos tonos y formas, quizás anteriormente estos líquidos eran aprovechados para regar y llenar las fuentes de mármol con ángeles de piedra esculpidas preciosamente que lo acompañaron abajo, en otro sector de ambos lados, donde no había demasiados árboles, también una variedad de pajaritos grises muy pequeños con un canto melodioso que lo asombró, porque no se asustaron a su paso y además empezaba a ver distintas inscripciones de advertencias hechas no hace mucho en letra grosera sobre piedras, se podía leer: NO SIGA, OJO, CUIDADO PELIGRO, que le sumaron entusiasmo.
Se sentó un rato a tomar de la botella de agua que estaba algo caliente, se puso nuevamente la mochila y siguió entre unas enormes piedras derrumbadas que impedían su paso, escaló forzosamente hasta lograr pasar del otro lado, un camino de adoquines rosados, lo condujo perplejo a cada paso con las extrañas figuras en donde se apreciaban, sirenas, hipocampos , delfines y otras; que se iban deformando a medida que se acercaba al castillo, por ejemplo una hada, en diez distintas etapas mutándose hasta llegar a ser una araña, el delfín, terminó siendo una serpiente y todos así, mostrando una metamorfosis horrible y magnífica.
Tal como lo descripto, Pedro esta vez se sentía satisfecho de tener medio año pago allí, le daría muchísimo material para trabajar. El lugar, era casi desconocido. Sólo un nieto del abogado de la antigua familia que se decidía a rentarlo por tercera vez, pero esta vez, advirtió la fatal consecuencia posible.
Pedro, igual prohibió que lo molestaran, hasta terminado el contrato. Nadie mas que él, sin luz ni teléfono y con lo mínimo. Una habitación en el castillo abandonado, únicamente lo acompañaría “gratuitamente”, el fantasma del corazón ausente.
Al llegar, antes de ingresar al patio del frente cruzó una pequeña cerca de madera casi deshecha, añeja, aunque era una madera dura el tiempo la transformó como de corcho. Desenganchó la puertecita y atravesó directo a la puerta principal, buscando entre sus ropas la llave, la sostuvo impaciente y abrió.
El castillo, construido totalmente de piedra, frío, vacío e inmenso. En la parte de abajo, seis columnas de mármol de la sala imponente y al final una escalera que se dividía haciendo un precioso palco, los pasillos bifurcaron hacia las habitaciones del primer piso. Primero, recorrió toda la parte de abajo, llegando a la gran cocina que se conservaba amueblada y donde encontró un manojo de llaves, una, del primer piso, según el ala y así sucesivamente. Hoy tendría que descubrir su habitación que daba del lado con vista al río oscuro.
Observó los cortinados muy raídos, sin color como acartonados de polvo y los abandonados muebles que conservaban su buen gusto, pero, llenos de moho por la humedad donde se encontraban o despintados y ajeados por el sol en otros sectores, un verdadero tesoro desperdiciado. Pedro, no podía entender porque habrían dejado todo así.
La historia, cuenta que a un caballero en una de las tantas fiestas del castillo se lo encontró tendido en su habitación aún con vida, agonizaba, sus últimas palabras fueron: soy una tumba vacía, quien lo encontró dijo: que, se habría referido tal vez a que le habrían arrancado el corazón, seguramente un desamor, pues imposible que siguiese vivo literalmente sin su corazón, tres días más tarde de ese hecho, el muerto se le presentó a la joven hija de la acaudalada familia y recuperó el corazón. Quedó ésta muerta, sin el suyo y así en cadena fueron sucediéndose las horribles y fatales mutilaciones.
Esto ahuyentó a los demás integrantes con sirvientes y todo. Se dijo que un sirviente sustrajo algunos objetos de la casa, pero pereció misteriosamente en los jardines aplastado con unas rocas. Desde entonces se cree que nadie pasa por aquí y que está maldito todo.


Pedro, encontró su habitación que estaba provista de la más completa biblioteca, algo insólito pues los libros no tenían nada de polvo, el cuarto era enorme, podría decirse que era tan grande como su apartamento, un juego de grandes sillones revestido de piel atigrado en blanco y negro lo deleitó, los cortinados de lino níveo que sutilmente se movían con la brisa que soplaba pura, desde el gran ventanal, un enrejado que conservaba su pintura como recién pintado, verde eucalipto, además, dos medianas gárgolas de piedras dormitaban del lado de afuera cuidando el cuarto, la cama antigua con altísima cabecera de bronce platil muy oscura, decorada con un sinnúmero de ribetes exquisitos con escudos y letras ilegibles de tanto decoro, pues no distinguía si era una f ó s , ó podría ser otra, la terminación era rara sus patas, similares a las de un león. La cama, vestía un cobertor de paño muy suave, casi aterciopelado color mostaza, con sábanas de un género traslúcido con exagerados volados que tocaban el suelo.
Por un momento pensó en lo egoísta que era, por no haberla invitado a su novia. Él era casi un ermitaño, casi, porque su otra partecita de estaba con Rosalía y aunque jamás se lo decía él la amaba, pero era egoísta en aventurarse allí.
Por un instante pensó que todo estaba preparado con anticipación para el recibimiento en su estadía, pero luego recordó las últimas palabras del abogado “Hace mucho que nadie se acerca, es por precaución”. Le pareció un truco muy bueno y astuto. Con su cámara, fotografiaba y filmaba cada detalle e iba grabándose simultáneamente para no olvidarse nada. El baño continuo tenía una bañera con grifos dorados, muy blanca y cubierta hasta el tope de agua; con pétalos de flores con varios colores, el dulzor de su aroma lo adormecía y adivinó no estar solo, pues el agua estaba tibia, pero el trato era solo, no que lo asusten. De inmediato buscó el teléfono y llamó:
— Hola, Necesito hablar con su jefe por favor., de parte de Pedro Ramírez Tosco
— Si, ya le doy — una voz aguda-
— Hola, Si, Sr. Tosco ¿Qué se le ofrece?
— Sí, acá llegué bien pero… ¿Usted contrató a alguien para que me atienda?
— No Sr. Pero le advertí de esa presencia… usted la pagó. ¿Se entiende? Es más, si sobrevive el tiempo de contrato, lo dejaré vivir gratis cuanto guste. Su empresa me pagó más que bien y nadie ya lo quiere al castillo, pero si sobrevive en él, quiero hacer un hotel—le dijo la voz del teléfono.
—Gracias, disculpe y le tomo la palabra—amenazó Pedro.
Con preocupación salió de la habitación, y nada, ni un alma.
El gran espejo de la pared que lo llevaba abajo algo arruinado, le dejo ver el siguiente cuarto que se encontraba abierto, tenía una puerta de dos hojas con postigos de vidrios ámbar, algunos rotos, tal vez, por el viento que era constante ó alguna tormenta, quién sabe, el lugar estaba totalmente desordenado había maletas con restos de ropas muy rotas hecha harapos, zapatos con tacones, tirados a un costado de una cama estilo albanesa oscura con el colchón lleno de polvo, hojas, excrementos de las palomas que entraban y salían ya que en ese cuarto no había rejas ni tejidos. Era normal, ese cuarto tanto tiempo abandonado pero, le preocupaba el suyo. ¿Quién estaba con él, será el fantasma? la noche se venía y preparó las luces, primero echaría un vistazo más por el lugar.
Bajó y hasta la inmensa cocina, tenía dos salidas laterales una daba al patio donde se veían de lejos un monte de frutales diversos, que, sin cuidado mostraban sus desprolijos gajos algunos secos pero con abundantes frutos cítricos, entre, pomelos, limones y se apreciaban más en abundancia, unas pequeñitas mandarinas que desbordaban a sus plantas, del otro lado, un balcón con un sendero que iba al río que pasaba casi galopante. Pedro, arrojó una ramita y viendo como las aguas no tan profundas la llevaba se hizo para atrás para no mojarse, hacía un frío otoñal.
Al volver, fue por unas frutas siguiendo un caminito de piedras que lo llevó hasta el cementerio, se hacía oscuro muy rápido al volver lo miraba un paisaje negro que logró fotografiar, ya no podía ver el suelo, pero si, las siluetas de los árboles que silenciosos lo protegieron hasta la puerta.
Busco lámparas de aceite que estaban a la mano y se dirigió al cuarto muy despacio. Al llegar, el tintineo del teléfono lo asustó, al verlo era un mensaje de su novia:
— Mañana, tal vez si puedo y averiguo donde estás, voy. Rosalía.
Al querer devolver la llamada se dio cuenta que el teléfono no respondía, intentó dos o tres veces y nada, ya era preocupante, al mirar por la ventana no lograba ver las gárgolas, estaba aterrado cerró la puerta y colocó una mesa pesada además para trabar, por si acaso. Una sombra del otro lado golpeó tres veces.
— ¿Quién? — preguntó aterrorizado, sin recibir respuesta esperó sentado, algo alejado de la puerta.
Ya a las dos de la mañana, el silencio se instaló, buscó un libro para ojearlo tan solo evitaba dormirse, un ruido seco tapó la luz clara que venía de la luna observando que eran las gárgolas, ahora, gigantes de piedras. En pánico, encerrado, con la luz de las lámparas expectante y luego nada, una nada muda, escalofriante, tanto, como la incertidumbre que le expandía su sienes. Luego de un larguísimo tiempo casi agotado pensó que era solo eso, un susto y sólo esa sensación que había buscado.
Ya concluía las cinco de la mañana y dijo:
_ Este fantasma ya se fue.-respiró hondo, y se durmió, hasta que nuevamente las gárgolas se movieron, las ventanas se cerraron, la mesa chilló cuando sola se corrió a su lugar, en la cama esperó con los ojos tan abiertos que parecía no tener párpados, las luces se apagaron, una voz de ultratumba, de agonía repitió una y otra vez.
— ¡Soy una tumba vacía! ¡Soy una tumba vacía!—con el sollozo y enojado reclamó.
— ¡Me robó el corazón desgarrando mi pecho!—otra vez la voz.
Asustado busco y logró prender la lámpara, al no ver a nadie se desorientó, la puerta se cerró herméticamente y por el ojo de la cerradura lo veía con un guiño amenazante de la llave que trababa.
Un día sin dormir, encerrado, y ahora a oscuras, no quiso darse por vencido pues decían que: “cuando se dormían el fantasma le arrancaría el corazón”, miedo, terror, no sabía si estaba despierto cuando cayó sin vida detrás del silencio, entonces él era una tumba vacía, ya no tenía corazón.
Rosalía logra averiguar su paradero e intenta darle una sorpresa.
Al llegara a la habitación guiada por las luces encendidas, luego del largo trayecto, se bañó en la fragante bañera y esperó a que Pedro llegara, era de tardecita, estaba agotada y quedó dormida. De noche se despertó al escuchar a Pedro con su lamentoso y escalofriante sollozo, comprendiendo que todo era cierto, se conmueve triste y atemorizada ante el pedido constante que le dice:
— ¡Me robó el corazón, desgarrando mi pecho!
__ ¿Sabes Pedro, que ya te lo he dado, es tuyo? ¡No me lo arranques, mi corazón es tuyo!— dijo ella.
El fantasma de Pedro cobra cuerpo, de un azul fosforescente, la figura del muchacho se le acercó, la besó luego, se retiró y le perdonó la vida. Ese perfecto amor de Pedro por Rosalía diluyó la maldición.
Silvia HERRERA

sábado, 29 de octubre de 2011

40. ESPOSO



Imagen de Yuri Krotov


Los ojos calmos, cultivan enérgico fuego.
como profundas cometas gemelas de deseo
y dan como un pellizco bien rojizo,
al calcado rostro dando aviso ciego.

Grita, la tentación del esperado pillo juego
y convierten palabras enrolladas en un flujo brujo.
Tímidamente va el fragoroso sencillo tiempo tuyo,
dilatándose a cada minúsculo segundo.

Detenlo, cancionero mío fabuloso
que no escapen, dispersándose invalidadas.
Desnudos corren tus placeres en su vuelo,
soborno de mis labios y mi cuerpo.


Silvia Herrera

viernes, 28 de octubre de 2011

39. En esa línea gris



En esa línea gris

Allí por lo que no conocemos.
Cuando la preciosa se congela,
y como una gota que se seca inerte.
En esa línea gris que queda.
Y cuando la sombra guiñe acosante,
no te quejes, ni te azores antes.
Allí por lo que no conocemos,
En esa línea gris que queda.
¡Valor! no divagues, ni le llores.
Abraza la diminuta distancia,
Ese segundo, caricia ó mirada.
Huele ese suspiro de vida, exhala lento.
Y si de ella es lo último…
Y si es lo último que queda…
En esa línea gris imperceptible.
Allí por lo que no conocemos,
de no sufrir el tiempo anticipado.
Y a la enciclopedia de pensamientos,
le taparemos los ojos, ciegos de miedo.
Allí por lo que no conocemos de…
luego de esa mínima línea gris.




Silvia Herrera

martes, 11 de octubre de 2011

37. LA METAMORFOSIS

.














Imagen de Florencia Lorenzati compuesta por montaje
La metamorfosis
Entré en la sala y, entre las siluetas de mis acompañantes, observé una a una las majestuosas esculturas. Entre ellas, las tres obras alusivas a Molina Campos con los movimientos congelados de sus caballos, de sus crines, saltos, patas y dientes; sus jinetes con gesticulaciones tan pacientemente elaboradas que expresaban lo mismo que las caricaturas de Molina. 
Además, otras tres esculturas mitológicas que, según mi apreciación, me agradaron más porque tengo afinidad con esa temática. Aunque todas estaban fantásticas e impresionantes. Me resultó llamativa una que se veía solitaria y creo que es la mejor, a pesar de estar desprovista de adornos, llamada EL CENTAURO. 
Me acerqué para mirarlo de cerca y toqué cada una de sus costuras muy bien ensambladas. De pronto, por solo un segundo, cuando pasé mi mano por su lomo, sentí algo extraño: al frío del metal lo sentí tibio... No tuve tiempo de reflexionar porque, repentinamente, fui transportada... mejor dicho, fuimos transportados a otro lugar, a un camino muy estrecho. El movimiento del cuasi animal me advirtió del peligro. Comencé a correr a la par de este ser entre altos arbustos y coníferas, sumergidos en una espesa bruma blanca. Cuando los ojos del centauro se veían más vivos, a mi lado, el trote agitado cesó. Luego, nos escondimos y, con un español muy antiguo, me interrogó y me explicó brevemente el peligro que nos acechaba:
 -Es un enorme perro con tres cabezas que nos sigue muy de cerca; lo digo por los aullidos atroces que se oyen -me dijo el centauro. 
De pronto, entre la bruma y los arbustos, las grandes cabezas resoplaron y se asomaron. Subí al centauro y corrimos muy velozmente hacia adelante. Casi nos tenía entre sus garras, cuando el centauro viró y le apuntó con su arco. En ese instante, escapamos hacia la realidad de la exposición y se transformó de nuevo en escultura. Por un segundo, su rostro conservó la piel, luego se quedó en su base, muy quieto e inmóvil, totalmente inmutable. 
Cuando miré a mi alrededor, me di cuenta de que estaba sola en la sala, volví mi vista y, al tocarlo, ya estaba totalmente frío. 
 Aunque no me crean y digan que lo imaginé todo, yo sé que hay algo de magia en él. Antes de dejar el recinto, me volví por última vez y creo que vi un centelleo extraño en sus ojos, pero me tenía que ir y me fui con pena por dejarlo. 
Si van a la muestra, hagan esta prueba: estén un minuto a solas con él... y, tal vez, los transporte a otro lugar, un lugar para explorar... ¡Pero deben tener cuidado, mucho cuidado! 

  Texto a partir de la muestra de Fabián Villani El artista expresa en las grandes esculturas, un arte distinto, detallado y de alto impacto visual. Una muestra espectacular que llega majestuosa a los ojos. El material y textura que ofrece el alambre soldado, cosido y de color oscuro, brinda misterio y calidez acorde. 
Silvia Herrera

34. ¿Cómo decir basta?



¿Cómo decir…basta?

¿Cómo decir a un niño que
coma un caramelo,
si le damos una bolsa?
¿Cómo decir ¡basta!?
¿Como tratar de que un perro
no coma el hueso entero,
si es solo eso?
¿Cómo decir ¡basta! si no hay nada?
¿Cómo advertir los daños
cuando están ya hechos?
¿Cómo apagar el fuego
sólo con un dedo?
¿Cómo dar de comer,
si estoy hambriento?
¿Cómo decir perdón,
si estás mintiendo?
¿Cómo decir adiós,
si estás volviendo?

¿Cómo decir que esa gota
que rebasa el vaso es la última?
¿Cómo explicar que las anteriores
fueron elixires tirados al viento?
¿Cómo decir… que el agua
se está perdiendo?
¿Cómo decir basta, al que le sobra?
¿Cómo decir basta al que le falta,
si somos niños,
si somos perros.
Silvia Herrera

domingo, 14 de agosto de 2011

13. PERDIDOS


Deja que me hunda en tu cabeza,
mientras mi mano de placer se embriaga.
Realza el prisionero gesto,
mezcla de sonidos y silencio.

El reloj con su mirada inmóvil,
como la tuya paso a paso arde.
Un sutil aire corretea frío,
un peligroso aroma cautivante.

Late continuo el melancólico pecho,
tiritan las riendas del delirio y divagan,
desconociendo si es verano o si es invierno.





Silvia Herrera
12/05/2011

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