¡BIENVENIDOS AL BLOG DEL TALLER LITERARIO DESPERTARES!

Bienvenidos al blog del TALLER LITERARIO DESPERTARES de la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, Córdoba, República Argentina.

Este blog se inicia el 14 de junio de 2011 para publicar los trabajos de los participantes del taller, que funciona en la Biblioteca Popular "Cultura y Progreso".

Ilustración de la cabecera: "El desván de la memoria" de José Manzanares, creador de sueños, artista plástico de Linares, Jaén, España.

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domingo, 1 de marzo de 2026

542. EL HEREJE REBELDE de Óscar de la Borbolla de su libro "Las vocales malditas"

 



EL HEREJE REBELDE de Óscar de la Borbolla de su libro "Las vocales malditas"


En el verde césped del edén, célebre sede de creyentes, el decente Efrén se estremece. Tres deberes del mes lee en el templete del regente: "Defender el vergel del Hereje Rebelde, tener fe en el celeste jefe de tez perenne, ser excelente."

El membrete del Jefe es esplendente, se ve de Kermesse.

Esther se embellece enfrente de Efrén, es de temple terrestre, cree levemente en el deber, el degenere en vez de repelerle le vence. Se ven brevemente, temen se decrete el envejecer, se envenene el éter, se cercene gente, se eleve el jerez.


Desde el estrés del Jefe el edén decrece, el excedente le pertenece, se ejercen leyes dementes, se debe beber detergente en vez de leche, ser pelele, ser pedestre, ser deferente; es menester entretenerse en tejer redes, en prender rebeldes. En el este, trece rehenes perecen de sed; en el frente fenecen de herpes, de peste. El edén ennegrece, se pretende reprender herejes, perderles.


-¡Eh, Esther, ven!, relee el deber. El jefe se excede.


-¿Prevees el tren del semestre?...


Me enteré del brete de gente decente en el este: nenes, bebés perecen. El clemente es el Hereje Rebelde: desprende el ente del crecer, mete el entender, cede excelentes mercedes. El Rebelde merece el belvedere…


-Esther, eres efervescente. Ten en mente el menester del Jefe, es rete vehemente, de repente crece, reverdece, expele seres…


-Ese vejete me prende. Es jefe, regente, gerente. Perennemente deberes: “llévenme el neceser”, “llénenme de peces”, “repten”, “trepen”, “dejen de verme”, “récenme preces”, “enderécense”, “respétenme”, “festéjenme”, “perseveren”, “refrénense”, “esperen”, “vegeten”, “déjense”. Se cree el Ser, el Tres Reyes; es el jején del edén.


-¡Esther! ¡Detente! ¿Pretendes descreer de Él?


-¡Efrén, temerle es endeblez! ¡El presente debe ser del Rebelde! Él es terrestre, es el envés del Jefe. De él es ese “dejen de depender”, ese “mézclense”, ese “bésense”, ese “deséense”. El entender debe extenderse.


-¡Esther, se te mete el Rebelde!


-¡Emerge Efrén!, eres decente. Despréndete de ese pelele, es memez de bebel. Ve de frente, mereces se te respete, se te deje beber, expeler semen, tenderte en el césped. Mereces se te revele el ser del éter celeste, se te eleve, se te deje emprender. El emprender es el eje del entender…


-Efrén se mece: es el deber del Jefe enfrente del descreer rebelde; teme le desherede, le eche del edén, le fleten de res, le llenen de herretes; Esther le embebe, se mete en él, le vence: “Tenerme en el césped… tenerme trece veces… excederte… es… es… excelente Efrén”.


De repente el éter emerge del celeste Jefe: “¡Ejem! ¡Dejen de entenebrecerme, seres febles! ¡Vermes! Refléjenme, venérenme, échense, desesperen. Les generé de heces en el retrete del desdén, les presté el verde edén. Les exenté de fenecer. Les estrellé el éter. Les enderecé el pesebre. Les enseñé el deber… ¡Me entenebrecen, seres herejes, les perderé! ¡Recelen! Efrén, desde este mes debes merecer el jerez. Te meteré vehemente sed. Este deber te merme, te reste, te cercene… Esther, eres gente terrestre, plebe de rebelde, te he de vencer. Desde el Belem, Efrén te despeche, te cele, te frene…”


El Jefe les expele, les mete reveses dementes, el eje del edén cede, el templete se estremece, el verde se desprende, se ennegrece el vergel. Se les ve perder el esplendente ser: Esther envejece, Efrén precede. El brete es de meses, de repente entrevé en el celere presente encenderse el éter: es el Rebelde.


¡Esther, Efren, espérenme!... Serénense... Desenrédense de ese temple, peleen. Es menester se destete. El Jefe es endeble. Dejen de temerle, es celeste, depende del creer, del tenerle fe... ¿Preñez? ¡Déjele!, entérense: se prevee... ¿Merecer el jerez? ¡Déjele! Se emprende... de este enser emerge excelente jerez... Estrenen el entender rebelde, creen enseres. Eleven este terrestre edén, céntrense en él. Es breve este entremés, embelésense, deséense, desde este mes se pertenecen, les pertenece el excedente, llénense, bésense, rebélense. ¡Es menester vencer!


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Autor: OSCAR DE LA BORBOLLA

Óscar de la Borbolla (México) es escritor, poeta, ensayista y profesor titular en el área de Metafísica y Ontología en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Acatlán en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Completó su Licenciatura y Maestría, con mención honorífica, en filosofía, en esta misma universidad. Realizó estudios de doctorado en filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, España. Colabora en la sección editorial del periódico Excélsior con la columna de ficción y humor negro denominada ¨Ucronías¨. Ha obtenido los siguientes premios por sus cuentos: Mención Honorífica en el Concurso Internacional de Cuento Esperante (1985), con el cuento ¨El canto de las sirenas¨, y el Premio Internacional de Cuento Plural (1987), con el cuento ¨Las esquinas del azar¨. También ha obtenido varios premios por sus novelas Nada es para tanto (1991) y Todo está permitido (1994).


541. Seis problemas para la minificción, un género del tercer milenio: Brevedad, Diversidad, Complicidad, Fractalidad, Fugacidad, Virtualidad

 Seis problemas para la minificción, un género del tercer milenio:

Brevedad, Diversidad, Complicidad, Fractalidad, Fugacidad, Virtualidad




Lauro Zavala

La minificción es la narrativa que cabe en el espacio de una página. A partir de esta sencilla definición encontramos numerosas variantes, diversos nombres y múltiples razones para que sea tan breve.

En estas notas presento un breve panorama sobre el estado actual de la escritura de minificción y sobre las discusiones acerca de este género proteico, ubicuo y sugerente, que a la vez se encuentra en los márgenes y en el centro de la escritura contemporánea. Aquí conviene señalar que aunque el estudio sistemático de la minificción es muy reciente, pues se remonta a los últimos diez años, su existencia en la literatura hispanoamericana se inicia en las primeras décadas del siglo XX. Por esta razón, la mayor parte de las reflexiones y observaciones presentadas a continuación se derivan del estudio de las antologías y los concursos de minificción, en cuya tradición los escritores y editores hispanoamericanos se han adelantado en varias décadas a otros muchos lugares del mundo. La tesis central de estas notas consiste en sostener que la minificción es la escritura del próximo milenio, pues es muy próxima a la fragmentariedad paratáctica de la escritura hipertextual, propia de los medios electrónicos.

Los problemas que enfrenta la minificción en relación con la teoría, la lectura, la publicación, el estudio y la escritura son al menos los relativos a seis áreas: brevedad, diversidad, complicidad, fractalidad, fugacidad y virtualidad. A continuación me detengo en cada uno de estos problemas señalando algunas de las conclusiones a las que se ha llegado durante los últimos años y algunas de las áreas que podrán ser exploradas con mayor profundidad en el futuro inmediato.


👉Brevedad

En su introducción a una antología de narrativa experimental publicada en 1971 con el título Anti-Story (El anti-cuento) Philip Stevick incluye como una de las formas más arriesgadas de experimentación la escritura de narrativa extremadamente breve, aquella que no excede el espacio convencional de una cuartilla o una página impresa. Durante los últimos veinte años esta forma de escritura ha dejado de ser algo marginal en el trabajo de cualquier escritor reconocido o un mero ejercicio de estilo. En su lugar, la minificción es cada vez con mayor intensidad un género practicado con entusiasmo y con diversas clases de fortuna por toda clase de lectores. En el momento en el que está agonizando el concepto mismo de escritores monstruosos o sagrados, surgen en su lugar múltiples voces que dan forma a las necesidades estéticas y narrativas de lectores con necesidades igualmente múltiples, difícilmente reducibles a un canon que señale lo que es o puede llegar a ser la escritura literaria.

En otras palabras, el espacio de una página puede ser suficiente, paradójicamente, para lograr la mayor complejidad literaria, la mayor capacidad de evocación y la disolución del proyecto romántico de la cultura, según el cual sólo algunos textos con determinadas características (necesariamente a partir de una extensión mínima) son dignos de acceder al espacio privilegiado de la literatura.

La utilización de textos literarios muy breves, por otra parte, se encuentra entre las estrategias más productivas de la enseñanza, lo cual tiene una clara raíz de tradición oral. El cuento muy breve está siendo revalorado por su valor didáctico en los cursos elementales y avanzados para la enseñanza de lenguas extranjeras, y en los cursos elementales y avanzados de teoría y análisis literario (L. Zavala et al., en prensa). En una hora de clase se puede explorar un texto muy breve con mayor profundidad que una novela o una serie de cuentos.

En general, los textos extremadamente breves han sido los más convincentes en términos pedagógicos en la historia de la cultura. Este es el caso de las parábolas (bíblicas o de otra naturaleza), los aforismos (M. Satz 1997), las definiciones (L. Deneb 1998), las adivinanzas (M. Mejía Valera 1988) y los relatos míticos. Su propia diversidad y su poder de sugerencia pueden ser probadas al estudiar la multiplicación de antologías y estudios de estos géneros de la brevedad. Tan sólo en el caso de los mitos, recientemente se ha llegado a comprobar la universalidad del mito de la Cenicienta, cuya estructura narrativa es más persistente aún que la del mito de Edipo, pues constituye un relato breve característico de casi toda estructura familiar (A. Dundes 1993).

También en los años recientes hay un resurgimiento del ensayo muy breve, para el cual se utiliza simplemente la palabra Short (Corto) (J. Kitchen 1996). Y otro tanto ocurre en el caso del cortometraje, los videoclips y la caricatura periodística. Los textos ensayísticos de brevedad extrema de escritores como Jorge Luis Borges, Virginia Woolf y Octavio Paz son una lección de poesía, precisión y brillantez que compiten con los textos más extensos de los mismos autores. Tal vez esto explique también el resurgimiento de otros géneros de brevedad extrema, como el Hai Ku (W. Higginson 1985) y los cuentos alegóricos de las distintas tradiciones religiosas (derviches, budistas, taoístas, etc.).


👉Diversidad

En todos los estudios sobre minificción hay coincidencia en el reconocimiento de que su característica más evidente es su naturaleza híbrida. La minificción es un género híbrido no sólo en su estructura interna, sino también en la diversidad de géneros a los que se aproxima. En este último caso, es evidente la reciente tradición de antologar cuentos muy breves de carácter policiaco o de ciencia ficción, con títulos ligados a su naturaleza genérica y breve, como Microcosmic Tales (Microhistorias cósmicas) (I. Asimov, M. Greenberg & J. Olander 1992) o 100 Dastardly Little Detective Stories (100 relatos policiacos cobardemente pequeños) (R. Weinberg, S. Dziemianowicz & M. Greenberg 1993). Como ya ha sido señalado en diversas ocasiones, resulta difícil distinguir la escritura de poemas en prosa de la narrativa más breve, razón por la cual un mismo texto, especialmente en el ámbito hispanoamericano, es incluido con mucha frecuencia simultáneamente en antologías de cuento, en antologías de ensayo y en antologías de poema en prosa (cf. L. Zavala 1996).

También la diversidad genérica de la minificción permite incluir en su interior un tipo de narrativa ilustrada de naturaleza artística y didáctica, generalmente de corte irónico, conocido como mini-historieta. Se trata de viñetas en secuencia que en conjunto no rebasan el espacio de una página y que narran una historia unida a las demás del mismo libro por un tema común, dirigido a un público especializado (C. Sifax 1997).

Un caso particular de hibridación en la escritura contemporánea son los bestiarios y las fábulas. Está ampliamente documentada la rica tradición de la escritura fabulística en Hispanoamérica, en particular la escritura de fábulas con intención política en el interior de las comunidades indígenas durante el periodo colonial y hasta las últimas décadas del siglo XIX (M. Camurati 1978).


La tradición fantástica que produce un numeroso contingente de bestias mágicas y seres sobrenaturales es genuinamente universal, y ha producido sus propios diccionarios especializados, que constituyen acervos de relatos breves con diversos subtextos en espera de ser explorados. Así, además de los diccionarios de monstruos, hadas, dragones, ángeles, gárgolas y otros seres imaginarios surgidos en el contexto europeo, en Hispanoamérica contamos también con una gran riqueza de bestiarios fantásticos. Este recuento de bestiarios hispanoamericanos debe incluir, por lo menos, a tres trabajos imprescindibles. En primer lugar el Manual de zoología fantástica (1954) de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero; el Bestiario (1959) de Juan José Arreola y Los animales prodigiosos (1989) de René Avilés Fabila. En el terreno de la fábula es ampliamente conocido el trabajo paródico de Augusto Monterroso, La oveja negra y demás fábulas (1969), recientemente traducido al latín (1988).


El Bestiario de Indias del Muy Reverendo Fray Rodrigo de Macuspana (UAEM, 1995), compilado por Miguel Ángel de Urdapilleta, reúne materiales de muy diversas fuentes y en los cuales reconocemos a la vez subtextos alegóricos y un compendio de conocimientos empíricos de diversa naturaleza. Como complemento de esta antología acaba de ser publicado el primer Diccionario de bestias mágicas y seres sobrenaturales de América (UdeG, 1995) compilado por Raúl Aceves. Conviene señalar que estos trabajos han sido publicados muy recientemente, en el año 1995, por las universidades del Estado de México y de Guadalajara, respectivamente. Cada uno de estos volúmenes forma parte de proyectos de investigación de mayor alcance sobre estas formas de narrativa muy breve.


👉Complicidad

Todo acto nominativo es un acto fundacional. La responsabilidad de fijar un nombre a un género proteico ha generado una enorme diversidad de términos y diversas formas de complicidad entre lectores y textos. Pero tal vez es necesario señalar que los términos técnicos más precisos se apegan a distinguir los textos en función de su extensión relativa. Veamos algunos ejemplos. Alfonso Reyes llamó apuntes, cartones y opúsculos a sus trabajos más breves. Otros autores, especialmente los que han escrito poemas en prosa, han llamado a sus textos más breves, respectivamente, detalles, instantáneas y miniaturas. Otros más se refieren a sus cuentos muy cortos como cuadros, situaciones y relaciones de sucesos (A. Reyes; Genaro Estrada y Carlos Díaz Dufoo, cit. en L. H. Helguera, 31, 27, 19). En todos estos casos se trata de textos cuya extensión efectivamente es menor a una página, y que la crítica no ha dudado en incluir, indistintamente, en las antologías de cuento, de ensayo y de poema en prosa, pues su naturaleza híbrida los ubica en estos terrenos a la vez. Estos textos, como ya ha sido señalado, son más breves que la llamada ficción súbita o incluso que la llamada ficción de taza de café o de tarjeta postal (I. Zahava). Se trata, en suma, de lo que Cortázar llamó textículos o minicuentos, y que aquí llamamos cuentos ultracortos o, simplemente, minificción. ¿Por qué el nombre es tan importante? El nombre genera expectativas específicas en los lectores, quienes esperan algo muy distinto al leer títulos como Textos extraños (Guillermo Samperio, 1981) o Cuentecillos y otras alteraciones (Jorge Timossi, 1995), aunado al hecho de que el primero está ilustrado con dibujos experimentales y autorreferenciales, mientras el segundo está ilustrado por las caricaturas de Quino. Todavía, sin duda, hay espacio para la creación de otros títulos a la vez imaginativos y precisos. Un título neutral como Quince líneas, seguido del subtítulo Relatos hiperbreves (Círculo Cultural Faraoni, 1996) es menos literario que el sencillo Cuentos vertiginosos (Beatriz Valdivieso 1994).


El arte de titular los textos y sus respectivas colecciones no es sólo responsabilidad del autor y el editor, pues los lectores también intervienen al hacer de una expresión literaria parte del habla cotidiana. Sin embargo, es muy improbable que se lleguen a adoptar los nombres nuevos presentados por los escritores William Peden (que propuso el término ficción escuálida), Philip O’Connor (quien propone llamar cue a los textos más breves que un cuento) o Russell Banks (quien propone llamarlos poe, en homenaje a Edgar Allan Poe). Dice Russel Banks: “Yo escribo poes”. Pero difícilmente alguien escribirá en su pasaporte: Profesión: Escritor de cue (R. Shapard & J. Thomas 1989; 248, 258, 259).


👉Fractalidad

Del fr. fractal, voz inventada por el matemático francés B. Mandelbrot en 1975, y este del lat. fractus 'quebrado'.

m. Mat. Objeto geométrico en el que una misma estructura, fragmentada o aparentemente irregular, se repite a diferentes escalas y tamaños. U. t. c. adj.

El concepto de unidad es uno de los fundamentos de la modernidad. Así, considerar a un texto como fragmentario, o bien considerar que un texto puede ser leído de manera independiente de la unidad que lo contiene (como fractal de un universo autónomo) es uno de los elementos penalizados por la lógica racionalista surgida en la Ilustración. Sin embargo, ésta es la forma real de leer que practicamos al final del siglo XX. Entre los Derechos Imprescriptibles del Lector, incluye Daniel Pennac el derecho inalienable a saltarse páginas, el derecho a leer cualquier cosa y el derecho a picotear. Sobre este último, dice el mismo Pennac en su libro Como una novela: Yo picoteo, tú picoteas, dejémoslos picotear.


Es la autorización que nos concedemos para tomar cualquier volumen de nuestra biblioteca, abrirlo en cualquier parte y meternos en él por un momento porque sólo disponemos de ese momento. (…) Cuando no se tiene el tiempo ni los medios para pasarse una semana en Venecia, ¿por qué rehusarse el derecho a pasar allí cinco minutos? (…) Dicho esto, puede abrirse a Proust, a Shakespeare o la Correspondencia de Raymond Chandler por cualquier parte y picotear aquí y allá sin correr el menor riesgo de resultar decepcionados (Pennac 1997, 162). En otras palabras, la fragmentariedad no es sólo una forma de escribir, sino también y sobre todo una forma de leer. Veamos entonces algunos testimonios de estas lecturas fragmentarias, en las que se toman muy en serio textos que en otro momento habrían sido pasados por alto o estudiados como parte de una unidad mayor. Uno de los casos más interesantes es el del capítulo 68 de Rayuela, que hasta ahora ha sido objeto de diversos estudios lingüísticos y literarios, como un texto con autonomía en relación con el resto de la novela. Pero como complemento de lo anterior también encontramos los libros de varia invención, como género omniscio propuesto en su momento por Juan José Arreola, y en general las minificciones que resulta conveniente leer como parte de una serie. Este es el caso de cada una de las Historias de cronopios y de famas de Julio Cortázar; los Ejercicios de estilo de Raymond Queneau; las Nuevas formas de locura de Luis Britto García o la serie de Las vocales malditas de Oscar de la Borbolla.


Esta relación entre la unidad y el fragmento puede llegar a extremos de ambigüedad estructural, como en el caso de las crónicas de viaje escritas en forma de viñetas reflexivas (El imperio de los signos de Roland Barthes); el autorretrato como serie de imágenes introspectivas (Roland Barthes por Roland Barthes) o la creación de antologías cuya organización invita a leer los textos incluidos en ella de manera sugerente. Así, la compilación de tiny stories (historias pequeñas) elaborada por Rosemary Sorensen en Nueva Zelandia reúne a escritores chinos y australianos y les da una unidad inesperada, al dividir su compilación en seis secciones lógicas y a la vez imaginativas. Las secciones son las siguientes: ¿Quién? Historias de identidad confusa. ¿Cuándo? Historias sobre la memoria y el sentido. ¿Cómo? Historias sobre el arte de contar historias. ¿Por qué? Historias acerca de por qué la gente hace lo que hace. ¿Dónde? Historias acerca de otros lugares y otros tiempos. Y finalmente ¿Qué? Historias de resistencia. En este caso, la misma organización es una invitación a la relectura y una afortunada propuesta de interpretación.

Rosemary Sorensen (nacida en 1954)  es una periodista australiana ,  editora y crítica literaria que trabajó anteriormente para The Australian y luego para Bendigo Weekly . 

Fundó el Festival de Escritores de Bendigo, que dirigió durante 11 años. Sorensen se graduó de la Universidad de Monash con un doctorado titulado " Tristan Corbière : postura poética e impostura". 


Estos y otros muchos síntomas de las estrategias de lectura de textos muy breves nos llevan a pensar que el fragmento ocupa un lugar central en la escritura contemporánea. No sólo es la escritura fragmentaria sino también el ejercicio de construir una totalidad a partir de fragmentos dispersos. Esto es producto de lo que llamamos fractalidad, es decir, la idea de que un fragmento no es un detalle, sino un elemento que contiene una totalidad que merece ser descubierta y explorada por su cuenta.


Tal vez la estética del fragmento autónomo y recombinable a voluntad es la cifra estética del presente, en oposición a la estética moderna del detalle. La fractalidad ocupa el lugar de fragmento y del detalle ahí donde el concepto mismo de totalidad es cada vez más inabarcable (O. Calabrese).


👉Fugacidad

La pregunta por la dimensión estética de la minificción es una de las más complejas de esta serie. Cuando encontramos minicuentos de naturaleza marcadamente híbrida podemos preguntarnos, con razón: ¿son cuentos? (V. Rojo 1997). Algún estudioso de la minificción ha llegado a afirmar sin ningún reparo que las mejores formas de minicuento son los chistes (J. Stern 1996). Pero aquí podemos preguntarnos: ¿son literatura? Una posible respuesta a estas preguntas se encuentra en las lecturas más especializadas que se están realizando sobre estos textos y que contribuyen a crear, si no un canon (lo cual sería virtualmente imposible) sí al menos un consenso acerca de la naturaleza de estos materiales y acerca de lo que vale la pena de leer, escribir y estudiar. Me refiero a las lecturas de minificción original que se se hacen en los concursos de minicuentos; a la publicación de antologías; a la edición de revistas dedicadas a la minificción, y a la elaboración de estudios especializados. Los concursos se han multiplicado durante la década final del milenio y siguen creciendo a un ritmo vertiginoso. Tal vez el más antiguo es el Concurso del Cuento Brevísimo de la revista El Cuento de México, creado hace ya casi veinte años y cuyo límite son las 250 palabras.


También existe desde 1986 el Florida State University’s World’s Best Short Story Contest (Concurso del Mejor Cuento del Mundo convocado por la Universidad del Estado de Florida), cuyo límite también se ubica en las 250 palabras, es decir, el espacio aproximado de una cuartilla. Los organizadores de este último han publicado ya una antología de los cuentos que han obtenido los primeros lugares durante estos doce años (J. Stern 1996).


Más recientemente se han creado otros concursos en América Latina, como el Concurso Anual de Minicuentos de la Dirección de Cultura del Estado de Araguá (Venezuela); el Concurso de Minificción de la revista Maniático Textual (Argentina); el Concurso de Minicuentos y Minipoesía de la revista Casa Grande (Comunidad de Colombia en México) y el Concurso de la revista Zona (Colombia), donde se publicó en su momento un original Manifiesto del Minicuento.


Por último, mencionemos la existencia desde 1993 de la revista 100 Words, que publica The International Writing Program, The University of Iowa (el programa internacional de escritores de la Universidad de Iowa). Esta revista es bimestral y publica cuentos y poemas con una extensión de 100 palabras, a partir de un tema propuesto de antemano por los editores. La invitación para colaborar en esta revista está dirigida a todos los escritores que alguna vez han sido parte del programa, y en el cual han participado escritores de 72 países.


En lo que respecta a los estudios especializados, pocas novelas o cuentos de extensión convencional han recibido la atención crítica que ha merecido “Continuidad de los parques” de Julio Cortázar. Este cuento, con una extensión de dos páginas, no sólo ha sido objeto de más de una docena de artículos especializados y capítulos de libros (cf. L. Zavala, Cuentos sobre el cuento, en prensa), sino que incluso ha sido objeto de tesis de grado y posgrado (A. Cajero 1992). Otros textos de minificción han recibido similar respuesta de los lectores especializados, como es el caso del cuento de Oscar de la Borbolla “El hereje rebelde” (C.A.Quiroz y V.Vargas 1994), incluido en su serie de cinco cuentos Las vocales malditas.


En diversos libros de texto de nivel elemental, de educación secundaria y de educación básica superior se han incluido numerosas minificciones de autores tan diversos como Julio Cortázar, Julio Torri, Guillermo Samperio, José de la Colina, Jorge Luis Borges y un largo etcétera. Tal vez la familiaridad que numerosos lectores tienen con este género de la brevedad se debe en gran medida a estas formas de iniciación a la fuerza que tiene la brevedad (Palou 1996).


El caso extremo de relación paradójica entre la extensión de un minicuento y la respuesta crítica que ha generado es “El dinosaurio” de Augusto Monterroso, que ha sido objeto de numerosos artículos, capítulos de libros y tesis. Entre los más conspicuos aquí recordamos el artículo de Juan Villoro, “Monterroso, libretista de ópera” (J. Villoro 1995). Pero tal vez un indicador aún más sorprendente que todos los anteriores del lugar que ocupa la escritura de minificción en este momento es el curso universitario diseñado con toda clase de ejercicios y recomendaciones para escribir minificción, publicado en 1997 por Roberta Allen con el título Fast Fiction. Creating Fiction in Five Minutes (Ficción rápida. Cómo crear ficción en cinco minutos).


👉Virtualidad

La minificción es lo que distingue a los cibertextos. Si los cibertextos son la escritura del futuro, entonces la minificción es el género más característico del próximo milenio.

¿Qué es un cibertexto? Un cibertexto es el producto de utilizar un programa interactivo frente al cual el lector ya no sólo elabora una interpretación, sino que participa con una intervención sobre la estructura y el lenguaje del texto mismo, convirtiéndose así en un coautor activo frente a la forma y el sentido último del texto. Si lo que está en juego en la lectura de los cibertextos no es sólo su interpretación, sino una intervención directa en la naturaleza del texto, en esa medida lo que está en juego en el cibertexto no es una representación de la realidad, sino la presentación de una realidad textual que es autónoma y no tiene referentes externos. El paso del texto al cibertexto es similar al de la lectura sobre el papel a la intervención en el hipertexto interactivo sobre la pantalla de la computadora. La creación de estos nuevos medios lleva a la producción de nuevos juegos literarios, así como a la creación de talleres literarios de carácter interactivo y a la escritura de cuentos virtuales de carácter multimedia.

Todo lo anterior, en el campo de la literatura, genera lo que recibe el nombre de textos ergódicos ¿Qué es la literatura ergódica? (E. Aarseth 1997). El término proviene de ergon (trabajo) y hodos (camino). Lo que podríamos llamar cuentos compactos o cuentos ergódicos es una escritura fragmentaria que genera sus propios lectores virtuales, cada uno de los cuales se concretiza en cada acto de lectura activa frente al texto. Y precisamente la minificción se encuentra en el centro de estas estrategias de descentramiento de la escritura textual.


Podríamos concluir recordando que en sus Seis propuestas para el próximo milenio Ítalo Calvino construyó un horizonte estético, con mucho sentido común, a partir de elementos como Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad, Multiplicidad y Consistencia. Son todas ellas propuestas surgidas de la experiencia de un escritor ejemplar.


Las propuestas presentadas aquí son sólo otras tantas maneras de elaborar un homenaje al género de mayor Brevedad, Diversidad y Fugacidad de la escritura contemporánea, y un reconocimiento a su elevado potencial de Complicidad, Fractalidad y Virtualidad. La minificción es la clave del futuro de la lectura, pues en cada minitexto se están creando, tal vez, las estrategias de lectura que nos esperan a la vuelta del milenio.


FIN

https://ciudadseva.com/texto/seis-problemas-para-la-minificcion/


Bibliografía

Aarseth, Espen: Cybertext. Perspectives on Ergodic Literature. Baltimore & London, The Johns Hopkins University Press, 1997

Aceves, Raúl, compilador: Diccionario de bestias mágicas y seres sobrenaturales de América. Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1995

Allen, Roberta: Fast Fiction: Creating Fiction in Five Minutes. Cincinnati, Ohio, Story Press, 1997

Arreola, Juan José: Obras. Antología y prólogo de Saúl Yurkiévich. México, 1995, 719 p. Asimov, Isaac & Groff Conklin, eds.: 50 Short Science Fiction Tales. New York, Scribner Paperback Fiction, 1997 (1963)

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Barthes, Roland: El imperio de los signos. Madrid, Mondadori, 1991 (1970) ———-: Roland Barthes. Barcelona, Kairós, 1978 (1975) Borges, Jorge Luis y Margarita Guerre ro: Manual de zoología fantástica. México, Fondo de Cultura Económica, Serie Brevia rios, Num. 125, 1983 (1957) Brandenberger, Erna, ed.: Cuentos brevísimos. Deutscher Taschenbuch Verlag, 1996 Brasca, Raúl (selección y prólogo): Dos veces bueno. Cuentos brevísimos latinoamericanos.

Buenos Aires, Ediciones Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, 1996 ——— (selección y prólogo): Dos veces bueno 2. Más cuentos brevísimos latinoamericanos. Buenos Aires, Ediciones Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, 1997 Britto García, Luis: “Nuevas formas de locura” en Me río del mundo. Caracas, Publica ciones Seleven, 1984, 165-169

Cajero Vázquez, Antonio: “El lector en Continuidad de los parques. Un cuento de Julio Cortázar”. Tesis de Licenciatura en Letras Latinoamericanas, Universidad Autónoma del Estado de México, 1992

Calvino, Italo: Seis propuestas para el próximo milenio. Traducción de Aurora Bernárdez. Madrid, Ediciones Siruela, 1989 (1985)

Camurati, Mireya: La fábula en Hispanoamérica. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1978

Círculo Cultural Faraoni: Quince líneas. Relatos hiperbreves. Prólogo de Luis Landero. Barcelona, Tusquets, Serie Andanzas, Num. 288. Barcelona, 1996

Cortázar, Julio: La vuelta al día en ochenta mundos. México, Siglo Veintiuno Editores, séptima edición formato especial.1986 (1967)

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Kitchen, Judith & Mary Paumier, eds.: In Short. A Collection of Brief Creative Nonfic tion. New York, W.W.Norton, 1996

Landow, George P.: Hypertext. The Convergence of Contemporary Critical Theory and Technology. Baltimore and London, The Johns Hopkins University Press, 1992 Mejía Valera, Manuel: Adivinanzas. México, UNAM, 1988

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Pennac, Daniel: “El qué se leerá (o los derechos imprescriptibles del lector)” en Como una novela. Santafé de Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1997 (1992) Rojo, Violeta: Breve manual para reconocer minicuentos. México, UAM Azcapotzalco, Libros del Laberinto, 1997

Queneau, Raymond: Exercises de style. Paris, Gallimard, 1983 (1947). Traducción al español: Ejercicios de estilo. Versión de Antonio Fernández Ferrer. Madrid, Cátedra, 1987

Quiroz Velázquez, Carmina Angélica & Verónica Vargas Esquivel: “Una propuesta para desmitificar el Génesis 3”. Tesis de Licenciatura en Letras Latinoamericanas, Universidad Autónoma del Estado de México, 1994

Satz, Mario: Truena, mente perfecta. La sabiduría de los proverbios. Barcelona, Helios, 1997

Sorensen, Rosemary, ed.: Microstories. Tiny Stories. Auckland-London, Angus & Roberstson (Harper & Collins), 1993

Stern, Jerome, ed.: Micro Fiction. An Anthology of Really Short Stories. New York, W.W. Norton, 1996

Thrayes, Stephen: Asesinato en la noche. Serie Compact Libro Juego, Num. 6. Barcelona, Timun Mas, 1996 (1994)

Timossi, Jorge: Cuentecillos y otras alteraciones. México, Pangea, 1997 (1995) Urdapi lleta, Marco Antonio, compilador: Bestiario de Indias por el Muy Reverendo Fray Rodrigo de Macuspana. Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 1995 Valdivieso, Beatriz: Cuentos vertiginosos. Salamanca, Anaya & Mario Muchnik, 1994 Villoro, Juan: “Monterroso, libretista de ópera” en Los once de la tribu. Crónicas. México, Aguilar, 1995, 101-109

Weinberg, Robert; Stefan Dziemianowicz & Martin Greenberg, eds.: 100 Dastardly Little Detective Stories. New York, Barnes & Noble, 1993, 561 p.

Zahava, Irene, ed.: Word of Mouth. Short-Short Stories by 100 Women Writers, vol. 2. Freedom, California, The Crossing Press, 1990

Zavala, Lauro: “El cuento ultracorto: hacia un nuevo canon de lectura” en El cuento mexicano. Homenaje a Luis Leal. Compilación de Sara Poot. México, UNAM, 1996 ——–: “Bibliografía sobre metaficción en los cuentos de Cortázar” en Cuentos sobre el cuento. Volumen 4 de la serie Teorías del Cuento. México, UNAM, en prensa

——– et al.: Lecturas simultáneas. La enseñanza de la lengua y la literatura con especial referencia al cuento ultracorto. México, UAM Xochimilco, en prensa

Nota: Lauro Zavala es profesor investigador titular en la Universidad Autónoma Metropolitana, Campus Xochimilco, México.

El Cuento en Red, Nº1: Primavera, 2000.

https://ciudadseva.com/texto/seis-problemas-para-la-minificcion/

540. El microrrelato: Ese arte pigmeo por Pedro de Miguel

 




El microrrelato: Ese arte pigmeo


Por Pedro de Miguel

Microcuento, minicuento, cuento minúsculo, cuento en miniatura, incluso cuentículo… Existen demasiadas denominaciones para dar cuerpo al cuento brevísimo, entre las que parece imponerse la de “microrrelato”.


Un fenómeno en absoluto nuevo en la literatura, que sin embargo parece ponerse de moda en el último medio siglo, de la mano de insignes cultivadores de la ficción hispanoamericana como Borges, Cortázar, García Márquez, Arreola, Denevi y Monterroso. Porque, aunque el microrrelato no es ajeno a todas las literaturas contemporáneas -basta recordar la extraña belleza de los cuentos breves de Kafka o el impagable humor de los de Slawomir Mrozek-, parece haber irrumpido con mayor fuerza al otro lado del Atlántico, donde también se ha intentado dotarlo de base teórica y distinguirlo de especies afines. No faltan en nuestro país brillantes cultivadores del microrrelato, como Luis Mateo Díez, Max Aub o Antonio Pereira, y es raro el escritor que no haya perpetrado uno alguna vez.


El microrrelato hunde sus raíces, como toda literatura, en la tradición oral, en forma de fábulas y apólogos, y va tomando cuerpo en la Edad Media a través de la literatura didáctica, que se sirve de leyendas, adivinanzas y parábolas. Algunos han visto el microrrelato como la versión en prosa del haiku oriental y otros lo han hecho derivar de la literatura lapidaria.


Pero es en la época moderna, al nacer el cuento como género literario, cuando el microrrelato se populariza en la literatura en español gracias a la concurrencia de dos fenómenos de distinta índole: la explosión de las vanguardias con su renovación expresiva y la proliferación de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas culturales. Algunas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son verdaderos cuentos de apenas una línea, y también Rubén Darío y Vicente Huidobro publicaron minicuentos desde diversas estéticas. Junto a estos autores, la crítica señala también al mexicano Julio Torri y al argentino Leopoldo Lugones como decisivos precursores del actual microrrelato.


En la segunda mitad del siglo XX el microrrelato llega a su madurez. Ya no se trata de un ejercicio de estilo, de una pirueta de agudeza o de un retazo más o menos misterioso de prosa poética. El microrrelato se presenta como una auténtica propuesta literaria, como el género idóneo para definir, parodiar o volver del revés la rapidez de los nuevos tiempos y la estética posmoderna. Algo que tiene que ver con Ítalo Calvino y sus “Seis propuestas para el próximo milenio”, con sus “hibridaciones multiculturales”, como ha señalado Enrique Yepes, uno de los estudiosos de este arte pigmeo. El cuento brevísimo es la arena ideal donde se bate la moda de la destrucción de los géneros, hasta el punto de que resulte imposible -e inútil- tratar de definirlo, distinguirlo o envolverlo de legalidad.


Proliferan así estos “cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas” -según expresión del argentino David Lagmanovich- que, con su despojamiento, ponen a prueba “nuestras maneras rutinarias de leer”. Para diferenciarlos de los aforismos, las frases lapidarias o los miniensayos, deben cumplir los principios básicos de la narratividad, aunque de una forma extravagantemente concentrada. Son, casi siempre, ejercicios de reescritura, o minúsculo laboratorio de experimentación del lenguaje, o ambiciosa pretensión de encerrar en unas líneas una visión trascendente del mundo. Pero queda una sospecha: ¿no habrá en todo esto un poco de pereza? Con su humor de siempre, Augusto Monterroso parece sembrar la duda cuando escribe: “Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto”.


https://ciudadseva.com/texto/el-microrrelato-ese-arte-pigmeo/


539. LOS DETERMINANTES

 


jueves, 27 de noviembre de 2025

538. BUSCAR EN EL LUGAR EQUIVOCADO (minicuento) de Anthony de Mello

 


BUSCAR EN EL LUGAR EQUIVOCADO  (Minicuento) Por Anthony de Mello

Un vecino encontró a Nasruddin cuando este andaba buscando algo de rodillas.

-Qué andas buscando, Mullab?

-Mi llave. La he perdido.

Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino:

-¿Dónde la perdiste?

-En casa.

-¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí?.

-Porque aquí hay más luz.


Frases célebres de Anthony de Mello

Las frases de Anthony de Mello se han vuelto virales en redes sociales, libros y vídeos de espiritualidad. Algunas de las más representativas son:

“El problema no está en el mundo, sino en cómo lo miras.”

“¿Quieres tener un corazón libre? Entonces prepárate para perderlo todo.”

“No necesitas cambiar, solo necesitas despertar.”

“El apego es lo que te impide ver la verdad.”


Anthony de Mello (Bombay, 1931— Nueva York, 1987) fue un sacerdote jesuita y psicoterapeuta conocido por sus libros y conferencias sobre espiritualidad y mindfulness, donde utilizaba elementos pedagógicos de religiones orientales, además de la tradición judeocristiana.


537. ANTE LA LEY cuento de Franz Kafka





Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.

Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.

Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.

-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.

-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.


“Vor dem Gesetz”,

Selbswehr, 1915


Franz Kafka (pronunciación en alemán: /ˌfʁant͡s ˈkafka/ (escucharⓘ); Praga, Imperio austrohúngaro, actual capital de República Checa; 3 de julio de 1883-Kierling, Austria; 3 de junio de 1924) fue un escritor bohemio de lengua alemana. Su obra, una de las más influyentes de la literatura universal,[1]​[2]​ es una de las pioneras en la fusión de elementos realistas con fantásticos y tiene como principales temas los conflictos paternofiliales, la ansiedad, el existencialismo, la brutalidad física y psicológica, la culpa, la filosofía del absurdo, la burocracia y las transformaciones espirituales.

Escribió las novelas El proceso (Der Prozeß), El castillo (Das Schloß) y El desaparecido (Amerika o Der Verschollene), la novela corta La metamorfosis (Die Verwandlung) y un gran número de relatos cortos.[3]​ Además dejó una abundante correspondencia y escritos autobiográficos.[4]​ Kafka nació en una familia judía checa de habla alemana y yidis en Praga, para entonces capital del Reino de Bohemia, que pertenecía al Imperio austrohúngaro.[5]​[6]​ Estudió leyes y tras completar sus estudios trabajó a tiempo completo en varios empleos legales y de seguros.[7]​ Sus obligaciones profesionales le llevaron a un conflicto interno en tanto sentía que su verdadera vocación era la escritura. Apenas una minoría de sus obras fueron publicadas en vida. Las colecciones de cuentos Contemplación (1912) y Un médico rural (1919), así como algunas historias, como su novela corta La metamorfosis, fueron publicadas en revistas literarias, pero recibieron escasa atención. Escribió cientos de cartas a familiares y amigos cercanos, incluyendo a su padre, con quien tenía una relación tensa y formal. Estuvo comprometido con varias mujeres pero nunca llegó a casarse. Murió a la edad de 40 años en 1924, de tuberculosis, siendo relativamente desconocido.

Su peculiar estilo literario ha sido comúnmente asociado con la filosofía artística del existencialismo —al que influyó— y el expresionismo. Los estudiosos de Kafka discuten sobre cómo interpretar al autor; algunos hablan de la posible influencia de alguna ideología política antiburocrática, de una religiosidad mística o de una reivindicación de su minoría etnocultural, mientras otros se fijan en el contenido psicológico de sus obras. Sus relaciones personales también tuvieron gran impacto en su escritura, particularmente su padre (Carta al padre), su prometida Felice Bauer (Cartas a Felice), su hermana (Cartas a Ottla) y su amiga Milena Jesenská (Cartas a Milena).

Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez se encuentran entre los escritores influidos por la obra de Kafka. El término kafkiano se usa en español para describir situaciones insólitas, por lo absurdas y angustiosas,[8]​ como las que se encuentran en sus obras y tiene sus equivalentes en otros idiomas. Solo algunas de ellas fueron publicadas durante su vida; la mayor parte, incluyendo trabajos incompletos, fueron publicadas por su amigo Max Brod, quien ignoró los deseos del autor de que los manuscritos fueran destruidos.

jueves, 20 de noviembre de 2025

536. ¿QUÉ ES EL MINIMALISMO LITERARIO? CARACTERÍSTICAS Y EJEMPLOS

 


¿QUÉ ES EL MINIMALISMO?

Minimalismo, en su ámbito más general, es la tendencia a reducir a lo esencial (lo útil y lo embellecedor sin decorar de más), a despojar de elementos sobrantes. La frase que resume la filosofía minimalista es la famosa «menos es más», atribuida al arquitecto industrial Mies van der Rohe. Es la traducción del término inglés minimalism, puesto que surge en los Estados Unidos a comienzos de la década de 1960, continuando la tradición geométrica estadounidense y reaccionando contra el abusivo predominio de las corrientes realistas, el arte pop por parte de museos y coleccionistas. Esta tendencia supuso la última etapa del reduccionismo propuesto en su día por Kazimir Malévich, por los constructivistas rusos y por el movimiento artístico De Stijl.

De Stijl ('El Estilo', pronunciado [də ˈstɛɪl]) era un movimiento artístico cuyo objetivo era la integración de las artes o el arte total, y se manifestaban a través de una revista del mismo nombre que se editó hasta 1931. Constituido en Leiden, Países Bajos, en 1917, pertenecían a este movimiento Vilmos Huszár, Cornelis van Eesteren, Antony Kok, Piet Mondrian, Bart van der Leck, Gerrit Rietveld, Jacobus Johannes Pieter Oud y Theo van Doesburg.[

El minimalismo queda más claro si se explica que minimalismo en realidad quiere decir minimismo. El término inglés «minimal» (equivalente al español mínimo) fue utilizado por primera vez por el filósofo británico Richard Wollheim en 1965 para referirse a las pinturas de Ad Reinhardt y a otros objetos de muy alto contenido intelectual pero de bajo contenido de manufactura, como los «ready-made» de Marcel Duchamp. El término también se aplica a los grupos o individuos que practican el ascetismo y que reducen sus pertenencias físicas y necesidades al mínimo.

💢Cultura

Como movimiento artístico, se identifica con un desarrollo del arte occidental posterior a la Segunda Guerra Mundial, iniciado en 1960.

💢Según la última versión del diccionario de la Real Academia Española (RAE)el minimalismo es una corriente artística que utiliza elementos mínimos y básicos, como colores puros, formas geométricas simples, tejidos naturales, etc.💢

Bajo la premisa «el objeto es el objeto», el minimalismo se vinculará a las corrientes conceptuales que aparecerán inmediatamente después.[1]​

La herencia del minimalismo deviene en una reducción de la actividad del artista y en un aumento de la actividad del espectador, al que pretenden provocar un estímulo intelectual, y es que otra de las características de esta tendencia es la importancia de los aspectos teóricos, resaltados a fin de convertir el arte en herramienta de conocimiento. Este interés por la participación activa del espectador termina derivando en la aparición del «happening», modo representativo en el que el espectador era invitado a participar activamente en la acción artística, quedando abolida la tradicional separación entre creador y receptor.[1]​

💢Características

El estilo minimalista se caracteriza por reducir las obras a lo básico y fundamental, utiliza sólo aquellos elementos mínimos como las líneas. Se utiliza la geometría de las formas, buscando la mayor expresividad con los mínimos recursos.[2]​

Abstracción
Concentración
Desmaterialización
Economía de lenguaje y medios
Geometría elemental rectilínea
Orden
Purismo estructural y funcional
Precisión en los acabados
Reducción y síntesis
Sencillez

💁¿Qué es el minimalismo literario? Características y Ejemplos Por Antonio Martínez

¿Alguna vez has leído un relato que, con pocas palabras, te dejó una impresión más profunda que una novela de quinientas páginas? Esta es la paradoja y la magia de un estilo de escritura que prioriza la esencia sobre el exceso.

Hablamos de una corriente que apuesta por la brevedad y la precisiónSu prosa es directa, despojada de adornos innecesarios. Cada palabra cuenta, y los silencios entre ellas invitan al lector a participar.

Este enfoque no es una simple limitación. Es una elección estética conscienteSe centra en fragmentos de vida, en lo cotidiano, cargando de significado lo aparentemente simple. La filosofía es clara: menos es más.

Frente a otros estilos más ornamentados, esta forma de escritura genera un impacto emocional único. El autor construye el esqueleto de la historia, y nosotros, los lectores, le damos cuerpo con nuestra propia imaginación.


💁Orígenes y Evolución del Minimalismo Literario

Las raíces de esta corriente se hunden en la poesía imaginista de principios del siglo XX. Escritores como Ezra Pound buscaban una precisión extrema, similar al haiku. Creaban imágenes potentes con el mínimo de palabras.



El imaginismo es un tipo de poesía que describe imágenes con un lenguaje sencillo y gran enfoque. Surgió del movimiento modernista en poesía. A principios de la década de 1900, los poetas abandonaron las viejas formas de escribir poemas y crearon un nuevo movimiento de poesía llamado Modernismo . Los poetas modernistas cambiaron el estilo y el contenido de la poesía abandonando la rima y la métrica, entre otras cosas.


Algunos poetas modernistas comenzaron a centrarse en la imaginería de la poesía. En la poesía tradicional, las imágenes se describen con gran detalle con muchas palabras, y luego se vinculan a una idea o tema filosófico. Pero algunos de los poetas modernistas decidieron que la mejor forma de escribir poesía era describir las cosas con pocas palabras y sencillas. Además, muchos de ellos no discutieron explícitamente las ideas y temas del poema.


Tras la Segunda Guerra Mundial, el contexto influyó profundamente. Autores como Ernest Hemingway desarrollaron una forma de narrar objetiva y contenida. Esta manera de escribir reflejaba el trauma sin grandilocuencia.

Samuel Beckett llevó este principio al extremo. Sus obras existenciales demostraron que una historia completa podía construirse con recursos mínimos.

La tendencia continuó en las décadas de 1960 y 1970. Autores como John Barth adoptaron la distancia emocional como herramienta. Finalmente, Raymond Carver consolidó el estilo en la literatura estadounidense.

Su modelo se expandió por todo el mundo, influyendo en generaciones posteriores. Así, a lo largo del siglo, se fue definiendo una voz narrativa única y poderosa.


Principios Fundamentales: Menos es Más

La máxima "menos es más" no es solo un eslogan, sino el corazón mismo de esta corriente artística. Este principio fundamental convierte la economía de medios en una herramienta expresiva poderosa.


💢¿Qué es la narrativa postmoderna?: características y principales autores y obras

Ernest Hemingway lo expresó perfectamente con su famosa teoría del iceberg. Solo mostramos una pequeña parte de la historia, mientras la mayor profundidad queda sumergida.

"Podrías omitir cualquier cosa si eres consciente de aquello que omites, y la parte omitida fortalecería la historia."

Cada palabra elegida adquiere un peso específico. La economía lingüística no significa pobreza expresiva, sino todo lo contrario. Genera múltiples resonancias con menos recursos.

Los silencios y vacíos en el texto funcionan como elementos activos. Invitan al lector a participar en la construcción del significado. Esta es la verdadera magia del arte minimalista.

Existe una diferencia crucial entre simplicidad y simplismo. El minimalismo busca la esencia, no la superficialidad. Crea obras aparentemente sencillas pero profundamente complejas.

Este principio transforma la lectura en una experiencia activa. Nos convierte en co-creadores de la historia que estamos descubriendo.


💢Características Clave del Minimalismo en la Narrativa

Identificar un texto con esta estética es más sencillo de lo que parece. Su estructura posee señales claras. La narración se basa en frases cortas y una sintaxis directa. Este ritmo crea una prosa inmediata y potente.

La economía del lenguaje es fundamental. Cada adjetivo o adverbio debe justificar su presencia. Lo que se omite tiene tanto peso como lo escrito. Por eso, la brevedad no es una limitación, sino una elección estratégica.

Las premisas parecen simples, pero esconden capas emocionalesEl diálogo funciona mediante subtexto. Lo no dicho resulta crucial. El autor emplea una "superficie fría", presentando solo acciones sin juicios.

Existen tres niveles en este estiloEl minimalismo de unidad usa palabras y párrafos breves. El de estilo reduce el vocabulario y simplifica la retórica. El de material limita personajes, exposición y trama.

Esta escritura convierte al lector en un activo participante. Completa los vacíos con su interpretación. El minimalismo literario transforma la lectura en una experiencia colaborativa y profundamente personal.


💢Ejemplos Relevantes en Obras y Autores Minimalistas

Ejemplos de autores minimalistas

Exploremos ahora los autores y títulos que encarnan esta forma de narrar. Raymond Carver se erige como figura central del movimiento. Sus colecciones de cuentos como "What We Talk About When We Talk About Love" establecieron el modelo contemporáneo.

La influencia fundacional de Ernest Hemingway resulta innegable. Obras como "El viejo y el mar" muestran la "narración desnuda" mediante lenguaje sencillo pero cargado de emoción. Cada palabra en esta obra tiene un peso específico.

Amy Hempel domina el extremo de este estilo. Sus relatos condensan universos emocionales en apenas una página. Cormac McCarthy, con "La carretera", presenta un minimalismo postapocalíptico donde dos personajes sin nombre navegan un mundo desolado.

Otros autores relevantes incluyen a Agota Kristof, Ann Beattie y Samuel Beckett. Cada uno aporta su visión única dentro del movimiento. Sus libros ofrecen experiencias literarias distintas pero unidas por la economía expresiva.

Para experimentar directamente este estilo, busque relatos como "Bullet in the Brain" de Tobias Wolff. Estas obras demuestran cómo la brevedad puede generar profundidad. La segunda mención de Raymond Carver confirma su papel esencial en esta corriente.


💢El Minimalismo Literario en los Relatos y Cuentos

El cuento breve se ha convertido en el hábitat natural donde esta corriente narrativa despliega toda su potencia expresiva. Su formato concentrado permite máxima intensidad con mínimo despliegue.

Edgar Allan Poe ya definió en 1842 las bases del cuento moderno. Advirtió contra la "longitud indebida" y defendió que cada palabra debe servir al diseño preestablecido. Esta filosofía anticipaba el minimalismo literario contemporáneo.

Los personajes en estos relatos se construyen mediante acciones y silencios. No necesitan largas descripciones psicológicas. Sus gestos cotidianos revelan universos emocionales completos.

Raymond Carver perfeccionó la técnica de la imagen central. Un objeto simple—un cenicero, un pavo real—organiza toda la historia. Esta imagen guía las asociaciones del lector hacia significados profundos.

La trama aparentemente sencilla esconde dilemas existenciales. Un cuento minimalista transforma lo intrascendente en sustancial. Lo pequeño adquiere dimensiones monumentales.

Esta aproximación convierte fragmentos de vida cotidiana en reflejos de la condición humana. Cada historia breve contiene verdades universales. Los personajes nos muestran que lo esencial puede encontrarse en los detalles más simples.


💢Impacto en el Lector y en la Cultura Literaria

Leer un texto minimalista es como descifrar un mapa de tesoro con pistas sutiles. Cada detalle cuenta, desde un objeto cotidiano hasta un silencio entre diálogos. Esta manera de escribir transforma por completo la experiencia de lectura.

El lector debe convertirse en un detective emocional. Chuck Palahniuk señala que este estilo obliga a ir más despacio, prestando atención a cada palabra. Ya no somos consumidores pasivos, sino co-creadores del significado.

Los vacíos de información son espacios activos que completamos con nuestra experiencia. Por eso, estas historias generan una conexión más personal. La contención expresiva produce una resonancia emocional más profunda que la efusión sentimental.

Existe una paradoja fascinante: textos aparentemente fríos pueden provocar emociones intensas. Esta aproximación ha influido en la cultura contemporánea, estableciendo nuevos estándares de concisión narrativa.

¿Por qué recordamos estas obras mucho tiempo después? Porque participamos activamente en su construcción. Cada vez que releemos, descubrimos nuevas capas de significado. La lectura se convierte en un diálogo continuo entre el texto y nuestra interpretación.


💢Minimalismo Literario vs. Otras Corrientes Narrativas

Comparar el minimalismo con otras corrientes contemporáneas nos permite apreciar la diversidad de respuestas a una pregunta fundamental: ¿cómo narrar? Cada estilo representa una filosofía distinta sobre el arte de contar historias.

Frente al maximalismo de escritores como Thomas Pynchon o David Foster Wallace, que abrazan la abundancia narrativa, el minimalismo elige el camino opuesto. Mientras unos acumulan detalles, otros depuran hasta la esencia.

La relación con el posmodernismo es especialmente reveladora. Muchos escritores minimalistas reaccionaron contra la ironía y complejidad académica de esta corriente. Buscaban una forma más directa de conectar con la experiencia humana.

Por otro lado, aunque comparten territorio temático con el llamado "realismo sucio", se diferencian en su economía extrema. El realismo tradicional describe, mientras el minimalismo sugiere mediante silencios estratégicos.

Estas diferencias no implican superioridad de un enfoque sobre otro. Simplemente responden a distintos objetivos estéticos. Algunos autores incluso transitan entre varios estilos, demostrando que las categorías literarias son más fluidas de lo que parece.


💢Aspectos Críticos y Debates en Torno al Minimalismo Literario

Todo movimiento artístico genera polémica, y el minimalismo no es una excepción. Algunos críticos argumentan que su economía extrema puede resultar empobrecidaConfunde, en ocasiones, la simplicidad con el simplismo.

Surge entonces un debate fundamental. ¿Es esta una elección estética consciente o una limitación disfrazada de virtud? Los factores históricos son clave para entender su auge.

💥La resaca de la Guerra de Vietnam y la crisis energética de los 70 crearon un contexto de trauma y reacción contra el exceso. Se sumó un declive percibido en las habilidades de lectura.

Por eso, muchos ven este estilo como una respuesta genuina a su época. Otros lo acusan de monotonía. Afirman que veces las historias suenan demasiado parecidas.


💥En cambio, sus defensores destacan la maestría requerida. La aparente simplicidad esconde una complejidad técnica considerable. Un autor debe saber exactamente qué cosa omitir.

¿Fue una moda pasajera o un legado duradero? La discusión sigue abierta. Cada obra minimalista invita a este fascinante diálogo crítico.


Minimalismo, en su ámbito más general, es la tendencia a reducir a lo esencial (lo útil y lo embellecedor sin decorar de más), a despojar de elementos sobrantes. La frase que resume la filosofía minimalista es la famosa «menos es más», atribuida al arquitecto industrial Mies van der Rohe. Es la traducción del término inglés minimalism, puesto que surge en los Estados Unidos a comienzos de la década de 1960, continuando la tradición geométrica estadounidense y reaccionando contra el abusivo predominio de las corrientes realistas, el arte pop por parte de museos y coleccionistas. Esta tendencia supuso la última etapa del reduccionismo propuesto en su día por Kazimir Malévich, por los constructivistas rusos y por el movimiento artístico De Stijl.[1]​


El minimalismo queda más claro si se explica que minimalismo en realidad quiere decir minimismo. El término inglés «minimal» (equivalente al español mínimo) fue utilizado por primera vez por el filósofo británico Richard Wollheim en 1965 para referirse a las pinturas de Ad Reinhardt y a otros objetos de muy alto contenido intelectual pero de bajo contenido de manufactura, como los «ready-made» de Marcel Duchamp. El término también se aplica a los grupos o individuos que practican el ascetismo y que reducen sus pertenencias físicas y necesidades al mínimo.



💢Cultura

Como movimiento artístico, se identifica con un desarrollo del arte occidental posterior a la Segunda Guerra Mundial, iniciado en 1960.

Según la última versión del diccionario de la Real Academia Española (RAE), el minimalismo es una corriente artística que utiliza elementos mínimos y básicos, como colores puros, formas geométricas simples, tejidos naturales, etc.

Bajo la premisa «el objeto es el objeto», el minimalismo se vinculará a las corrientes conceptuales que aparecerán inmediatamente después.[1]​

La herencia del minimalismo deviene en una reducción de la actividad del artista y en un aumento de la actividad del espectador, al que pretenden provocar un estímulo intelectual, y es que otra de las características de esta tendencia es la importancia de los aspectos teóricos, resaltados a fin de convertir el arte en herramienta de conocimiento. Este interés por la participación activa del espectador termina derivando en la aparición del «happening», modo representativo en el que el espectador era invitado a participar activamente en la acción artística, quedando abolida la tradicional separación entre creador y receptor.[1]​


Wassily Vasílievich Kandinsky (en ruso: Василий Васильевич Кандинский, Moscú, 4 de diciembrejul./ 16 de diciembre de 1866greg.-Neuilly-sur-Seine, 13 de diciembre de 1944) fue un pintor ruso que también teorizó sobre arte. Es considerado, junto con artistas como Hilma af Klint y Georgiana Houghton, entre otros, como precursor del arte abstracto, abstracción lírica y el expresionismo en pintura.[1]​ Cofundador del grupo de artistas Der Blaue Reiter.

Características

El estilo minimalista se caracteriza por reducir las obras a lo básico y fundamental, utiliza sólo aquellos elementos mínimos como las líneas. Se utiliza la geometría de las formas, buscando la mayor expresividad con los mínimos recursos.

Abstracción

Concentración

Desmaterialización

Economía de lenguaje y medios

Geometría elemental rectilínea

Orden

Purismo estructural y funcional

Precisión en los acabados

Reducción y síntesis

Sencillez


Cerrando el Análisis: Reflexiones Finales para el Lector

La verdadera maestría de escritores como Raymond Carver y Ernest Hemingway reside en su confianza en el lector. Este principio transforma la lectura en una experiencia activa, un diálogo donde nosotros completamos los vacíos.

¿Por qué este estilo sigue vigente? Porque habla de nuestra vida actual. En un mundo lleno de ruido, estas historias desnudas nos recuerdan el valor de lo esencial. Los personajes solitarios reflejan búsquedas universales.

La mejor manera de entenderlo es vivirlo. Te invitamos a buscar cuentos de estos autores. Descubrirás que la prosa más sencilla puede contener las historias más profundas.

Al final, la riqueza de estos textos está en lo que callan. En el iceberg bajo la superficie. Las palabras más importantes son, a veces, las que no se dicen.


          


El minimalismo literario se refiere a la escritura con un enfoque pequeño y específico, generalmente desprovisto de lenguaje florido y excesivamente descriptivo y de historias de fondo. El minimalismo literario da prioridad a la brevedad, permitiendo al lector compensar la falta de verborrea con su imaginación.


El minimalismo se centra en fragmentos de la vida y en el contexto general en lugar de basarse en las convenciones literarias, y a veces se considera un rechazo o una rebelión contra el posmodernismo, una forma de literatura que se basa en convenciones literarias elevadas como la narración poco fiable, las tramas imposibles y la fragmentación.


Algunos académicos -como Robert C. Clark, autor de American Literary Minimalism– sostienen que el minimalismo literario se remonta a los poetas imaginistas de principios del siglo XX. Estos poetas, como Ezra Pound, Stephen Crane y William Carlos Williams, favorecían un lenguaje preciso y mínimo (como el haiku) en su poesía. En la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, escritores como Ernest Hemingway y Samuel Beckett contaban historias con tramas sencillas y llenas de observaciones objetivas, que se convertirían en el sello del minimalismo literario.


En la década de 1960, la prosa escasa de escritores como John Barth, Robert Coover y William H. Gass continuó la tendencia de los escritores a adoptar una distancia emocional con sus temas. A principios de la década de 1970, este estilo se abrió paso en la literatura estadounidense con Raymond Carver, que introdujo la ficción minimalista en la literatura. Otros autores contemporáneos como Bret Easton Ellis, Amy Hempel y Cormac McCarthy también se asocian al minimalismo literario.


3 Características del minimalismo literario

El minimalismo literario tiene una serie de rasgos distintivos que lo convierten en una forma de escritura reconocible. A continuación se exponen algunas de las características comunes que se observan en las obras del minimalismo literario:


Frases cortas: A diferencia del estilo de escritura maximalista, la literatura minimalista suele basarse en frases cortas que se estructuran de forma muy sencilla.


Menos es más: Los escritores minimalistas tienden a escribir de forma sucinta, sin utilizar excesivamente adjetivos y adverbios. Esta brevedad, tanto en la estructura como en la descripción, da lugar a una obra llena de matices que permite al lector extraer sus propias interpretaciones del texto.

Premisa simplista. Las novelas minimalistas suelen evitar las tramas intrincadas y se centran en temas más emotivos y en el desarrollo de los personajes. Si bien las relaciones entre los personajes pueden tener varias capas, las premisas en sí suelen ser más sencillas.


Raymond Carver

Carver fue un escritor de cuentos que ayudó a popularizar la literatura minimalista en la ficción estadounidense durante la década de 1970.

«A Small, Good Thing» es uno de los relatos minimalistas de Carver que utiliza frases cortas y compactas para enfatizar la gravedad de su narración. What We Talk About When We Talk About Love (1981) es una colección de cuentos de Carver que utiliza un lenguaje económico y una prosa breve.


Ernest Hemingway

The Sun Also Rises (1926) fue la primera novela seria de Hemingway que utilizó frases cortas y diálogos. El viejo y el mar (1952) también se considera un ejemplo de «narración desnuda», en la que Hemingway utiliza un lenguaje sencillo y directo para transmitir al lector una narración breve pero emotiva en este cuento minimalista. Además, In Our Time (1925) es una colección de cuentos de Hemingway que ejemplifica el estilo minimalista. Lee más sobre Hemingway >>


Samuel Beckett

En la obra Esperando a Godot (1953), Beckett crea toda una narrativa existencial con dos personajes que contemplan sus días, mientras esperan que aparezca un misterioso hombre llamado Godot. Al final, Godot nunca llega y su identidad no se revela.


Ann Beattie

La autora de relatos y novelista estadounidense Ann Beattie es conocida por sus frases cortas y su tono práctico, que ofrece una narración concisa mediante un uso económico de las palabras, especialmente notable en su novela de 1980 Falling in Place.


Frederick Barthelme

Barthelme fue un autor minimalista muy conocido por su uso del «realismo K-Mart», un término utilizado para describir las narraciones de la literatura estadounidense centradas en la naturaleza sombría de la experiencia de la clase trabajadora, como medio para explorar los aspectos más mundanos de la vida. Su novela Selección natural (1990) explora la naturaleza derrotada y el cinismo de su principal protagonista masculino y cómo se enfrenta al malestar de la vida cotidiana.




535. Veía hasta las cosas más minúsculas de Raymond Carver (cuento)

 

Raymond Clevie Carver, Jr. (Clatskanie, Columbia, Oregon, Estados Unidos, 25 de mayo de 1938-Port Angeles, 2 de agosto de 1988) fue un cuentista y poeta estadounidense. Es considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX y de la literatura norteamericana.

Estaba en la cama cuando oí la verja. Escuché con atención. No oí nada más. Pero oí eso. Traté de despertar a Cliff. Estaba como un leño. Así que me levanté y fui hasta la ventana. Una gran luna descansaba sobre las montañas que rodeaban la ciudad. Era una luna blanca, cubierta de cicatrices. Hasta un imbécil podría ver una cara en ella.

  Había luminosidad suficiente, de modo que podía ver todas las cosas del jardín: las sillas campestres, el sauce, la cuerda de la ropa entre las barras, las petunias, las vallas, la verja abierta de par en par.

Pero nadie se movía allí afuera. No había sombras amenazadoras. Todo estaba bañado por la luz de la luna, y yo veía hasta las cosas más minúsculas. Las pinzas de la ropa, por ejemplo.

  Puse las manos en el cristal para tapar la luna. Me quedé mirando un poco más. Escuché. Luego me volví a la cama.

  Pero no conseguía dormirme. Daba vueltas en la cama. Pensaba en la verja abierta. Era como un reto.

  Era horrible escuchar la respiración de Cliff. Tenía la boca abierta y los brazos pegados a su pecho pálido. Ocupaba el lado de él y la mayor parte del mío.

  Lo empujé una y otra vez. Pero lo único que hizo fue gruñir.

  Seguí así un rato más, pero al final decidí que no tenía sentido. Me levanté y me puse las zapatillas. Fui a la cocina, hice té y me senté con él a la mesa. Fumé un cigarrillo de los de Cliff, sin filtro.

  Era tarde. No quería mirar la hora. Me tomé el té y fumé otro cigarrillo. Al cabo de un rato decidí salir y cerrar la verja.

  Así que cogí la bata.

  La luna lo iluminaba todo: casas y árboles, postes y tendido eléctrico, el mundo entero. Escudriñé el patio antes de salir del porche. Me llegó una ligera brisa que me obligó a cerrarme la bata.

  Empecé a andar hacia la verja.

  Se oía un ruido en las vallas que separaban nuestra casa de la de Sam Lawton. Miré con suma atención. Sam estaba apoyado con los brazos sobre su valla, en lugar de apoyarse sobre las dos. Se llevó el puño a la boca y lanzó una tos seca.

  —Buenas noches, Nancy —dijo Sam Lawton.

  Yo respondí:

  —Sam, me has asustado. —Pregunté—: ¿Qué haces levantado? ¿Has oído algo? Yo he oído cómo se abría mi verja.

  Él contestó:

  —No he oído nada. Ni he visto nada, tampoco. Habrá sido el viento.

  Estaba masticando algo. Miró la verja abierta y se encogió de hombros.

A la luz de la luna se le veía el pelo plateado. Lo tenía en punta, además. Podía ver su nariz larga, los rasgos de su cara grande y triste.

  Insistí:

  —¿Qué haces levantado, Sam? —Y me acerqué a la valla.

  —¿Quieres ver una cosa? —añadió.

  —Voy, espera.

  Salí y caminé por la acera. Era extraño andar por allí fuera en camisón y bata. Pensé para mis adentros que debía recordarlo luego: cómo recorrí así un trecho, fuera de casa.

Sam seguía atento a un costado de su casa con las perneras del pijama muy por encima de los zapatos marrones y blancos. Tenía una linterna en una mano y una lata de algo en la otra.

  Sam y Cliff habían sido amigos. Pero una noche se pusieron a beber. Y tuvieron unas palabras. Lo que vino después fue que Sam levantó una valla y Cliff otra.

  Fue después de que Sam perdiera a Millie, se casara otra vez y volviera a ser padre, todo en un abrir y cerrar de ojos. Millie había sido buena amiga mía hasta su muerte. Cuando murió sólo tenía cuarenta y cinco años. Un colapso. Le dio cuando entraba con el coche en el jardín. El coche siguió su marcha y llegó hasta el fondo del garaje.


 —Mira esto —dijo Sam, subiéndose las perneras del pijama y poniéndose en cuclillas. Enfocó el suelo con la linterna.

  Miré y vi una especie de gusanos que se retorcían sobre un espacio de tierra.

  —Babosas —aclaró Sam—. Les acabo de echar una dosis de esto —explicó, levantando una lata de algo que parecía Ajax—. Se están adueñando de todo —continuó, sin dejar de mascar lo que tenía en la boca. Volvió la cabeza hacia un lado y escupió algo, tal vez tabaco—. Tengo que seguir con esto; al menos darles batalla. —Dirigió la luz hacia un tarro lleno de aquellos bichos—. Les pongo cebo, y en cuanto tengo un momento vengo con este producto. Las muy putas están por todas partes. Un auténtico crimen es lo que pueden hacer. Mira ahí.

  Se incorporó. Me cogió del brazo y me llevó hasta los rosales. Me mostró los pequeños agujeros en las hojas.

—Babosas —repitió—. Mires donde mires de noche. Les pongo cebo y luego salgo y las atrapo —volvió a explicar—. Un invento horrible, las babosas. Las meto ahí en ese tarro. —Enfocó con la linterna debajo de los rosales.

  Pasó un avión. Imaginé la gente en sus asientos, con el cinturón abrochado, algunos leyendo, otros mirando por las ventanillas el suelo firme.

  —Sam —pregunté—. ¿Cómo están todos?

  —Muy bien —respondió, y se encogió de hombros.

  Siguió mascando lo que estuviera mascando.

  —¿Cómo está Clifford? —dijo.

  Contesté:

  —Igual que siempre.

  Sam dijo:

  —A veces, cuando salgo a cazar babosas, miro hacia vuestra vasa. Desearía que Cliff y yo volviéramos a ser amigos. Mira allí —se interrumpió, y respiró bruscamente—. Ahí tienes una. ¿La ves? Ahí mismo, donde estoy enfocando. —Había dirigido el haz de luz hacia la tierra, debajo del rosal—. Mira esto —señaló Sam.

  Me apreté los brazos bajo los pechos y me incliné hacia donde iluminaba la linterna. La cosa dejó de moverse y movió la cabeza de un lado a otro. Entonces Sam se acercó con la lata de polvo hasta situarse encima de ella, y empezó a espolvorear el suelo.

  —Bichos viscosos —dijo.

  La babosa se retorcía de un lado para otro. Luego se curvó y por fin se quedó estirada y rígida.

  Sam cogió una pala de juguete y recogió con ella la babosa y la echó dentro del tarro.

  —Abandono, ¿sabes? —comentó Sam—. Era necesario. Durante un tiempo las cosas estaban de tal forma que no sabía ni dónde tenía la mano derecha. Seguimos manteniendo las formas en casa, pero ya no hay nada que hacer por mi parte.

  Asentí con la cabeza. Me miró; se quedó mirándome.

  —Será mejor que vuelva a casa —dije.

  —Claro —asintió él—. Seguiré con lo que estoy haciendo y cuando termine me volveré a casa.

  Me despedí:

  —Buenas noches, Sam.

  Él dijo:

  —Espera. —Dejó de mascar. Con la lengua empujó lo que mascaba contra la cara interna del labio inferior—. Saluda a Cliff de mi parte.

  —Así lo haré, Sam.

  Sam se pasó la mano por el pelo plateado como si fuera a asentárselo de una vez por todas, y luego la movió en señal de despedida.

Una vez en el dormitorio, me quité la bata, la plegué y la dejé a mano. Sin mirar la hora, me cercioré de que el seguro del despertador quedaba hacia afuera. Luego me metí en la cama, me tapé con las mantas y cerré los ojos.

 Fue entonces cuando me acordé de que se me había olvidado cerrar la verja.

  Abrí los ojos y me quedé allí, acostada. Sacudí un poco a Cliff. Se aclaró la garganta. Tragó. Algo se le había atravesado y le gorgoteaba en el pecho.

  No sé. Me hizo pensar en aquellos bichos a los que Sam Lawton echaba el polvo de la lata.

  Pensé durante un instante en el mundo exterior a mi casa, y luego ya no tuve más pensamientos, salvo el de que tenía que darme prisa en conciliar el sueño.




En "De qué hablamos cuando hablamos de amor"


Raymond Clevie Carver, Jr. (Clatskanie, Columbia, Oregon, Estados Unidos, 25 de mayo de 1938-Port Ángeles, 2 de agosto de 1988) fue un cuentista y poeta estadounidense.[1]​ Es considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX y de la literatura norteamericana.[2]​

Su obra se caracteriza por relatos de corte minimalista, narrados con un estilo seco y simple, sin concesiones metafóricas,[3]​ en su mayoría ambientados en la región noroeste de los Estados Unidos y protagonizados por personajes de la clase trabajadora o media-baja.[2]​ Carver fue uno de los mayores exponentes del movimiento literario conocido como realismo sucio.[2]​

Biografía
💢Infancia
Raymond Clevie Carver, Jr. nació en Clatskanie, Oregón y creció en Yakima, Washington. Fue hijo de Ella Beatrice y de Clevie Raymond Carver. Su madre era una camarera; mientras que su padre trabajaba en un aserradero en Arkansas, además de ser pescador y alcohólico. Tuvo un hermano llamado James Franklin Carver, que nació en 1943.[4]​ Carver estudió en escuelas de Yakima, Washington. En su tiempo libre, leía principalmente novelas de Mickey Spillane o publicaciones del Sports Afield y del Outdoor Life; también cazaba y pescaba con sus amigos y familiares.

💢Carrera
Después de graduarse en 1956 Carver trabajó con su padre en un aserradero en el estado de California. En junio de 1957, a los 19 años, se casó con Maryann Burk, de 16 años, quien acababa de graduarse de una escuela episcopal privada para niñas. En diciembre de 1957 nació su primera hija: Christine La Rae. Un año después, nació su primer hijo: Vance Lindsay. Para mantener a su familia Carver trabajó como repartidor, conserje, asistente de biblioteca y en un aserradero, mientras que Maryann trabajaba como vendedora, mesera, asistente administrativa y maestra de inglés de escuela secundaria.[5]​

Carver se interesó en escribir mientras asistía a la Universidad Estatal de Chico, por lo que se inscribió en un curso de escritura creativa impartido por el novelista John Gardner, quien se convirtió en su mentor y tuvo una gran influencia en su vida y carrera. En 1961 apareció el primer cuento publicado por Carver: «The Furious Seasons»; el cuento tenía una fuerte influencia de William Faulkner. Carver continuó sus estudios con el escritor de cuentos Richard Cortez Day en la Universidad Estatal de Humboldt en Arcata, California. Durante este período se desempeñó como editor de Toyon, la revista literaria de la universidad, en la que publicó varias de sus propias historias bajo su propio nombre y bajo el seudónimo de «John Vale».

A mediados de 1960 Carver y su familia se mudaron a Sacramento, California, en donde el escritor trabajó brevemente en una librería antes de ocupar un puesto como conserje nocturno en un hospital. Dio clases en la Universidad Estatal de Sacramento y talleres con el poeta Dennis Schmitz. Carver y Schmitz pronto se hicieron amigos, y Carver escribió y publicó su primer libro de poemas («Near Klamath») con la ayuda de Schmitz.

En 1967, su cuento «¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?» apareció en la antología anual Best American Short Stories de la escritora Martha Foley. Tras un viaje a Israel en 1968, Carver se trasladó a San José, California, junto con su familia. En esa época Carver conoció a Gordon Lish, quien sería en el futuro su editor y quien trabajaba al otro lado de la calle de Carver. Después de la publicación de su cuento «Vecinos» en la revista Esquire gracias a Lish, Carver comenzó a enseñar en la Universidad de California en Santa Cruz. Para mantener a su esposa y a sus dos hijos, Carver aceptó trabajos temporales pobremente remunerados. Su primera colección de cuentos, «¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?», se publicó en 1976; la colección fue preseleccionada para el Premio Nacional del Libro.[6]​

💢Relación con Tess Gallagher
Después de haberle sido infiel a su esposa y de haber abusado físicamente de ella, Carver tuvo que ser hospitalizado tres veces entre junio de 1976 y febrero —o marzo— de 1977 debido a su alcoholismo, provocando daños irreparables en su primer matrimonio.[7]​[8]​[5]​ Carver comenzó entonces lo que él llamó su «segunda vida», por lo que dejó de beber el 2 de junio de 1977, con la ayuda de Alcohólicos Anónimos.[5]​ Si bien el escritor continuó fumando marihuana con regularidad y luego experimentó con la cocaína, Carver creía que habría muerto de alcoholismo a la edad de 40 años si no hubiera superado su consumo de alcohol antes de tiempo.

En noviembre de 1977 Carver conoció a la poeta Tess Gallagher en una conferencia de escritores en Dallas, estado de Texas. Gallagher recordó más tarde que se sintió «como si mi vida hasta entonces hubiera sido simplemente un ensayo para conocerla».[9]​ A partir de enero de 1979, Carver y Gallagher vivieron juntos en El Paso, estado de Texas, en una cabaña prestada cerca de Port Ángeles, estado de Washington y en Tucson, estado de Arizona. En 1980 los dos se mudaron a Siracusa, estado de Nueva York, en donde Gallagher fue nombrada coordinadora del programa de escritura creativa de la Universidad de Siracusa; Carver enseñó como profesor en el departamento de inglés. Él y Gallagher compraron conjuntamente una casa en Siracusa. En los años siguientes, la casa se hizo tan popular que la pareja tuvo que colgar un cartel afuera de la casa que decía: «Escritores trabajando», para que los dejaran tranquilos. Finalmente, en 1982, Carver y su primera esposa, Maryann, se divorciaron.[8]​

En 1988, seis semanas antes de su muerte, Carver y Gallagher se casaron en Reno, estado de Nevada.

💢Fallecimiento
El 2 de agosto de 1988 Carver murió en Port Ángeles, estado de Washington, de cáncer de pulmón a la edad de 50 años. Ese mismo año, fue admitido en la Academia Estadounidense de Artes y Letras.[10]​ Fue enterrado en el cementerio Ocean View en el mismo lugar en el que pereció.

Como indicaba el testamento de Carver, Gallagher asumió su patrimonio literario.[5]​

💢La polémica Lish
En 1998, diez años después de la muerte de Carver, un artículo en la The New York Times Magazine suscitó polémica al alegar que su editor Gordon Lish no solo dio consejos a Carver, sino que reescribió párrafos enteros de sus cuentos, hasta el punto de cambiar el final de ciertos de ellos innumerables veces. En el caso de los relatos del libro «De qué hablamos cuando hablamos de amor», Lish llegó a reducir a la mitad el número de palabras originales y reescribió 10 de los 13 finales de los cuentos del libro. Por ejemplo, el cuento «Diles a las mujeres que nos vamos», gana una dimensión más abstracta en manos de Lish, quien suprime las relaciones de causa y efecto que llevan a dos adultos a matar a dos adolescentes, y añade torpeza, profundidad y silencio donde antes había — según el autor del artículo— demasiadas palabras.

Es notable también el caso de «Parece una tontería» —cuento con el que Carver ganó el Premio O. Henry en 1983—. La versión original del relato sobre un niño en coma se ve reducida a la mitad, tiene el título cambiado a «El baño» y la muerte del niño al final de la versión de Carver se convierte en un final abierto, en donde el lector no sabe si el niño vive o no. «El baño» fue publicado en «De qué hablamos cuando hablamos de amor» (1981) y «Parece una tontería» vio la luz posteriormente en «Catedral» (1983).[11]​

💢Estilo
Los críticos asocian los escritos de Carver al minimalismo, y le consideran el padre de la citada corriente del «realismo sucio». En la época de su muerte, Carver era considerado un escritor de moda, un icono que América: «No podría darse el lujo de perder», según Richar Gottlieb —entonces editor del The New Yorker—. «Sin duda era su mejor cuentista, quizá el mejor del siglo junto a Chéjov», en palabras del escritor chileno Roberto Bolaño.

💢Obra
Cuentos
1976: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (Will You Please Be Quiet, Please?)
1977: Furious Seasons and Other Stories
1981: De qué hablamos cuando hablamos de amor (What We Talk About When We Talk About Love)
1983: Catedral (Cathedral)
1988: Tres rosas amarillas (Elephant and Other Stories)[n. 1]​
2001: Si me necesitas, llámame (Call If You Need Me)[n. 2]​
2009: Principiantes (Beginners)[n. 3]​
Poesía
1968: Near Klamath
1970: Winter Insomnia
1976: At Night The Salmon Move
1985: Where Water Comes Together with Other Water
1986: Ultramarine
1989: Un sendero nuevo a la cascada (A New Path to the Waterfall)
Miscelánea
1983: Fires: Essays, Poems, Stories
1991: Sin heroísmos, por favor (No Heroics, Please: Uncollected Writings)
Antologías
1988: Where I'm Calling From: New and Selected Stories
1990: Carver Country. Con fotografías de Bob Adelman.
1993: Short Cuts: Vidas cruzadas (Short Cuts: Selected Stories)
1996: Todos nosotros (All of Us: The Collected Poems)
2009: Collected Stories
Guion cinematográfico
1985: Dostoyevski (en colaboración con Tess Gallagher)
Filmografía sobre Carver
1990: Jerry and Molly and Sam (adaptación del cuento homónimo, dirigida por Jonathan Sinaiko)
1993: Shortcuts (adaptación de nueve cuentos y un poema de Carver, dirigida por Robert Altman)
2004: Everything Goes (adaptación del cuento «Why Don't You Dance?», dirigida por Andrew Kotatko)
2006: Jindabyne (adaptación del cuento «So Much Water So Close to Home», dirigida por Ray Lawrence)
2014: Birdman (película en donde la obra de Carver tiene un peso en la trama, dirigida por Alejandro González Iñárritu)
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