Capítulo 2
En Colonia
Esperanza
La Provincia de Santa
Fe, asiento de la primera ola de la inmigración junto a Entre Ríos, es rica en
historias de antepasados y cuenca fértil para la imaginación.
Según lo narró para el diario La Nación el escritor Alejandro Gorostiaga, en Esperanza en el año 1867 se celebró el primer matrimonio civil argentino entre contrayentes de diferentes cultos, cuando la Iglesia Católica consideraba la unión vivir en pecado… ¿cual fue el desencadenante?
En el año 1862 y en el auge de la inmigración, el alemán Alois Tabernig viudo y católico practicante, que había llegado a Esperanza, instaló una herrería cercana al templo católico. Algunos colonos que iban a misa los domingos tenían la costumbre de dejar allí sus arados y herramientas necesitados de reparación, mientras asistían al servicio religioso.
En el tiempo, Alois (Luis)
se enamoró de una mujer de Esperanza, Magdalena Moritz y le propuso matrimonio.
Sin embargo la pareja, aunque dispuesta al enlace debió enfrentar una inesperada
situación.
El cura se opuso a
celebrar la ceremonia porque él era católico y ella protestante, declarando que
solo los casaría si la novia abjuraba de su fe. Propuesta rechazada por ella y
su familia.
Otra versión de la
historia, más benévola, dice que la negativa del cura a casarlos, se debía más
al encono que sostenía con el herrero por los martillazos incesantes sobre el
yunque que lo molestaban cuando estaba celebrando misa.
Acontecía el año 1867 y en la Nación aún no existía el
Registro Civil ni un Código Civil que legitime el acuerdo matrimonial entre contrayentes
de diferentes cultos, porque la Iglesia de Roma lo prohibía al considerarlo
vivir en pecado.
Pero el novio,
enamorado no quería perder a la novia y en vano le rogó al cura, quien tampoco
hizo caso a los vecinos que terciaban a favor del herrero por su carácter
jovial y su inteligencia como fabricante de arados.
Alois, al recordar en
su país una arcana costumbre alemana, logró que el Municipio le autorice
plantar un árbol en la plaza del pueblo, lejos de las iglesias católica y protestante,
y en una de sus ramas colgó un letrero con una leyenda que decía: “Árbol de la
Libertad”.
Luego invitó a todos
los vecinos, previo acuerdo con los familiares de la novia, a reunirse el
domingo por la tarde en la plaza, informando que se tratarían asuntos
importantes para la colonia.
El pueblo, curioso, el
domingo se acercó a la plaza y a las cinco y media de la tarde apareció Alois
con traje festivo llevando a la novia tomada del brazo.
Se acercó al árbol, se
subió a una tarima y contó a todos las razones de la Iglesia que no les
permitía unirse en matrimonio.
Y reclamó a los
presentes sean testigos de que tomaba por esposa a Magdalena, asegurándole
considerar legítimos los hijos que nazcan de la pareja. Reservándose además el
derecho, por ser católico practicante, de celebrar el acto en la iglesia en
cuanto el cura así lo considere.
Al día
siguiente el sacerdote temeroso de que la actitud cunda en otros feligreses, se
presentó en casa de los novios para notificarles que estaban en pecado mortal,
ya que el matrimonio no tenía validez. “Padre: no trate de enemistarme con mi esposa ya que para mí la familia
es lo más importante” le dijo
Alois que, ante el hecho consumado ya no tenía marcha atrás.
Finalmente
el Obispo de Paraná para salvar a su feligrés del pecado, ordenó casen a la
pareja en la Iglesia de Esperanza.
La
unión de Alois y Magdalena es considerada hoy el primer matrimonio civil
celebrado en Argentina, en tiempos que la Iglesia de Roma consideraba que sin
la bendición de un sacerdote, unirse era una falta grave.
La plaza y el sitio que
ocupó el “Árbol de la Libertad” de Tabernig fue declarado “Patrimonio Histórico
Nacional” por la Provincia de Santa Fe.
Sitio que hoy venera el
pueblo de Esperanza y lo recuerda con un árbol al que llaman: el “Árbol de la
Unidad”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario